Apuntes para una película de atracos (4)

  13 Diciembre 2018

«Todo lo que tengo que ofrecer soy yo mismo»

apuntes para una pelicula 1Chris Marker dijo: «Al contrario de lo que la gente dice, usar la primera persona en las películas tiende a ser un signo de humildad: todo lo que tengo que ofrecer soy yo mismo». Ello se puede aplicar perfectamente a Elías León Siminiani y su cine, un cine honesto, directo, humilde y sencillo.

Hace poco hablaba en un texto sobre el filme Entre dos aguas de Isaki Lacuesta y sobre el gran debate entre la ficción, el documental y sus límites. Mi opinión sobre dicho tema es que no hay tal frontera, que las obras cinematográficas se clasifican por comodidad pero que en el fondo no existe una gramática que cumplir. El cine no se hace bien o mal, el cine se hace, el cine es libre.

Apuntes para una película de atracos es para mí un claro ejemplo que prueba la anterior afirmación. Se trata de una obra hecha con total libertad, usando los medios y las formas que Siminiani considera adecuados, necesita o se ha visto obligado a utilizar en cada momento. Es un filme en el que todo vale y donde lo que realmente importa es su contenido y no sus maneras, su estética.

Así, Siminiani usa distintos procesos como son la recreación, la investigación o las entrevistas. Los mezcla entre sí con espontaneidad, acudiendo a uno u otro cuando así lo considera el cineasta o cuando así lo pide la pieza audiovisual. Se hace a su vez patente gracias el montaje que algunas escenas han sido preparadas o interpretadas, y que otras en cambio han sido grabadas de forma improvisada natural.

También encontramos distintas formas que ayudan a contar la historia de Flako, formas como la animación, imágenes de archivo, metraje de películas de cine negro como Rififí o Los peces rojos, fotografías, audios, videos realizados con el móvil del protagonista y planos tomados con diversas cámaras por el propio cineasta.

Pero es precisamente esa falta de estética lo que se convierte en una estética en sí. El amasijo de medios, formas y procesos se convierte en una manera de contar las cosas. Y funciona. Porque lo que se está contando se hace con pasión, ganas, inquietudes y sacrificios.

Vuelvo aquí de nuevo al tema del video-ensayo, a la primera persona que decía Chris Marker. Siminiani nos habla de tú a tú y liga la historia que está contando a la de su propia vida. No puede separar su cine de sí mismo, y por tanto nos pone en perspectiva: quien lo cuenta y desde donde lo cuenta, haciendo así evidente el fuerte elemento subjetivo del que dependen las películas, el director.

Pero además de Elías existe otro sujeto muy poderoso en este filme: el otro, el retratado, el Flako. Y es que de igual modo depende de él la película, tanto el proceso como el resultado final (Si es que las obras artísticas llegan a estar en algún momento terminadas).

El Flako también nos habla en primera persona, se ofrece a sí mismo, sus vivencias, sus recuerdos, sus pensamientos, sus alegrías y sus miedos. Curiosamente, una persona que se tapa la cara ante la cámara se destapa ante el espectador. Está dispuesto a contar, a compartir. Su carisma es espectacular.

Un tema muy importante para ellos dos, para Elías y el Flako, para filmador y filmado, es como lo ve el otro, que piensa de él. Esa inquietud y esas ganas de empatizar es lo que les lleva a lograr un grado de comunicación y conexión casi mágico. Son de clases diferentes, pero lo aceptan y no se dejan contaminar por ello de una forma negativa, y todo eso impregna la obra, llega al público.

Termino hablando de algo que a su vez cobra mucha importancia en la película: el tiempo. Y es que se trata de un proyecto grabado a lo largo de casi cinco años, un periodo de rodaje bastante más extenso de lo normal. Si a ello le sumamos el hecho de que Siminiani también se filma a sí mismo y a los suyos encontramos un bello retrato del paso del tiempo.

Y en el fondo eso es precisamente la función básica del cine: captar imágenes que escapen de esta dimensión, soñar por un momento que hemos logrado burlar a la muerte y alcanzar la eternidad.

Escribe Pepe Sapena 

apuntes para una pelicula 3