HAPPY, UN CUENTO SOBRE LA FELICIDAD (3)

  30 Septiembre 2008
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Título original:  Happy-Go-Lucky
País, año: Inglaterra, 2008
Dirección: Mike Leigh
Producción: Thin Man Films
Guión: Mike Leigh
Fotografía: Dick Pope
Música: Gary Yershon
Productor: Simon Channing-Williams
Intérpretes:

Sally Hawkins, Alexis Zegerman, Eddie Marsan, Andrea Riseborough, Sinéad Matthews, Sarah Niles, Eddie Marsan, Joseph Kloska, Sylvestra Le Touzel

Duración: 118 minutos
Distribuidora: DeAPlaneta
Estreno: Octubre 2008
Página web:  www.deaplaneta.com/
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Una comedia poco convincente
Escribe Lucía Solaz Frasquet

La última película de Mike Leigh, que obtuvo una sonora ovación tras su proyección en la Berlinale 2008, parece que no se estrenará en España hasta después del verano, aunque aquí en Londres la hemos podido ver en mayo. El veterano cineasta británico fue nominado por su trabajo, pero fue la actriz protagonista, Sally Hawkins, quien obtuvo el Oso de Plata a la Mejor Actriz. En el festival de cine se alabó sobre todo la frescura de la cinta.

happy-go-lucky3.jpgQue no comparto esta opinión va a quedar claro dentro de un momento. Si le he dado un tres en lugar de un dos es porque una es generosa y, qué narices, hacer una película cuesta mucho trabajo.

“Happy-Go-Lucky” es un adjetivo que se podría traducir como “despreocupado” o “irresponsable”. Así es el personaje de Poppy (Sally Hawkins) una maestra de primaria treintañera que vive con una amiga en Camden, un popular barrio del norte de Londres. Poppy (que significa “amapola”, un nombre tan apropiado como ridículo) afronta la vida con una imbatible dosis de optimismo y energía. Sin duda, es la maestra perfecta que todos hubiéramos querido tener. En el lado opuesto encontramos a su profesor de autoescuela, Scott (Eddie Marsan), amargado, cargado de prejuicios, torturado por su propio pesimismo y negatividad. También contrasta con la alegre despreocupación de Poppy la actitud de su hermana menor, a la que vemos embarazada, viviendo con su marido en una zona tranquila alejada de la ciudad, controladora, burguesa y convencional.

No voy a desvelar nada más de la trama, entre otras cosas porque no hay mucho más que añadir.

happy-go-lucky1.jpgEn la filmografía de Mike Leigh no abundan las comedias y sorprende, tras la más bien deprimente El secreto de Vera Drake, encontrarnos con una película como Happy-Go-Lucky. No negaré que me reí en algún que otro momento pero, al contrario de lo que afirman algunos, no abandoné la sala con una sonrisa, ni me sentí inspirada y con una fe renovada en el género humano. Desde luego, no me entraron ganas de aplaudir al final. Estaba, más bien, un tanto perpleja.

El cineasta no se aparta por completo del realismo social característico de sus filmes, ni abandona su forma habitual de trabajo, sin guión y basado en la improvisación con los actores. Si bien en otras películas esto ha dado frutos notables (no hay que más que recordar la brillante Secretos y mentiras), me temo que en Happy-Go-Lucky no es así.

En primer lugar, tenemos un guión muy endeble y carente de estructura que no sabemos adónde va. Parece una película montada a base de secuencias que al director le ha apetecido reunir de un modo un tanto caprichoso, pues algunas no vienen al caso ni sabemos muy bien qué pintan ahí. Muchas de ellas ni hacen avanzar la acción ni arrojan luz alguna sobre los personajes. Las escenas con la profesora de flamenco pueden resultar divertidas (si bien estereotipadas), pero no nos aportan nada. A alguien se le pueden ocurrir metáforas que relacionen el espíritu del flamenco con la situación descrita o la personalidad de la protagonista. A mí no me ha sido posible.

Sin embargo, la escena que más chirría por su gratuidad es la del vagabundo. De repente, la acción se para y nos encontramos en otra película. Poppy, en un descampado, de noche y lejos de la ciudad multicolor que hemos visto hasta entonces, entabla una “conversación” con un sin techo. ¿Y para qué? Todavía me lo estoy preguntado.

happy-go-lucky2.jpgEsto nos lleva a la cuestión de la credibilidad y el realismo. A pesar de la expresada intención realista y documental del director, muchos momentos de la película están exentos de esto. Además de la mencionada escena con el vagabundo, nada más empezar la película a Poppy le roban la bicicleta. Su reacción: “¡Oh, no! ¡No he tenido ocasión de despedirme!”. Sí, en esas circunstancias cualquiera de nosotros diría lo mismo.

El Londres que se muestra no es el auténtico, sino una versión más brillante, colorida y limpia. Y uno se pregunta por qué la historia tampoco se desarrolla en la época actual, sino que parece retroceder a principios de los noventa de un modo misteriosamente no expreso. ¡Incluso el clima es constantemente bueno! No hay ni un solo plano con lluvia y bien sabe Dios que en Londres llueve, por muy verano que sea. Finalmente, los comentarios sociales sobre el sistema educativo, la pobreza, el racismo, la violencia o los valores familiares son trillados, superficiales y no están bien integrados en la trama.

El desarrollo de los personajes tampoco es el fuerte de la película. Sus características son tan acusadas (la actitud positiva a toda costa de Poppy, el cabreo perpetuo de Scott), que más bien parecen caricaturas. Todos ellos empiezan y terminan exactamente igual, ninguno cambia, crece o evoluciona. Además, la constante sonrisa de Poppy llega a ser bobalicona y su actitud dicharachera puede resultar fácilmente irritante.
No negaré que encontramos buenas interpretaciones, especialmente a manos de Eddie Marsan y Alexis Zegerman, que encarna a la amiga y compañera de casa de Poppy. Su Zoe es posiblemente el personaje más creíble de la cinta.

Estoy segura de que todos han trabajado muy duro en esta película y es una pena que el resultado no sea más convincente.

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