Nosotros (2)

  29 Marzo 2019

El mundo dual

nosotros-1Hace ya un par de años se estrenaba una obra novel de un director novel. Y dio el campanazo entre crítica y público. Hasta consiguió ser una de las nominadas a la preciada estatuilla del Oscar en varias categorías y se terminó llevando la del mejor guión. Además, le llovieron otros premios por doquier. Se trataba de Déjame salir, una obra del cineasta Jordan Peele.

Digamos que aquella primera obra era una especie de curradísimo remix de varias películas por todos conocidas, como si juntara diversas temáticas de diversas épocas, y con ellas creara una nueva cinta sugerente y muy funcional que cumplía sus cometidos. Terminaba por ser una especie de fábula sociomoral con muy mala leche que coqueteaba con el terror.

Déjame salir pertenece a esta nueva ola de directores de cintas de terror que con una o dos obras estrenadas ya se consagran como nuevos referentes del panorama actual a tener en cuenta. Tenemos a Ari Aster con Hereditary, a David Roger Mitchell con It follows, a Roger Eggert con The Witch y a Peele con su primera cinta que, dicho sea de paso, es de aquellas cintas que el paso de los días no le hace ningún favor. Cuando la volvemos a poner nos damos cuenta de que hacia el final ya resulta un auténtico coñazo. Alguien tenía que decirlo.

Ahora tenemos el estreno de su segunda cinta, nueva prueba de fuego. Y la conclusión es que tanto la primera como la segunda tienen y pecan de las mismas virtudes y los mismos defectos. Nosotros bebe de nosécuantas fuentes para dibujar otro cuento truculento sobre la dualidad del mundo y nuestra sociedad (y nuestro yo, al fin y al cabo) y llevarlo a su terreno tragicómiterrorífico.

En el otro lado del espejo

La acción arranca en un parque de atracciones de la playa de Santa Cruz, en la costa de California, en la que una niña de color se pierde casi voluntariamente y entra en una especie de pasaje encantado en el que tendrá una revelación extrañísima. Todo queda envuelto en un halo de misterio de extraordinario plasticismo en el que no se nos revela nada, pero nos hace pasar un buen mal rato.

Años después, esa misma niña ya es una mujer casada, con dos hijos y un marido que deciden volver a la casa de infancia de ella para estar unos días de vacaciones, aunque ella no parezca muy convencida. La familia va a la playa, a ese mismo parque de atracciones de los años mozos de la protagonista, Adelaide, hacen amistad con unos vecinos un tanto grotescos y sus dos hijas gemelas… hasta aquí todo normal, aunque hay ciertos avisos rupturistas que funcionan como señales de lo que está por venir.

Será durante la noche cuando el terror más físico entre en juego. La familia verá en su jardín a cuatro figuras con intenciones turbias que asaltarán la casa. Se percatarán de que estos cuatro personajes son una familia homóloga a ellos. Tienen los mismos rostros, aunque se comportan de manera muy diferente. Son el espejo de ellos mismos pero teñido de perfidia y maldad sin motivo aparente.

A partir de este punto, la cinta se desarrollará, en parte, como un juego macabro, tremendamente maquiavélico, de gatos y ratones, de cazadores y cazados, que tomará unas proporciones épicas. Será en este juego donde el realizador demuestre su pericia para hacer que la obra funcione mecánicamente a la perfección.

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Peele despliega un universo maldito lleno de giros inesperados, muertes por doquier, referencias cinéfilas, y una estructura argumental limpísima que está construida por capas de realidades diferentes a todos los niveles. También es cierto que un espectador avezado intuirá que, aquí, Peele ha tenido plena libertad para rodar lo que le ha venido en gana después del éxito rotundo de su primera cinta, sin ni siquiera titubear en su mezcolanza de géneros.

Pasamos del thriller paranoide, al terror puro, con constantes escapadas a la comedia gore más bizarra, para rizarlo todo con una especie de misterio sobrenatural que planea sobre toda la película. Y es que si ya enseñaba al mundo que tenía un gran poder de inventiva al engrasar los vaivenes de la trama de Déjame salir, aquí apuesta al no va más en cuestiones de argumento y de género. Todo ello sin que nada parezca salir de su cauce, con una eficacia y un ritmo asombrosos que hacen que el espectador se quede enganchado a su butaca sin poder pestañear, le guste la propuesta o no.

También, y para ser honrados, diremos que es cierto que toda esta montaña rusa de niveles ocultos se puede desmontar fácilmente si uno se para a analizar la lógica de lo que se ha visto en pantalla. Un repaso crítico de la globalidad de su trama echa al traste toda la obra y cuestiona muchos de sus cimientos.

Pero, qué importa eso cuando el pasatiempo de Peele es una especie de diabólica diatriba contra la sociedad fracturada, contra el alter ego maligno que todos llevamos dentro, y contra una lucha de clases plenamente marxista que hace que nos lo pasemos de lo lindo.

Escribe Ferran Ramírez


Más información sobre Jordan Peele:
Déjame salir

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