High Life (3)

  11 Noviembre 2018

Denis: Odisea en el espacio

high-life-0La directora Claire Denis siempre se ha caracterizado por su carácter intelectual y casi iconoclasta en prácticamente todas sus producciones cinematográficas, siempre recorriendo diferentes géneros. Nadie podía presagiar que dirigiría una pseudo comedia romántica el pasado año, de nombre Un sol interior. Tampoco nadie imaginaria que se sacaría de la manga una obra de arte y ensayo casi teatralizada enmarcada en el espacio exterior.

Esto, dicho así a grandes rasgos, es lo que viene a ser High Life. Una obra intimista hasta decir basta con dos grandes nombres a la cabeza, una nave espacial y unos personajes enfermos cuyos destinos conocemos desde la secuencia de arranque, eliminando toda posibilidad de suspense en la trama. Y desde luego, no es lo que le preocupa a Denis, los modos a gusto del espectador, sino que realiza todo lo contrario.

High life se revela como una odisea espacial incómoda, aletargada, hermética y espesísima que se encuentra a medio fuego entre el Kubrick que todos conocemos y el Tarkovsky de Solaris o incluso de Stalker. Pero sin reglas preconcebidas ni asideros a los que agarrarse. Denis propone una caída libre de dos horas en la que no existe ni una continuidad lógica, sino alterada.

Robert Pattinson es aquí quien tiene el comando de la cinta, de nombre Monte, quien completamente solo junto con un bebé debe hacer frente a las jornadas sin noche o día y a una vida sinsentido a través del espacio. Navegando sin rumbo a través del espacio en una nave llena de cuerpos muertos que Monte acabará tirando por la escotilla de la nave hacia la nada. En este preciso instante se muestra el título en pantalla y entramos en la particular odisea de Claire Denis.

Paulatinamente, descubriremos que en la nave, esos cuerpos que han ido cayendo hacia el infinito pertenecían a extraños personajes, todos ellos prisioneros por algún motivo insidioso, que ahora son convictos espaciales. Forman parte de algún tipo de experimento del que nunca conocemos sus pormenores por el que deben llegar a la reproducción, a la concepción y al nacimiento de nuevos humanos.

Además, viven bajo el mandato un tanto tiránico de una enrarecida Juliette Binoche. Realizan sus quehaceres diarios mientras viven obsesionados por el sexo y por la virulencia del mismo porque no parecen saber relacionarse de otro modo. Incluso tienen una caja en la que pueden experimentar orgasmos mediante una especie de maquina. Pero todo esto se muestra sin dar más pistas, sin un destino al que llegar ni unas coordenadas que seguir.

Denis así lo ha querido. Su entrada en el género de la ciencia ficción y las aventuras espaciales es como toda su filmografía previa. Puede resultar apasionante a la par que soporífera. Puede crear un gran impacto durante su visionado o puede provocar el más sonoro de los ronquidos. Puede ser explicado o puede no serlo en esta parábola sobre la condición humana en condiciones extremas.    

Pattinson está excelente y demuestra una vez más que es un actor con mucho que decir, mientras que Binoche aquí se lo pasa en grande haciendo de villana fucker y jugando a ser una diosa del alumbramiento humano. Pero mientras Binoche es el contrapunto dinámico y grotesco (atención a la escena orgásmica), Pattinson es el rostro de la gravedad, es el testigo mudo de una sinfonía de tristeza y decadencia que resulta fascinantemente extraña y subyugante y que, seguro, exigirá al espectador, futuros visionados.

High Life, en definitiva, es una película plagada de contradicciones, enigmática, meditativa, sensorial y hasta repugnantemente lasciva, que borra de un plumazo toda la tradición anterior del cine de ciencia-ficción con una narrativa rupturista y quebrada, llena de intencionados y ásperos agujeros negros.

Todo lo que acontece en ella, y todos los personajes que conforman el grupo de delincuentes, son parte de un laberinto de resortes carnales, biológicos y científicos que engrandecen el propio conjunto. Y es que la odisea espacial de Claire Denis no busca el progreso del hombre ni la salvación del mismo, sino que investiga su proceso de involución humana y su retroceso para atestiguar un mundo en crisis y ajusticiarlo, pues sólo el nihilismo será la respuesta final a la salvación de la especie.

Escribe Ferran Ramírez


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