La balada de Buster Scruggs (2)

  12 Diciembre 2018

Revival western

la-balada-de-buster-0Siempre que vuelven los hermanos Coen, con nueva película, provocan una especie de ilusión en el espectador que es fan de algunas de sus grandes obras, como Fargo, O’ Brother, Muerte entre las flores, Un tipo serio o El gran Lebowski entre otras. Con estas películas dentro de una filmografía la exigencia se eleva a un nivel difícil de mantener y se cumple esa máxima que decía: lo difícil no es llegar, lo difícil es mantenerse.

Los Coen visitaron el género western con el remake de Valor de ley, y ahora lo vuelven a intentar con La balada de Buster Scruggs, basada en relatos literarios de Stewart Edward White y Jack London, concretamente en dos capítulos, con influencias del western clásico donde el público se reencuentra con directores como Robert Aldrich, John Ford, Anthony Mann, Sam Peckinpah e incluso de Sergio Leone.

Los 6 capítulos de La balada de Buster Scruggs repasan aquellas vivencias y actitudes del lejano oeste, haciendo un recorrido por la frontera entre México y Estados Unidos, la colonización estadounidense, la pena de muerte, la justicia, la condición humana y las clases sociales.  

El primer capítulo, uno de los más interesantes, recurre al humor típico de los Coen, la comedia negra, con diálogos que se acercan al cine de Tarantino, aunque en la violencia escenificada encontramos influencias del cine de Sam Peckinpah sabiendo que Tarantino también hacia homenajes a este tipo de cine.

Los siguientes capítulos —segundo, tercero y cuarto— no conectan al espectador con la pantalla aunque los directores muestran todo su argumentario dramático.

El ladrón de bancos, capítulo dos, con James Franco, es prácticamente prescindible, pues no aporta nada que no sepamos más allá de un revival western, que en resumen es lo que es esta película. El drama de la representación teatral, capítulo tres, con Liam Nesson, viajando por los pueblos utilizando a un tullido filósofo como personaje principal de la obra, sin piernas y brazos, se hace interminable más allá del contenido de sus proclamas donde recita el poema Ozymandias de Percy Bysshe Shelley, la historia bíblica de Caín y Abel, obras de William Shakespeare y el discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln. Y el buscador de oro, capítulo cuatro, con Tom Waits, no merece a apenas mención, el resultado es lamentable.

Y llegamos al capítulo más interesante, el cinco, donde el argumento y la filmación son brillantes en su conjunto. Una joven llamada Alice Longabaugh emprende un viaje en caravana, con sequito incluido, en busca de una vida mejor junto a su hermano. Después de la muerte de su hermano, Alice acepta el matrimonio con Billy, harto ya de dormir en el suelo y de ganarse la vida coordinando caravanas. Billy quiere formar un hogar creando un rancho para su retiro.

La familia, el amor y el colonialismo están presentes en este capítulo, el mejor relato de la película con diferencia. En algunos tramos recuerda a La venganza de Ulzana de Robert Aldrich, en referencia al comportamiento de los indios que provocan un desenlace final cuando el futuro de Alice estaba decidido al lado de Billy. Incluso me atrevería a decir que Mr. Arthur se parece físicamente al personaje que interpreta Burt Lancaster en La venganza de Ulzana.

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Y finalmente el capítulo seis, donde nuestros pensamientos se sitúan en el cine de John Ford, concretamente en La diligencia. No es exactamente igual pero se perciben los extractos sociales de cada uno de los pasajeros de la diligencia como los mostraba también Ford. Y la figura vacía de sentimientos de los cazarecompensas.

La balada de Buster Scruggs no llega al nivel de exigencia que se espera de los Coen, quizás haya sido por el cambio en el proyecto, ya que la historia inicialmente estaba preparada para un formato de serie, pero finalmente los productores de Netflix decidieron hacer una película de dos horas dividida en 6 capítulos.

El estreno en Netflix contribuye a la precariedad del cine contemporáneo donde hay una carencia de ideas y donde hay movimientos para privarnos del placer de ver una película en pantalla grande, algo que nos recuerda a Cinema Paradiso. Todo el ingenio y originalidad, generalizando, se gasta en las series y en el cine de animación, y este último también empieza a tener síntomas de agotamiento… y ahora los Coen en una plataforma digital.

El montaje de los capítulos en un solo metraje perjudica al resultado de La balada de Buster Scruggs, hubiese sido mejor coger uno de los relatos y desarrollarlo para convertirlo en película. Por ejemplo, podrían haber desarrollado el capítulo cinco siendo esta una propuesta coherente y exenta de precipitación impostada.

Pero siguen siendo los hermanos Coen, aunque en esta ocasión solo haya destellos de talento, al menos hay destellos.

Escribe Marcos Sáez

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