La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (2)

  29 Noviembre 2018

Un dulce y romántico pastel

la-sociedad-literaria-1En esta película sólo el pastel de piel de patata resulta prácticamente incomible, pues el resto de componentes del relato se encuentran impregnados de una suave pero consistente capa de azúcar, reclamo para golosos espectadores.

Como algunos alimentos que se disfrutan pero no nutren, podríamos decir que la película entretiene sin excesos para pasar enseguida al olvido. Y no es que el producto no esté bien envuelto y presentado, que lo está, sino que, una vez abierto, su contenido es tan minúsculo que se hace difícil encontrar algo consistente en su interior. 

Y eso  a pesar de la pericia narrativa de un director como Mike Nevell, comprometido  con ese género tan British que combina con notable eficacia drama y comedia. Tras su breve paso por Hollyvood, donde demostró que podía hacer otro tipo de cine con Donnie Brasco, este director de comedias dramáticas de notable éxito comercial (Cuatro bodas y un funeral, La sonrisa de Mona Lisa) retoma la adaptación de una obra literaria sin correr riesgos, como ya hiciera con una de las mejores novelas de Dickens, Grandes esperanzas.

La novela del mismo título, resultado de la colaboración de la fallecida Annie Barrows y su sobrina Mary Ann Shaffer, ya fue un best seller en 2008 cuando su publicación difundió una historia localizada en una desconocida isla del Canal de la Mancha llamada Guernsey, y situada en 1946, un año después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de  un argumento que discurre en forma epistolar entre una joven escritora, Juliet Ashton, y un enigmático isleño, Dawsey Adams, que dice ser miembro del club de lectura que da título a la novela y a su versión cinematográfica. El proyecto, que en principio iba a ser conducido por Kennet Branagh y protagonizado por Kate Winslet, permaneció dormido durante años hasta ser rescatado por Mike Nevell que, como buen artesano y artífice de películas con demostrada calidad formal y competencia narrativa, puso en marcha su maquinaria para fabricar un producto adecuado a garantizar su rentabilidad en la industria del cine.

La receta de combinar un equipo solvente en los aspectos técnicos con una sólida selección de intérpretes funciona como gancho comercial en este filme de resonancias históricas, donde el ambiente y la atmósfera son relevantes para recrear una época que pretende atenuar la dureza de la guerra y sus consecuencias con el amor como paliativo.

El marco histórico acoge una trama donde una carta pone en contacto a una joven autora (Lily James) con un rústico e isleño lector (Michiel Huisman) y propicia el consiguiente viaje de la curiosa muchacha a la pequeña isla, desencadenando los consiguientes obstáculos que ella deberá superar para desentrañar sucesivos misterios escondidos tras un pastel, un cerdo y las vidas de los que integran la secreta sociedad literaria.

El argumento y sus enigmas se desarrollan con un ritmo sosegado y suficientemente medido para que el espectador no pierda el interés y se deleite en los detalles de la cuidada puesta en escena, el vestuario, la luz y la ambientación urbana y rural de aquellos posbélicos tiempos ingleses. Y también para que disfrute de las aéreas y amplias panorámicas de la isla, cuyos acantilados y playas perfilan verdes campiñas,  que publicitarán y promocionarán Guernsey, tanto o más de lo que en su día hiciera la novela.

Lo que no hace la película es aprovechar el estilo epistolar para contar la historia, pues lo que en la novela configura el argumento y sus tramas, aquí es una secuencia más que sirve como punto de partida para iniciar y justificar el argumento del relato. La protagonista, en su papel de escritora de éxito de artículos humorísticos sobre la guerra (Izzy Biskertaff va a la guerra), ve en la curiosa misiva un pretexto para salir de una vida y un trabajo que no le satisfacen y bloquean su actividad creadora.

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Los secundarios de esta primera etapa londinense se ajustan a los clichés del género: Sidney, el editor agobiante pero simpático, representado por Matthew Goode en su papel de siempre, y Mark Reynolds (Glen Powel), el novio americano, oficial ambicioso y dominante, que busca una compañera florero.

Como en el resto de ocasiones, el director deja pasar la ocasión de dibujar un personaje femenino fuerte y consciente de sus derechos, para ofrecer una versión blanda y desdibujada de la mujer a merced de un destino feliz en el amor y la naturaleza. La interpretación de Lily James, sin apenas matices en su uniforme sonrisa, es potenciada visualmente por una cámara que busca el primer plano desde todos los ángulos. El rostro, adecuadamente iluminado para registrar el pálpito de su piel transparente y sensual, viene muy bien para suscitar emociones propias de las heroínas románticas, pero apenas cuenta nada interesante del personaje y su proceso.

El grupo de personajes isleños también participa del carácter tópico de un argumento sin sorpresas ante el que el destinatario puede prever el desenlace, pues se encuentra ante la representación de  una historia que ya forma parte de su imaginario. Entre ellos está, cómo no, Ebem, el gracioso cartero encarnado por el veterano Tom Curtenay, con una actuación intrascendente; la simpática solterona Isola, fabricante de ilegales licores (Katherine Parkinson); la intolerante, fanática y casi racista Charlotte; la cotilla casera de la protagonista. La palma se la lleva el almibarado Dawsey, icono reblandecido del campesino que aspira a amante y coprotagonista de un encuentro amoroso tan predecible como atemperado.

En conjunto, da la impresión de que el propósito del director ha sido no molestar a los espectadores, cómodamente instalados en su zona de confort sin que nada les perturbe. Quizá se salga de esta medianía interpretativa y sentimental el personaje de Amelia (Penélope Whilton) en su rol de madre obsesivamente indignada por la ausencia de su hija y los infortunios de la guerra.

La guerra y sus secuelas de hambre, crueldad y violencia ocupan poco espacio en esta historia, apenas unas pinceladas en alguna secuencia, imprescindible para entender el argumento y desentrañar la trama romántica, auténtico núcleo temático de la película.

Pues es eso lo que se cuenta en fondo y forma mediante un guión que no repara en mostrar la banalidad e inconsistencia de unos temas que se tocan muy superficialmente y siempre subordinados al desarrollo narrativo. Se pasa por encima del poder de los libros y la imaginación creadora como instrumentos de comunicación y transformación de la realidad, de la intolerancia que valora más las ideologías que las personas, del sufrimiento ocasionado por la guerra durante la ocupación nazi, del hambre, exilio, extenuación y muerte que padecieron los habitantes de la hoy idílica Guernsey. 

En resumen, humo romántico y asfixiante para algunos. 

Escribe Gloria Benito

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