El cascanueces y los cuatro reinos (2)

  19 Noviembre 2018

Intento débil de reimaginar un clásico atemporal

el-cascanueces-0Clara (Mackenzie Foy) se encuentra muy triste por la reciente partida de su madre y no quiere festejar la Navidad junto a su familia. Durante la festividad, todos reciben sus regalos; su padrino, Drosselmeyer (Morgan Freeman), le entrega a Clara el regalo más importante de su vida: un obsequio que le dejó su madre y con el que logrará conocerse a sí misma, pero para abrirlo necesitará una llave.

La protagonista aparece en cierto momento en un extraño y misterioso mundo paralelo en el que descubre que allí ella es una princesa, ya que su madre era la reina y una tremenda inventora.

Recuerda así las palabras de ella: «Eres única y, cuando comprendas eso, lograrás lo que quieras». Eso le da la fuerza necesaria para enfrentar lo que vendrá y en el momento en el que se mira en un espejo a los ojos, entiende que el poder está dentro de ella.

Aquí nos encontramos con reminiscencias al film Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, en el que Alicia descubre un mundo paralelo y sólo allí se descubre a sí misma.

Esta película de imagen real es la adaptación de la famosa historia de El cascanueces, que Tchaikovsky inmortalizó en su famoso ballet, basada en el relato El cascanueces y el rey de los ratones escrito por E. T. A. Hoffmann.

Pero no nos llevemos a engaño. En esta nueva adaptación de Disney, esa historia no aparece por ningún lado. Seguro, la historia tiene magia y mundos fantásticos. Pero del clásico que todos conocemos no queda mucho. En realidad, casi lo único en común es el título.

Pero eso sería lo de menos si la historia fuera interesante o atrapante, lo cual no ocurre. La escena inicial es intrigante: dos chicos, una adolescente y un chico de unos diez años, que juegan en el ático con una suerte de trampa. Quieren atrapar a un ratón. Y con esto empieza la historia, que nos presenta una familia de cuatro que acaba de perder a la madre y aún no ha terminado el duelo. Y, obviamente, el padre y una de las hijas, nuestra protagonista, no se entienden.

Dejando de lado que Las crónicas de Narnia es bastante más profunda y bastante más oscura (especialmente cuando consideramos la escena del sacrificio de Aslan), el film tiene más semejanzas de las que me gustan personalmente. Y no para bien. Sin contar que para esta historia recurren a la tropa cliché « crees a un personaje pero la historia es al revés». ¿A qué me refiero? A que le creemos a Sugar Plum su versión de por qué un reino va contra los otros 3 cuando, en realidad, ella es la que alejó a ese reino para que no la arruine.

Keira Knightly como Sugar Plum, la reina de la tierra de los dulces, es la interpretación perfecta. Logra que nos empalaguemos solo de escucharla y luego que queramos estrangularla. Ambas cosas son buenas, ya que ese es el objetivo del personaje.

Morgan Freeman, por su parte, es Morgan Freeman. ¿Hace falta decir más? Su personaje tiene el simple objetivo de encarrilar a Clara en el camino correcto. Y Clara misma tiene sus momentos, aunque no logra ser un personaje atrapante al 100%.

Ahora, si hablamos netamente del film como film, es simplemente hermoso. Los trajes, a pesar de exagerados, hacen gran honor a lo que se usaría en un ballet. Y los guiños al ballet son varios: principalmente a través de la obra que los habitantes del reino ponen en escena para Clara (donde la historia cuenta como la madre de Clara, Marie, descubrió los reinos).

Ideal para disfrutar en familia, con mensajes dignos de cualquier vademécum de autoayuda firmado por Paulo Coelho; entre ellos rescato: «Todo lo que necesitas está en tu interior (…), sólo debes tener confianza en ti misma, atreverte a ser quién eres y confiar», y otras sentencias para levantarte el ánimo cuando lo veas todo negro.

Escribe Laura Pacheco | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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