El candidato (3)

  16 Febrero 2019

Los idus de mayo

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Se podrá tildar a Jason Reitman de muchos aspectos, pero precisamente no es un cineasta adormecido permanentemente en las fórmulas que le dieron un nombre entre el cine independiente más mayoritario de los Estados Unidos en los 2000. Hace unos meses nos traía una comedia dramática dentro de los parámetros que se le dan tan bien con Tully, continuando con esa trilogía no confesa sobre la maduración de la mujer que constituyen Juno (2007) y Young Adult (2011). 

En el mismo año, Reitman abandona su género fetiche y vuelve a coquetear con el drama en El candidato tras sus interesantes, pero algo fallidas, Una vida en tres días (2013) y Hombres, mujeres y niños (2014).

Si bien en las citadas jugaba en los cánones del melodrama y de las historias cruzadas cotidianas respectivamente, esta vez se adentra en el biopic político y el cine periodístico, subgénero inevitablemente revitalizado en la última década dada la enorme penetración de la política en todos los ámbitos y circuitos sociales, fruto de la era de la sobreinformación en la que vivimos.

Reitman escoge, para entender un presente en el que parece resultar imprescindible convertir en dominio público el historial médico de los candidatos para la elección de los ciudadanos, el sonado caso del aspirante a las primarias del Partido Demócrata Gary Hart durante la campaña de 1987. Hart partía como favorito para las presidenciales del siguiente año, pero la salida a la luz de un lío de faldas sacudió el desarrollo de su camino hacia la cima.

La incursión de Reitman se salda con una entretenida cinta que despierta obligatoriamente debates acerca de la moralidad, la privacidad y la ética periodística. Aunque su tratamiento no es banal, sin embargo, resulta algo ligera y pierde en comparación con otras elaboraciones más contundentes y punzantes que ya hemos presenciado anteriormente, no sólo en los tiempos de Alan J. Pakula, sino en trabajos contemporáneos como Los idus de marzo (George Clooney, 2011).

Menos cínica y mordaz que el film de Clooney, Reitman da espacios para la reflexión pero le falta una cierta sutileza en el conjunto, llegando por momentos a rozar lo moralizante con Hart y su visión del papel de la prensa.

Dentro de su corrección, Reitman vuelve a hacer gala de su buen ojo en la elección de actores y pone el ya probado carisma de Hugh Jackman al servicio de un papel que le va como anillo al dedo, en el que su carácter encantador se mezcla con algún que otro matiz más turbio.

Como apoyo está la siempre solvente, aunque desaprovechada, Vera Farmiga, formando una dupla que consigue revalorizar un efectivo film ya visto en otras ocasiones, pero cuyo ejercicio retrospectivo contribuye a entender la impiedad y, a la vez, necesidad de la verdad en este presente tan ávido de información, tanto relevante como intrascendente. Tanto necesaria como morbosa.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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