Cambio de reinas (3)

  29 Enero 2019

Sacrificio

cambio-de-reina-1La película comienza con un primer plano de un niño, el futuro rey de Francia que reinará bajo el nombre de Luis XV, la cámara retrocede y va abriendo campo hasta pasar a un plano general donde la iluminación y el hieratismo de los personajes recuerda a una composición pictórica de la época. Es un recurso similar al que empleó Kubrick en Barry Lyndon y que en este caso sirve para realzar el protagonismo de un niño asustado en un mundo de adultos, un niño que en ese momento se va a convertir por azar del destino en el heredero del trono de Francia. La referencia a Barry Lyndon no es baladí pues estamos hablando de personajes que, salvando sus diferencias de nacimiento, tienen en común estar sometidos a un destino cambiante que no está en sus manos.

En Cambio de reinas (L'échange des princesses, 2017) el escritor y director Marc Dugain, coguionista también junto a Chantal Thomas (la autora del libro en que se basa la película) describen un episodio histórico de alianzas matrimoniales entre España y Francia. Tras los enfrentamientos bélicos entre ambos países, la política internacional trazada por las respectivas diplomacias plantea dos matrimonios: la hija de Felipe V, la infanta Mariana Victoria, una niña de cuatro años, se prometerá con Luis XV de once años; y su otro hijo, de quince años y futuro heredero del trono de España, se casará con la hija del regente de Francia, Luisa Isabel de Orleans, de doce años. Dos bodas para tejer un entramado político que apacigüe la relación entre las dos potencias.

Las vidas de las dos protagonistas, una niña y una adolescente, se verán alteradas por decisiones que están por encima de ellas, teniendo que trasladarse a las cortes reales de sus prometidos.  A partir de ahí, a pesar de sus decisiones individuales (la niña española acepta su papel en Francia y la adolescente francesa se opone a su nueva vida en la corte de Felipe V) sus vidas están en manos de Reyes, futuros reyes, diplomáticos y familiares que dictan los destinos de su futuro. Piezas de un engranaje político y diplomático que les supera, el único camino que les queda es adaptarse en la medida de lo posible al papel que se les ha otorgado.

Para reforzar esta idea, Cambio de reinas exhibe un revestimiento formal en el que se reproduce el ceremonial de la Corte que funciona como un rígido contenedor de unos personajes que no tienen capacidad de reacción frente a la estricta norma que dictan las circunstancias históricas en cada momento.

La escenografía, el vestuario, la fotografía y la música reproducen el modus vivendi de los dos entornos en que se mueven las protagonistas. Incluso en el único momento en que las dos futuras reinas se encuentran, el acto está revestido de un ceremonial que impide el contacto, limitándose a unas meras inclinaciones de cabeza y reverencias. Una teatralidad que funciona como un ritual en el que los sentimientos personales quedan apartados frente al rigor del procedimiento formal.

Podría parecer que esta reproducción escenográfica de la nobleza a través de la visualización de las estancias de palacios, castillos y cancillerías convierte el filme en un análisis riguroso de este acontecimiento histórico que se vivió entre ambas potencias; sin embargo, bajo esa capa de belleza escenográfica con que Dugain va engarzando las diferentes escenas, la película se orienta más al retrato de las vivencias interiores de los dos personajes femeninos que a la disección histórica del hecho.

De esta forma, entre los recargados ropajes y pelucas, la cámara permanece atenta a los rostros, intentando captar el sentimiento interior de unos personajes que no terminan de entender la responsabilidad que recae sobre ellos. La presencia constante de los ojos de las dos protagonistas mirando a la cámara es la pregunta, sin respuesta, que ambos personajes se hacen sobre cuál es su papel en esa estrategia de alianzas que se ha ido construyendo alrededor de ellas.

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Por debajo de la recreación histórica, las escenas más decisivas son aquellas en las que los personajes afloran sus sentimientos más íntimos como podemos ir viendo en la descripción de la relación cambiante entre el heredero del trono español y su prometida, Luisa Isabel de Orleans o la relación de la pequeña infanta Mariana Victoria con las mujeres de la corte francesa frente a la frialdad de trato que recibe del joven Luis XV.

Esta apuesta por las vivencias personales del cuarteto afectado por las grandes decisiones de la política exterior provoca que la película derive más hacia el drama íntimo; un drama asentado en ambas cortes, francesa y española, descritas como lugares cerrados, claustrofóbicos, que ahogan los sentimientos individuales de cada persona; una estructura de poder en declive que va asentando las bases para las posteriores revoluciones burguesas.

La película introduce una reflexión sobre el poder y la muerte (una muerte que está presente en los personajes y los acontecimientos que los rodean) y algún apunte sobre la homosexualidad, pero ambos aspectos no terminan de imbricarse en el discurso final del filme, quedando como elementos deslavazados en el relato.

El título español, Cambio de reinas, sirve para introducir un símil ajedrecístico, dos piezas en una partida de juego que finalmente resultan intrascendentes por lo que son sacrificadas para que ese juego pueda tener continuidad por otras piezas que son las que realmente mueven los hilos  de la partida. Los personajes de Mariana Victoria y Luis Isabel de Orleans, intercambiadas para un fin concreto y desechadas posteriormente cuando ya no son útiles, representan la inocencia y el sacrificio personal frente a la estrategia de la gran política de unas realezas en declive.

Un interesante acercamiento a un episodio histórico mediante un relato de ficción que descarta el análisis fidedigno para centrarse en las consecuencias más directas que recaen sobre unos personajes, educados para tal fin, pero que no son conscientes de cómo deben afrontar su cometido.

Escribe Luis Tormo  

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