The guilty (4)

  27 Noviembre 2018

Contar con el espectador

the-guilty-1Todos sabemos que no es imprescindible disponer de un gran presupuesto, actores consagrados, varios escenarios, bellas localizaciones, ni una impactante banda sonora… para rodar una gran película. Un buen guión y mucho ingenio pueden ser suficientes. The guilty, la película danesa del director sueco Gustav Möller (seleccionada por Dinamarca para los Oscar 2019) es un ejemplo de cine de calidad low cost que encandila. Cine sin accesorios, sobrio y significativo que responde a la máxima minimalista (menos es más) de forma contundente.

Si bien tenemos ejemplos más drásticos para demostrarlo, con un escenario aún más exiguo y un único personaje (como Buried, 2010, de Rodrigo Cortés, o Locke, 2013, de Steven Knight) The guilty comparte con ellas la capacidad de implicar al espectador en el experimento sin menospreciar su inteligencia, aunque utilice algún que otro truquillo. 

The guilty no es una película para espectadores pasivos. No tanto por lo que cuenta, que también, sino por cómo lo cuenta. El gran defecto de mucho cine actual es que está mal acostumbrando al espectador no ya solo a un cine literal, insípido y sin subtexto, sino a un cine cómodo y encorsetado donde el lenguaje audiovisual es cada vez más elemental. Por eso es gratificante, de vez en cuando, sentirse apelado.

La opera prima de Möller que ha conseguido seducir al público de Sundance 2018 y al del festival de Rotterdam 2018 con sendos premios en esta categoría ha convencido también al jurado de la SEMINCI de este año alzándose con el galardón a Mejor Guión. Un habilidoso e intenso guión (nominado también a los Premios de Cine Europeo), escrito junto a Emil Nygaard Albersten, que está basado en una llamada real hecha al 911 por una mujer secuestrada que iba en un coche.

La lectura de la sinopsis no sorprenderá a ningún espectador. Puede que la idea del argumento incluso le suene (un convencional thriller de serie B: Cellular, 2004, partía de una premisa muy similar). Una mujer asustada llama al número de emergencias de la policía. El oficial que recibe la extraña llamada adivina que ha sido secuestrada. A partir de ese momento intentará ayudarla con todos los medios a su alcance excediéndose incluso en el uso de sus funciones para conseguirlo. 

Lo que realmente impresionará al espectador, con lo que no cuenta, es que gran parte del metraje de la película se desarrollará en su mente. Porque como ha dicho el director «…las imágenes más fuertes de la película, las que te cuesta olvidar, son las que no se ven». Esa es en gran medida la apuesta novedosa de este thriller inquietante que consigue mantener el suspense recurriendo a una expresiva puesta en escena y a la voz, como elemento dramático esencial, para estimular la imaginación.

Una planificación calculada y sobria, a base de primeros planos, un único escenario, ausencia de música, pocos personajes y un protagonista opaco (interpretado de forma consistente por Jakob Cedergren, que le ha valido una nominación de la Academia de Cine Europeo a Mejor Actor, premio al que ya concurrió en 2011 por Submarino de Thomas Vintenberg) son los elementos básicos de un astuto guión que dosifica y enmascara la información para crear una atmósfera desasosegante.

En su intención de activar la mente del espectador, The guilty consigue implicarle de dos maneras respecto al conocimiento de los hechos. Por una parte, el espectador sabe menos que el protagonista sobre las circunstancias que le han llevado a esa situación provisional de operador de emergencias. Y por otra, se posiciona en paralelo a él respecto al caso de secuestro que intenta resolver. Dos modos de dirigir su atención para emboscarle en la trama y poder sorprenderle al final.

the-guilty-3

En la primera posición, el espectador se implica en el drama emocional del sujeto, intentando comprenderlo y, por las pistas que va dejando el guión, averiguar la causa que le ha llevado hasta allí. En la segunda, además de la implicación emocional en el angustioso caso, que se desarrolla en tiempo casi real, cada espectador consigue, creando una planificación alternativa en su mente, vivir una experiencia única.     

La película empieza con un encuadre en negro y el sonido de una llamada de teléfono a la que responde una voz masculina. Este primer plano ya nos advierte de que la oscuridad (metafórica) y el sonido (de la voz y del teléfono) van a ser dos elementos significativos. A continuación el plano que pone imagen a esa voz nos presenta al protagonista, Asger Holm, un oficial de policía respondiendo a una llamada rutinaria.

Cuando está a punto de terminar su jornada entra la enigmática llamada de socorro de una mujer, que va en un coche, secuestrada por su propio marido. Asger se implica de inmediato en el caso, movilizando incluso a amigos y conocidos para que colaboren en su resolución, más allá de lo que le corresponde. Una necesidad interior le impulsa a hacerlo. Él, como la mujer que llama, se siente solo, prisionero de una culpa y de una mentira que le asfixian (la escena de su figura a contraluz encerrado en el despacho mientras todos sus compañeros le miran desde el otro lado del cristal es significativa al respecto).

El espectador no descubrirá hasta el desenlace cual es la causa de ese impulso que le conmina a actuar tan imperiosamente, de ese desasosiego interior y cuáles son las connotaciones de este caso que le conectan directamente con su propia redención. El expresivo plano final, con esa puerta abierta literal y figuradamente, da constancia de ello.

Un elenco de jóvenes talentos, muchos de ellos debutantes es sus respectivas categorías, es el responsable técnico y artístico de esta expresiva, sólida y brillante opera prima, que sin ser totalmente original, consigue construir, de forma dinámica, con lo mínimo, una historia de fuerte impacto emocional donde las apariencias engañan.   

Escribe Leo Guzmán

the-guilty-2