Verano del 84 (2)

  02 Febrero 2019

Horror nostálgico

summer of 84-1Homenaje a un género en cierto modo subversivo, Verano del 84 (Summer of 84), es la nueva película de los directores de Turbo Kid, los canadienses Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell, también conocidos como KRSS.

Es un thriller nostálgico de terror que protagonizan los adolescentes Graham Verchere (las series de TV The Good DoctorFargo), Judah Lewis (The Babysitter, Demolición) y Caleb Emery (Pesadillas), entre otros, y que nos devuelve a la década de los años 80 y a la cultura de Los Goonies o Lost Boys, y otras películas de horror, tipo las de John Carpenter, que hicieron las delicias de los jóvenes, aunque en este caso el asesino tiene rostro humano (lo que le diferencia de historias con payasos o humanoides homicidas).

Adolescente imaginativo como el que más y adepto a la teoría del complot, Davey Armstrong (Graham Vechere) está convencido de que su vecino, un policía soltero al que el barrio entero adora, es un asesino en serie. De hecho, ayudándole a bajar algunas osas a su sótano, el chico cree ver suficientes indicios como para relacionarle con la desaparición de trece muchachos en el aparentemente tranquilo barrio que comparten en alguna parte de Oregón.

Davey convencerá a sus mejores amigos —el rebelde Eats (Judah Lewis), Woody (Caleb Emery) y el «gafitas» Curtis (Cory Gruter-Andrew)— para que le ayuden a desenmascarar al vecino. Aunque escépticos, los amigos se dedican a hacer rondas de vigilancia, convencidos de que el chico se equivoca. El final sorprenderá a más de un espectador.

Quizá lo más conseguido de la película sea el contexto: un ambiente retro en un barrio residencial tranquilo en apariencia, en plenas vacaciones escolares, es un terreno ideal para proporcionar el misterio que necesita una historia de intriga.

Los protagonistas son simpáticos, como la mayoría de adolescentes tienen una fijación con el sexo y la identidad del asesino es convincente. Las familias, sin excesivos problemas, con jardines cuidados y cenas de barbacoa, tienen que enfrentarse a la violencia, la perversidad y el miedo.

Todos nos acordamos de ese verano en el que jugar a la imaginación se empezó a hacer aburrido, y tal vez de ahí viene la nostalgia ochentera de bordes amables: quizá necesitamos reescribir el pasado para creer que aquel entonces nos enfrentamos al monstruo, y fuimos alguien.

Es una impresión metanarrativa que tal vez sus tres directores no buscaban, pero que a la larga acaba propulsando este misterio un poco más allá que otros, saliendo de la pose y el bonito envoltorio.

Aquellos años fueron peligrosos, y de vez en cuando no viene mal un trozo de cultura popular que pueda recordarlo.

En suma, un filme que gustará a los fans del «revival de los 80» (que no son pocos en la actualidad) y que también pude gustar a un público más amplio que busca emociones fuertes.

Escribe Mercedes Arancibia | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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