Bohemian Rhapsody (4)

  12 Noviembre 2018

La música que nos alienta

bohemian-rhapsody-1¿Cuál es el camino que conduce de tocar en el Imperial College a actuar en el Wembley Stadium? ¿Cómo cuatro jóvenes talentosos logran convertirse en uno de los mejores grupos de música de la historia? Estas preguntas se encuentran en la génesis de Bohemian Rhapsody (2018), de Bryan Singer, la película que se adentra en la historia de un conjunto emblemático: Queen.

El inicio del filme resulta excelente, ya que se centra en los prolegómenos del Live Aid del 13 de junio de 1985: la actuación más extraordinaria de Queen y en la que Freddie Mercury alcanzó la cima artística. Bajo los acordes de Somebody to love (la composición de Queen que más apreciaba Mercury, por encima de Bohemian Rhapsody), en poco más de dos minutos, nos hacemos una idea de la trascendental jornada para Queen, Freddie y la música internacional, mediante unos planos muy bien construidos del cantante despertándose; de los operarios trabajando en el escenario de Wembley, acondicionando todos los equipos luminotécnicos, sonoros, eléctricos; del público accediendo al estadio más mítico del rock.

El Live Aid fue un macroconcierto organizado por Bob Geldof para conseguir fondos destinados a la población etíope, y en donde se dieron cita los músicos más relevantes del panorama mundial; además de Queen: Status Quo, Dire Straits, Simple Minds, U2, Phil Collins, Sting, The Who, Eric Clapton, Mick Jagger, Pretenders, Paul McCartney, Black Sabath, Tom Petty, Neil Young…

A mediados de los 80, Queen se hallaba en un período de múltiples dudas internas, en el que la continuidad de la banda estaba en un halo de incertidumbre. Poco antes de que Mercury, Taylor, Deacon y May entren en escena, se produce un brillante flashback que nos lleva al Londres de 1970. Y desde el comienzo de la década de los setenta, arranca la narración fílmica de la trayectoria de Queen, a partir de la formación de la banda ese mismo 1970.

Fidelidad a la trayectoria artística

Todo el filme se caracteriza por la fidelidad y honestidad con la que se trata la cronografía artística de Queen, a pesar de que haya ligeros desajustes temporales en relación con los temas musicales (que iremos comentando).

Farrokh Bulsara, estudiante de Arte que había nacido en Zanzíbar en 1946, es un entusiasta seguidor de una prometedora banda roquera londinense: Smile. En ella, participan un alto muchacho de melena rizada como guitarrista (Brian May) y un rubicundo joven que toca con pujanza la batería (Roger Taylor). Cuando el cantante de Smile, Tim Staffel decide abandonar el proyecto, Farrokh anima a Taylor y a May a no rendirse, a continuar en el arduo sendero de la música.

Impresionados por la magia que irradia, por la belleza de su voz y por la confianza irreductible en la gloria futura, May y Taylor, son convencidos por Farrokh (que pasaría a llamarse Freddie Mercury) para arrancar una nueva aventura musical con el nombre de Queen.

La película recoge de manera emotiva los difíciles primeros pasos del grupo: las actuaciones en salas universitarias y en pequeños pubs, las penalidades para editar un disco, los conflictos con las productoras, la actuación en playback en el programa de la BBC Top of the Pops.

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Uno de los méritos indiscutibles de la obra cinematográfica es la acertada elección de las canciones de Queen para reflejar sus diversos períodos y, a menudo, plasmar en escenas muy logradas la interpretación de esos temas en lo que fue la dimensión más auténtica del grupo: el directo. Así, en la época de 1970-1974, se desarrollan las versiones en vivo de Doing All Right, Keep Yourself Alive, Seven Seas of Rhye o Killer Queen.

Por su parte, la caracterización de los cuatro componentes de Queen resulta magnífica: la sobriedad y sencillez del bajista John Deacon (Joseph Mazzello), la profesionalidad y concentración del guitarra Brian May (Gwilym Lee), la viveza y dinamismo del batería Roger Taylor (Ben Hardy), y el genio y la creatividad del cantante Freddie Mercury (Rami Malez).

Freddie Mercury aparece como el auténtico eje temático del filme y del propio grupo Queen. La interpretación de Malek es completísima: alberga los múltiples matices de un artista único: desde los físicos, como los dientes pronunciados, la melena setentera o el bigote ochentero (y junto a ellos, las sucesivas indumentarias con las que actuaba Mercury en directo: los primigenios pantalones de campana con botas, las mallas con rombos y sandalias, o los vaqueros con deportivas) hasta los morales: un estado anímico en continuo vaivén, que oscila entre la alegría desmesurada y la soledad sentimental.

Llaman la atención en la película los pequeños detalles, sutiles, que contribuyen a perfilar el personaje de Mercury: su aprecio por los gatos (tenía varios, entre ellos uno llamado con el antropónimo shakesperiano Romeo, y una gata de nombre Delilah, a la que dedicó una canción homónima en el último álbum de la banda con Freddie en vida: Innuendo, en 1991), su afición a la ópera (con la preciosa aria de Puccini, Un bel di vedremo, perteneciente a Madama Butterfly, interpretada por Montserrat Caballé, con la que Mercury colaboraría en 1988 en el disco conmemorativo de las Olimpiadas de Barcelona 92), o su predilección por las batas japonesas.

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Mercury: cantante y persona

Bohemian Rhapsdody intenta no sólo reflejar la andadura artística de Queen, sino también la figura de Mercury como ser humano, no ya tanto como mito de la música. En una entrevista ofrecida a finales de octubre en El Hormiguero, de Antena 3, Malek aseguró que «sólo puede haber un Freddie Mercury. En la película hemos mostrado algunos aspectos que no conocíamos de él, referidos a su alma y su corazón».

El filme intenta compaginar las escenas personales y las musicales, aunque no consigue el equilibrio entre ambas, debido a la potencia de estas últimas. Malek sí proyecta de forma convincente las dudas de Freddie sobre su orientación sexual. Además, el personaje de Mary Austin (Lucy Boynton), la que fue compañera y amiga de Mercury, posee encanto y autenticidad.

Cordial, pero demasiado breve, hallamos el papel de Jim Hutton (Aaron McCusker), el último compañero sentimental de Freddie. No ocurre lo mismo con otros personajes secundarios como el asesor Paul Preyer (Allen Leech) o el productor John Reid (Aidan Gillen), que carecen de una adecuada fuerza interpretativa.

Existe una perspectiva humanística muy entrañable en el filme: con frecuencia, hemos pensado que Mercury era un torrente interpretativo indestructible, que desde los escenarios ostentaba un enorme poder musical. Pero, por detrás del artista, en su fondo último, se sitúa el ser humano: el Freddie sensible, solo y angustiado que busca lo que buscan todos los individuos: algo de amor y comprensión.

El filme plasma con tino la crisis personal que atravesaba Freddie a principios de los 80: hastiado de fiestas, de las falsas compañías, de las drogas, de efímeros proyectos musicales en solitario. Y entonces, ayudado por la bondadosa Austin, recurre a su auténtico refugio, allí donde se encuentra el verdadero sentido de su vida: la música, la música con sus compañeros de Queen, la música que da aliento a las personas de todo el planeta, la que atraviesa épocas y fronteras. Tras conocer que es seropositivo a mediados de 1985 (dato nuevo que ofrece la película, pues pensábamos que Mercury no conoció su enfermedad hasta después de la gira del Magic Tour, en el verano de 1986), Freddie decide consagrar el resto de su vida a la música, y en esa coyuntura, se enmarca la actuación deslumbrante en el Live Aid de 1985.

Hay una escena muy dramática y simbólica, en la que Mercury, después de salir de una consulta médica, donde le han comunicado que padece sida, escucha el canto de un joven, sentado en el centro hospitalario, y que aparece con el rostro surcado por las manchas del VIH. Es el canto con el que Freddie conecta con el público («Eeeroo, eeeroo, eeeroo») en los conciertos. Mercury se gira y repite el cántico del muchacho. Ahí, posiblemente, radique la clave semántica de Bohemian Rhapsody y, por extensión, de cualquier creación artística valiosa: moriremos, se acabará el tiempo, diremos adiós, pero el arte (las canciones de Queen, o en otros ámbitos artísticos la poesía de Antonio Machado, el cine de John Ford, la pintura de Velázquez) permanecerá en el tiempo, derrotará al olvido.

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La composición musical

Mención destacada merece el proceso de creación de las canciones de Queen, y cómo se coordinaban, y a veces se enfrentaban, los cuatro integrantes, y que el filme acierta a expresar con verosimilitud. La dificultosa gestación de la obra maestra de la banda, que pertinentemente da nombre a la película: Bohemian Rhapsody, en 1975. La creación suprema de Freddie (que ya tenía pensada y sentida desde años atrás, como se refleja en la escena anticipatoria en el dormitorio con Mary, donde Mercury interpreta los primeros acordes pianísticos) que requirió un gran colaboración del resto de componentes de Queen (muy graciosos los planos de Roger repitiendo una y otra vez los «Galileos» de la parte operística).

En una entrevista de los años 80, Mercury aseguro que Bohemian Rhapsody «eran tres canciones en una»: la balada, la ópera y el final heavy. La película transmite con veracidad que la mayoría de las canciones de Freddie nacían desde el piano (del que era un intérprete virtuoso), como en Love Of My Life, la balada amorosa que dedicó a Mary Austin y que suena de fondo en la separación de la pareja, en otra escena muy elaborada, donde mientras se escucha una actuación en directo de Queen, que va aumentando progresivamente su relevancia en el mundo, los antiguos amantes ponen fin a su relación.

El origen del himno rockero We Will Rock You, en 1977, por parte de May, o del clásico funk Another One Bites the Dust, en 1980, creado por Deacon, recalcan el potencial creativo de Queen, su carácter inclasificable, su versatilidad artística.

En una escena delante de un productor, Mercury y sus compañeros señalan que no les gustan las fórmulas repetitivas y defienden con ahínco su espíritu ecléctico, libre, sin ataduras a un género musical determinado (aunque, tal como demuestra la actuación del Live Aid en el término del filme, será en el rock donde Queen consiga sus momentos más luminosos).

Asimismo, son muy meritorias las secuencias de planos de directos de Queen, con las escenografías y las interpretaciones de canciones tan sólidas como Now I’m Here o Fat Bottomed Girls. Junto a estas series musicales, aparecen los nombres de las ciudades donde Queen triunfó con su música, dando cuenta de su proyección universal (París, Nueva York, Río de Janeiro o Tokio) o de recintos históricos en los que actuaron como el Madison Square Garden.

Dentro de una notable lealtad a la música y los rasgos esenciales de Queen, apreciamos en el filme algunos ligeros desajustes cronológicos: que Freddie aparezca con bigote ya en 1977, en la época de We Will Rock You, cuando en realidad se dejó su carismático mostacho en 1980; o que en 1985, en la reunión previa al Live Aid, los músicos de Queen acordasen que ninguna de sus canciones llevase el nombre del compositor, sino el de todo el grupo, no apreciándose la autoría colectiva hasta el disco The Miracle, de 1989 (aunque ya hubo un anticipo previo en la canción One Vision, que abría el Kind of Magic, de 1986).

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El momento cumbre

Y llegamos al final del filme, que enlaza magistralmente con su arranque: la actuación de Queen en el Live Aid de 1985.

El concierto queda reflejado en toda su grandeza. Los 20 minutos de la actuación Queen (tocaron a las seis de la tarde, justo cuando la señal de televisión se difundió a nivel internacional) se trasladan al celuloide con la mágica música del grupo (y las legendarias interpretaciones de Bohemian Rhapsody, Radio Ga Ga, Hammer to Fall o We Are The Champions; qué fieles al concierto real los movimientos en el escenario de Freddie o la manera de tocar de Brian, Roger y John; no se incluyen las versiones de We Will Rock You y Crazy Little Thing Called Love, pues ya habían aparecido con anterioridad en el largometraje), las panorámicas del público con los primeros planos de los asistentes, las imágenes de un bar o las de la casa de los padres de Freddie (no lo recoge la película, pero el padre de Freddie, Bomy Bulsara, dijo a su mujer mientras contemplaban emocionados la televisión: «Jer, nuestro hijo lo ha conseguido».

Los asistentes no eran específicamente fans de Queen (allí había seguidores de U2, Collins, Dire Straits, Status Quo, Bowie…), pero Freddie, y esto la película la capta de una manera acertadísima (en el comienzo del filme, Freddie le comunica a Mary que le encanta que el público cante los temas de Queen), logró involucrarlos en las canciones.

Esos gloriosos veinte minutos constituyeron la cúspide del arte de Freddie, y fue en Radio Ga Ga donde alcanzó una comunión musical inolvidable con los asistentes al Live Aid de Wembley, los espectadores televisivos, sus amigos y familiares. Freddie Mercury entendió que las personas querían cantar sus canciones y alternaba su voz con la voz del público. Compartir arte. Generosidad artística y humana. Deacon y May se miraban complacidos por participar con Freddie en la que fue su actuación más portentosa. Ya Taylor se lo había dicho en los ensayos en el teatro Shaw: «Freddie, tú eres una leyenda».

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Aquel 13 de julio de 1985, Freddie Mercury escribió su imborrable nombre en la historia de la música. Acaba el filme con un plano trasero de los cuatro geniales músicos agradeciendo al público su fervor durante el concierto. En el horizonte, el mar de asistentes que jamás olvidarán las canciones de Queen y la magia de Freddie. Años después del Live Aid, Bob Geldof dijo que Queen era «la mejor banda del planeta, tenía el mejor sonido y una idea universal de la música».

Conocí a Queen cuando tenía once años, gracias a las cintas de mi hermano Jorge. Su música me ha acompañado en los buenos y en los malos momentos. Sigo escuchándolos con la emoción de un niño. No he admirado a ningún artista como a Freddie Mercury. Su legado es eterno.

En la película Bohemian Rhapsody suenan (o bien de fondo, o interpretadas en directo) las siguientes canciones (cito primero el álbum y luego los temas) de Queen: de Queen I (1973): Doing All Right y Keep Yourself Alive; de Queen II (1974): Seven Seas of Rhye; de Sheer Heart Attack (1974): Now I’m Here y Killer Queen; de A Night at the Opera(1975): Love Of My Life, Seaside Rendezvous y Bohemian Rhapsody; de A Day at the Races (1976): Somebody to Love; de News of the World (1977): We Will Rock You y We Are The Champions; de Jazz (1978): Fat Bottomed Girls; de The Game (1980): Another One Bites The Dust y Crazy Little Thing Called Love; de Hot Space (1982): Under Pressure; de The Works (1984): I Want To Break Free y Hammer To Fall; de A Kind of Magic (1986): Who Wants To Live Forever.

En los títulos de crédito con los acaba la película, vemos una actuación en directo de Queen interpretando la vitalista Don’t Stop Me Now (de Jazz), en la gira europea de 1979, y posteriormente, de fondo, escuchamos Show Must Go On (de Innuendo, 1991), una de las canciones más bellas del repertorio de Queen, que afirma la confianza en el futuro pese a las adversidades.

Escribe Javier Herreros Martínez

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