Malos tiempos en El Royale (2)

  01 Diciembre 2018

Muchos guiños, brillantez visual y poco fondo dramático

malos-tiempos-royale-1La mezcla de thriller y comedia negra, yo diría también drama y algo de terror, coqueteando con la violencia casi gore, en un contexto actual, daría como resultado Tarantino. Pero no, en este caso el director es Drew Goddard, el director de Malos tiempos en El Royale, segundo largometraje después de La cabaña del bosque, opera prima que tuvo una buena acogida en la farándula cinematográfica.

El escenario elegido por Drew Goddard, director y escritor de esta película, es El Royale, un hotel venido a menos donde se encuentran siete desconocidos con intimidades cuestionables que serán retratadas a lo largo del metraje. La noche puede ser un aliado o un enemigo hasta que todos tienen la oportunidad de redención… eso o el infierno.

Con este argumento, Drew Goddard arma un relato donde una estructura narrativa con todo tipo de planos excelentes adornados con encuadres del cine de otra época. Cada personaje esconde un pasado que conecta a la película con su parte más dramática. Malos tiempos en El Royale, en el fondo, es un drama social centrado en los Estados Unidos de los sesenta donde se sucedían acontecimientos como el asesinato de John F. Kennedy, la entrada en el poder de Nixon y la guerra de Vietnam. La depresión americana de esta década influye directamente en los personajes que Drew Goddard utiliza en esta película. 

Pero la proporcionalidad escogida por el director en relación a los géneros penaliza la parte dramática y también penaliza negativamente en la valoración de la película. Las alusiones a la administración Nixon y la guerra de Vietnam son escasas, se reducen al pasado del recepcionista del hotel —había luchado en la guerra de Vietnam—, las dos apariciones de Nixon en la televisión del hotel y la mención J. Edgar Hoover. Con estos detalles, Goddard pretende justificar el comportamiento de sus personajes en una sociedad en depresión debido a los acontecimientos, sin dejar de lado la religión, muy presente en la obra del director donde los códigos morales que emanan de la religión influyen en nuestro comportamiento negativo.

Una mayor relación entre estos acontecimientos y los personajes habría conectado más al espectador con los aspectos sustanciales y más cuando se intenta hacer un paralelismo con la administración Trump en clave de advertencia para no caer en los mismos errores que se cometieron bajo la administración Nixon, como por ejemplo el sistema de escuchas (caso Watergate) o el intento de control de la prensa y a su vez la libertad de expresión.

Sin embargo, la película ofrece más entretenimiento que compromiso dramático ya que el director se deja llevar por una buena filmación de planos, el comportamiento siniestro de los personajes, el suspense y algunos sustos que atraen la atención del espectador, la música y lo guiños al gran cine.

Hay planos dentro del hotel que son excelentes, como ese pasillo con ventanas que descubre Jon Hamm (Don Drapper en la serie Mad Men), desde donde se pueden observar las intimidades de los personajes en un ejercicio de voyerismo que recuerda La ventana indiscreta de Hitchcock. También los encuadres de la cámara y el movimiento de la misma son excelentes. La utilización de los saltos en el tiempo (flashbacks y flash-fowards) dotan al filme de una calidad narrativa y visual muy aceptable.

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Con respecto a los guiños o influencias, como se quiera llamar, que Goddard hace en Malos tiempos para El Royale se observa la presencia de Quentin Tarantino en algunos planos, planos que a su vez el mismo Tarantino ya cogía de directores como Alfred Hitchcock, Sam Peckinpah o John Ford, entre otros. Goddard se acerca al cine genuino de Tarantino en la construcción de los personajes y sus diálogos. En la filmación de planos y otros aspectos la influencia podríamos decir que se extrae de los directores originales.

La puesta en escena tiene similitudes con La cabaña del bosque: en su segundo film, la acción se desarrolla en un hotel con siete personajes principales, y en el primero, acontece en una cabaña donde cinco estudiantes universitarios pasan el fin de semana. El director se siente fascinado con los espacios cerrados con claras influencias de algunas películas como Los odiosos ocho (Tarantino) o La soga (Hitchcock). Estas influencias se perciben en relación a los espacios cerrados donde se desarrollan los personajes, pero también existen otras extraídas de películas como La ventana indiscreta (Hitchcock), en relación al voyerismo y la curiosidad humana haciendo un paralelismo con la curiosidad de sienten los artistas, necesaria, para crear sus propias obras.

Y siguiendo con las influencias, encontramos muchos planos que aparecen en las películas de Tarantino, como los encuadres de puertas hacia el exterior dentro de un plano, pero no nos engañemos, esto ya lo hacía John Ford, por ejemplo en Centauros del desierto, por ello es mejor decir que la influencia es de John Ford, mejor el original que la copia.

Las verdaderas influencias de Tarantino pueden venir del acercamiento a la violencia y la comedia negra, pero, otra vez, Sam Peckinpah también utilizaba la violencia y Tarantino también bebía de ahí: nuevamente mejor el original que la copia. Entonces sólo nos queda la comedia negra con todas estas influencias, y ese es el cine de Tarantino. Comedia negra que mezcla influencias de grandes directores con diálogos genuinos, siempre escondiendo un drama detrás de la cortina.

Malos tiempos en El Royale, una película portentosa visual y narrativamente, con muchos guiños a los grandes del cine que carece de su propia capacidad dramática en algunas secuencias privando al espectador del motivo principal de la historia.

Escribe Marcos Sáez

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