Destroyer, Una mujer herida (3)

  25 Febrero 2019

Una actriz intacta

destroyer-1La mujer empoderada ha constituido el leit motiv de la filmografía de Karyn Kusama, canalizándolo desde el género en vertientes tan dispares como el cine de deportes —Girlfight (2000)—, el terror —Jennifer’s body (2009) y su obra más reconocida, La invitación (2015)—, y la ciencia-ficción de acción —Aeon Flux (2005)—.

Películas cuyas protagonistas ofrecían nuevas feminidades independientes, fuertes y sucias, alejándolas por completo de las lecturas conservadoras y otorgándoles roles que, en tiempos pasados, serían exclusivamente masculinos de acuerdo con los géneros en los que navega.

En Destroyer aplica este mismo procedimiento habitual en buena parte de su obra, esta vez en los terrenos del cine noir, con Nicole Kidman encarnando a una policía marcada profundamente por sus tiempos de infiltrada en una mafia, cuyos repuntes de actuación en el presente repercuten en ella de nuevo.

Con esta premisa, Kusama revive el cine policial de la década de los 70 con una película de aroma grasiento y salvaje, pero en el que también hay herencias del detective del cine negro en el torturado personaje de Kidman. 

Una mujer en ruinas, inestable y con sus vivencias cicatrizadas en su piel desgastada, constantemente perseguida por unos fantasmas del pasado que motivan su iterabilidad por los distintos escenarios que visita. Antiestética, taciturna y con moralidad dudosa, como el Bogart de los 40 compensa sus carencias con su sentido del deber y del honor, mientras se mueve con el aura de Popeye Doyle, Frank Serpico, Harry el sucio o las heroínas de la blaxploitation.

No cabe duda que Kusama se ha empapado de noir y ha comprendido sus códigos para luego trasladarlos a un universo femenino masculinizado para diluir las fronteras de género, como ya ha hecho en otras ocasiones. Tan notable ha sido su estudio que ha resultado en un film, precisamente, que peca de genérico y previsible, al no ofrecer un desarrollo que se aleje de los tópicos establecidos.

Kusama, además, se excede algo en su propuesta formal, al querer dotar de trascendencia el conjunto con periódicos insertos de planos contemplativos vacíos que ralentizan la acción de una obra que, en realidad, es más simple de lo que se cree. 

Excesivamente regular –es decir, sin sobresaltos entre los parámetros dramáticos en los que se mueve—, con mayor concisión y alguna dosis de humor, Destroyer sobresaldría entre su corrección genérica, sin dejar de lado su irreprochable mayor virtud y sostén: una entregada en cuerpo y alma Nicole Kidman.

Despojada de cualquier recato y pudor, la intérprete nos regala una nueva faceta basculante entre la fortaleza y la vulnerabilidad, entre la dureza y la sensibilidad, con su rostro como testimonio de la falta de compasión. Su visceral creación es lo que insufla entidad a Destroyer y, sólo con ella, se basta para justificar la existencia del film.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna 

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