Quién te cantará (2)

  11 Noviembre 2018

Carlos Vermut cambia de identidad

quien te cantara-1Después de dos películas como Diamond Flash y Magical Girl, que impactaron a crítica y público por su rareza narrativa y visual, la última galardonada con la Concha de oro y Concha de plata en el festival de San Sebastián de 2014, Carlos Vermut estrena Quién te cantará.

De la tercera película de Carlos Vermut se esperaba la confirmación de un director que había apostado en su dos anteriores trabajos por el cine de culto con influencias de David Lynch y Luis Buñuel, una especie de mezcla de los dos, pero, incluso antes de su estreno, la esperanza se había caído al suelo cuando las noticias que llegaban de su nuevo trabajo anticipaban la sinopsis del mismo, un guión que transitaría por otros derroteros lejos de los trabajos anteriores.

Y así ha sido: confirmado, Carlos Vermut ha cambiado de identidad, parecido a lo que ocurre con los protagonistas de Quién te cantará, donde se reflexiona sobre la identidad, la frustración y el éxito.

En el cine actual, o más bien el mundo actual, son muy importantes los referentes y no es lo mismo tener de referentes a David Lynch y Luis Buñuel que tener como referente, con todo el respeto, al peor Pedro Almodóvar. Es bajar de nivel y es lo que le ha ocurrido a Carlos Vermut siendo un director emergente, esperemos que solo sea un paréntesis ya que esta película estaba en proyecto con Apache Producciones antes de rodar Magical Girl.

Protagonizada por Najwa Nimri, Quién te cantará cuenta la historia de Lila Cassen (Najwa Nimri), una cantante de éxito en los años 90 que de repente desparece de los escenarios. Diez años después, Lila prepara su regreso por motivos económicos pero días antes del comienzo de la gira sufre un accidente que le produce amnesia. Violeta (Eva Llorach), una empleada de karaoke que canta todas las canciones de Lila Cassen, es localizada desesperadamente por la manager de Lila, que intenta convencerla para realizar un trabajo: dar clases a Lila Cassen para que vuelva a ser Lila.

La película parte de un guión que en principio tiene una buena base argumental, una idea original como es la identidad, argumento que se podría extrapolar a nuestra vida diaria. No es la apuesta elegida por Carlos Vermut pero podría ser válida para hacer una reflexión sobre la identidad más global. Vermut habla de la identidad focalizando la historia en el éxito de la protagonista.

El guión tiene algunas carencias. En principio, Carlos Vermut se había planteado hacer una película sobre fantasmas y fenómenos sobrenaturales, pero a medida que iba escribiendo el guión fue desechando esta vía y se centró en reflexiones sobre la identidad. Este camino hubiera sido más interesante, una película en sintonía con Personal Shopper o En realidad, nunca estuviste aquí, donde los fantasmas se plantean desde un mundo interior lleno de miedos y traumas del pasado.

El éxito, la frustración y la identidad están presentes en la película. La frustración de Violeta por ser lo que no quiso ser: ella aspiraba a ser cantante, pero algunas circunstancias —como ser madre— le impidieron alcanzar su pasión. Violeta desahoga la frustración con su hija y su hija con Violeta. El personaje de la hija queda muy impostado, aunque es esencial para la historia que nos cuenta Vermut en la construcción y desarrollo de Violeta como personaje.

Esta frustración no es creíble en los primeros compases de la película, convirtiéndose en un fallo de guión que después se convierte un fallo de dirección. Causa una sensación de relleno donde el espectador visualiza una serie de escenas que cobran sentido al final de la película.

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No contar ciertos detalles sobre los personajes hace que el espectador sienta curiosidad, pero estas situaciones deben transmitir suspense para cerrar más tarde el desarrollo de los mismos, y este no es el caso. La hija es vital para desarrollar el personaje de Violeta, por ello cabe decir que no es un personaje que sobra; todo lo contrario, es imprescindible en esta historia según el planteamiento de Carlos Vermut.

El éxito que Lila Cassen recibe, sin ser una cantante que ama su profesión. El éxito está bien planteado a través de Lila Cassen pero la frustración tiene fisuras.

Otro aspecto negativo es la credibilidad de algún elemento narrativo, como utilizar una cantante de karaoke, fan de Lila Cassen, para darle clases y que ésta vuelva a ser la misma. Vermut no está acertado en este sentido ya que se podrían haber utilizado otros elementos que la ficción digiere con más facilidad.

Lo más interesante de la película es la última parte del metraje, cuando entra en juego la identidad, cuando Lila cambia su identidad y se termina de desarrollar el personaje de Violeta como la cantante que pudo ser y no fue. El cambio de roles, identidad y frustración, desemboca en tragedia, nadie tiene que lo que quiere y nadie quiere lo que tiene.

El desarrollo de la identidad es lo mejor que podemos encontrar en Quién te cantará, pero es insuficiente por quedarse a mitad del camino. Un desarrollo más profundo y universal de la identidad habría provocado más empatía con el espectador. Se espera más del talento de Carlos Vermut, ¿volverá a cambiar de identidad como cineasta?

Escribe Marcos Sáez

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