Durante la tormenta (3)

  05 Diciembre 2018

Búsqueda de identidades

durante-la-tormenta-0El tercer largometraje de Oriol Paulo (Barcelona, 1975), Durante la tormenta (2018), supone una aceptable incursión en el género del thriller, con pinceladas de análisis psicológico. Existe un buen equilibrio en el filme entre la trama principal y las sorpresas y giros argumentales. Hay escenas de terror y misterio, pero al servicio de la narración cinematográfica, sin efectismo.

Durante la tormenta nos lleva a plantearnos varias cuestiones en la línea de los trabajos de Christopher Nolan, como Origen (2010) o Interstellar (2014), y el teatro shakespeariano: ¿cuáles son los límites entre pasado, presente y futuro?; ¿podemos modificar lo pretérito?; ¿cómo influyen las acciones antiguas en nuestro devenir vital?; ¿nos conocemos a nosotros mismos y conocemos a los demás?; ¿cuál es nuestra esencia?

Un indudable acierto de la película radica en ubicar de forma acertadísima la referencia cronológica del pasado, de donde parten las diversas peripecias fílmicas: el 9 de noviembre de 1989. Día clave para Europa y el mundo. La caída del Muro de Berlín. Jornada que marca múltiples transformaciones a nivel internacional.

En una urbanización española, una tormenta eléctrica desatará la tragedia. Los cambios en el vecindario. Nico, un niño aficionado al rock, descubrirá un crimen frente a su domicilio y, al intentar huir del presunto asesino, Ángel (Javier Gutiérrez), encontrará la muerte bajo las ruedas de una furgoneta. Su mejor amigo, Aitor, contempla impresionado el cadáver. Por medio de flashback retornaremos a esa época de finales de los 80, que está ambientada de manera muy convincente: las ropas, los coches, la música, los aparatos de vídeo. Apreciamos la huella de Spielberg en algunas secuencias y de películas como Super 8 (2011), de J. J. Abrams.

Pasan veinticinco años. 2014. Ya hay DVD, no VHS. La mayoría de los coches tienen aire acondicionado y diésel. Ya no están de moda Chrissie Hynde, Annie Lennox o Cyndi Lauper. Los vaqueros y deportivas han cedido paso a otro tipo de indumentarias. El planeta ha sufrido múltiples modificaciones. Es el presente del relato cinematográfico. Vera (Adriana Ugarte) vive feliz con su marido David (Álvaro Morte) y su hija pequeña Gloria. Residen, aunque ellos al principio no lo sepan, en el chalet que habitaban décadas atrás Nico y su madre. Se trata de un espacio de misterios y secretos, como el Manderley hitchcockniano. Todo es armonía hasta una noche de tormenta. A través de majestuosos planos aéreos y escalofriantes sonidos (que irán apareciendo correlativamente a lo largo de todo el filme), se provocará la conexión de las dos coordenadas temporales, 1989 y 2014, y de los dos personajes protagónicos: Nico y Vera.

El precio de la acción filantrópica de Vera será la eliminación de su estabilidad familiar. «Siempre hay un precio que tienes que pagar», cantaba Enrique Urquijo en una canción ochentera de Los Secretos. Se cambia el pasado con la salvación de Nico, pero eso implica transformar el futuro, es decir, el presente acomodado de Vera en compañía de David y Gloria. Se encuentra sola, aislada, perdida: David no la reconoce y Gloria no ha nacido. Y así inicia la búsqueda de su propia identidad y de los seres que quiere.

La interpretación de Adriana Ugarte resulta extraordinaria y, como ya hiciera en Julieta (2016), de Pedro Almodóvar, demuestra que es una de las actrices más talentosas del cine español. En un personaje arduo, complejo, Ugarte aporta la necesaria credibilidad con sólo la fuerza de su rostro, capaz de reflejar la desesperación y el desamparo de una mujer que se ha quedado sin asideros emocionales. Un papel con muchos vértices, desde la ternura a la angustia, pasando por la valentía y la indignación.

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Si Ugarte sostiene con brillo el peso argumental del filme, conviene señalar que tanto Javier Gutiérrez —en el personaje de Ángel—, como Chino Darín —en la piel del inspector Leyra—, no alcanzan la pujanza artística de su compañera de reparto. Qué lejos se hallan Chino Darín y Javier Gutiérrez de la excelencia de otros trabajos cinematográficos suyos recientes, como La noche de doce años (2018), de Álvaro Brechner, o Campeones (2018), de Javier Fesser. En Durante la tormenta, Gutiérrez no logra transmitir con credibilidad el pavor inherente a Ángel, mientras que Chino Darín cae en cierto esquematismo, con escasa incidencia en las tramas fílmicas, aunque acompañe a Vera en el proceso de resolución de sus conflictos internos.

Por el contrario, Nora Navas está magnífica en el papel de Clara, totalmente deslumbrante. Nos recuerda al ama de llaves (Judith Anderson) en Rebeca (1940), de Alfred Hitchcock. Inspira pánico y suspense desde su primera aparición. Con ingenio, Paulo logra concentrar en Clara buena parte de la incertidumbre de la película: la ocultación de la verdad que ha marcado la vida en la urbanización.

La filmografía de Hitchcock se articula como un referente indiscutible del filme, no sólo en el personaje de Clara, también en la simbología de los relojes, el columpio, la cajita de música. Todos estos elementos vienen a reforzar la nostalgia y el intercambio constante de tiempos. Y la introspección metafísica. ¿Qué recuerdos son los verdaderos de Eva: los de su hija y David, o los que le propone el inspector? ¿Cuál es la verdadera realidad: lo material o lo imaginado? Sancho Panza propuso el neologismo de baciyelmo para conciliar dos fuerzas humanas: la que se aferra a lo que se ve y la que se inclina por lo onírico. En Durante la tormenta, recae en el espectador la responsabilidad de otorgar la primacía a una u otra dimensión o, como planteó el escudero cervantino, equilibrarlas.

Precioso es el homenaje implícito que lleva a cabo el filme de Oriol Paulo a un hito de la ciencia ficción de los años 80: Regreso al futuro (1985), de Robert Zemeckis. Homenaje en la temática con la audaz mezcla de tiempos, en la recreación de esa década, en el gusto por la aventura y las ilusiones. Y tributo explícito en la escena del reloj destrozado por el rayo, que en un marco metafórico transmite la imposibilidad humana de discernir entre tiempos, y la posibilidad de considerar cualquier época como un continuo existencial.

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Las referencias al cine de Zemeckis no acaban aquí, pues encontramos varios guiños a Náufrago (2000): Vera y David asisten a la proyección de esta película en su noviazgo, y en el personaje de Aitor, piloto de aviones que cumple con su labor pese a las adversas condiciones meteorológicas, hay cierta impronta del filme de Zemeckis (al igual que en dar protagonismo a la tormenta para desencadenar las tramas cinematográficas).

Dentro de la filmografía española, el cine de Amenábar, fundamentalmente el Amenábar de Abre los ojos (1997) y Los otros (2001), irradia en diversos momentos de Durante la tormenta. Jóvenes que buscan su identidad, familias desestructuradas, pasados turbios, indagaciones desesperadas.

La paralela historia literaria, que encabeza Belén Rueda en el papel de profesora Sardón, no aporta casi nada significativo a la película, provocando un retorcimiento del guion, que en algunos pasajes, sobre todo en la última media hora del largometraje, se percibe algo forzado. Estimamos excesiva la reiteración de imágenes y diálogos que, más que aclarar los sucesos dramáticos, entorpecen la fluidez discursiva.

El desenlace romántico es predecible, pero posee alcance poético. El amor que nos salva. El amor que nos mantiene vivos. Otro honesto homenaje al cine clásico de Capra o Wilder. Y que nos hace pensar en el verso de la canción Flor de loto (1994), de Héroes del Silencio: «¿Querrás tú rectificar las líneas de mis manos?». La disyuntiva entre vida y sueño de Calderón de la Barca, entre realidad y ficción de Cervantes, mantiene su latido en esta digna película de Oriol Paulo, con una excelsa Adriana Ugarte, pero con lagunas en personajes e intrigas.

Escribe Javier Herreros Martínez

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