Ana de día (3)

  22 Noviembre 2018

La mujer duplicada

ana-de-dia-1Entre las novelas de José Saramago existe una que lleva por nombre El hombre duplicado. Mentiría si dijera que la he leído, pero hoy en día conocemos muchas películas que no hemos visto, canciones que no hemos oido, pinturas que no hemos observado y, en suma, cosas que no hemos vivido. Concretamente sé de la existencia de este texto del autor portugués gracias al film del director canadiense Denis Villeneuve, Enemy. En dicha obra, ligeramente adaptada, se parte de la misma premisa: un hombre se encuentra con su doble, a partir de entonces su vida cambia de forma drástica.

Entre las novelas de Paul Auster existe una que lleva por nombre La noche del oráculo. Esta sí he tenido la suerte de poder leerla. En ella, entre otras cosas, su protagonista trata de escribir una historia que se basa en Flitcraft, un personaje que aparece en El halcón maltés de Hammett y que al sobrevivir tras un roce con la muerte lo abandona todo para inventarse otra vida en otra ciudad. El hecho de darse cuenta de lo azarosa y caótica que es la existencia provoca en este sujeto una huida hacia un nuevo tipo de vida.

En Ana de día, Andrea Jaurrieta parece hacer la simbiosis perfecta entre las dos historias anteriores. Y lo hace con una novedosa y necesaria diferencia: en este caso la protagonista (quién encuentra un doble y emprende una pronta escapada)es una mujer.

La opera prima de Jaurrieta supone pues una interesante reflexión en torno a la mujer, la personalidad, la existencia y la otredad. En este sentido es inevitable encontrar más símiles o evocaciones, esta vez con películas como Cisne negro de Aronofsky, The Neon Demon de Winding Refn o incluso Persona de Bergman.

Estas semejanzas se hacen también patentes gracias a otros elementos. Uno de ellos es el uso de los espejos, algo que dota a las imágenes de mucha fuerza e intención. Y es que cuando observamos nuestro reflejo no solo nos vemos a nosotros mismos, sino que también encontramos al otro, al clon, al doble.

Un segundo elemento sería el uso de la estética como crítica, algo que precisamente estaría ligado con otro aspecto, que es la mujer en sí. En todos estos filmes citados las protagonistas son femeninas, y también en casi todos ellos esos personajes se ven envueltos en una espiral de condicionamientos e imposiciones sociales. Es decir, lo que se espera que ellas hagan como mujeres, parejas, hijas, madres, hermanas, alumnas... Y un largo etcétera.

Y es exactamente contra ello contra lo que se rebelan estas películas. Pero para criticarlo utilizan sus formas, estetizan lo que atacan para demostrar su redundancia y absurdidad. El ejemplo más claro de esto es The Neon Demon, pero las demás también tienen parte de esta actitud.

Todo esto se hace evidente en Ana de día a través de su dirección de arte, de su fotografía, de su vestuario y de su uso del sonido. Destaca lo compositivo de los encuadres elegidos y la estética de las localizaciones que se retratan, así como sus decorados. Los neones, el antro que parece sacado de los años ochenta, el ambiente circense, el vodevil típico del teatro de variedades y una lista que sigue ayudan a crear una atmósfera peculiar, onírica y toxica. Todo ello se ve reforzado por la música y los efectos sonoros utilizados.

Si hay algo que me ha sorprendido gratamente es la interpretación de los actores secundarios. Hay un gran número de ellos que me parecen soberbiamente escogidos y dirigidos. Casi todos ellos tienen una presencia muy natural, logrando una espontaneidad que es difícil de encontrar hoy en día en el cine.

Sin embargo, si atendemos a la dirección de Jaurrieta encontramos un elemento disonante. Es tan solo uno, pero a mi parecer es al mismo tiempo tan gordo que lo que resta es de enorme cantidad. Si estamos atentos veremos como a lo largo de todo el filme seguimos de cerca a su protagonista, Ana. Queda claro entonces que el punto de vista establecido por la directora es de este personaje, siempre estamos con ella.

Pero Jaurrieta solo se salta esta norma una vez: para irse con la dueña de la pensión cotilleando entre las cosas de Ana. En esa escena este personaje descubre varias cosas sobre su inquilina de gran relevancia que influirán en su comportamiento posterior con la misma. Pero se le han visto las costuras a la película, la trampa ha quedado al descubierto.

A pesar de ello, Ana de día supone una interesante opera prima. Es un placer encontrar cineastas noveles que realmente tienen algo que contar, que piensan y quieren hacer pensar. Pero sobretodo es un placer encontrarse poco a poco con más mujeres directoras.

Escribe Pepe Sapena

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