Pesadillas 2: Noche de Halloween (1)

  27 Octubre 2018

Unos monstruos vienen a vernos

pesadillas-2-1Aquí traemos el estreno anual correspondiente a la festividad de Todos los Muertos, aunque ya hubo una avanzadilla hace un par de semanas con La casa del Reloj en la pared, de Eli Roth, también con chavales, Jack Black (quien aquí se marca un cameo alargado) y unos cuantos fenómenos extraños de por medio.

Aunque la mayoría ya conocerán el dato, Pesadillas es una colección de exitosos relatos juveniles de terror y ciencia ficción creados por el autor norteamericano R. L. Stine a partir de 1992 (en inglés su título es el de Gosebumps, algo así cOmo Piel de Gallina). Dicha obra conoció su primera adaptación cinematográfica hace tres años de la mano de Rob Letterman, quien este año se ha encargado de llevar a la pantalla las aventuras de los populares Pokemon (estreno el 10 de mayo de 2019).

La secuela de la primera Pesadillas ha sido dirigida por el oscarizado Ari Sandler, acostumbrado a dirigir a jóvenes intérpretes, con títulos en su haber como La primera vez que nos vimos o El último baile. Sandler ha intentado no salirse mucho de los raíles marcados en la primera entrega y repite argumento con las mismas dosis de acción, aunque con menos sustos y menor gracia.

Unos chavales recién sacados de Los Goonies se dedican a hurgar en una desvencijada mansión y se dan de bruces con un libro prohibido, de esos que cuando los abres sabes que se va a armar el lío padre. No deja de resultar un tanto atemporal que todo el desarrollo argumental venga provocado por el contenido de una obra escrita en papel, en tiempos donde la mayoría de chavales deben de ver el objeto como una reliquia antepasada.

En los ochenta y noventa algunos films se centraron en el poder imaginativo de la obra literaria (La historia interminable, El guardián de las palabras), y lo cierto es que hasta la fecha no conocemos ninguna película en la que se haya utilizado un e-book como detonante.

El primer invocado que hace acto de presencia es el muñeco de ventrílocuo llamado Slappy, a quien Santiago Segura ha prestado su voz en la versión española. Este muñeco diabólico pasa por ser seguramente el personaje más jugoso de toda la película, ya que su sola presencia atemoriza, con esa mirada de mala leche y esa verbalización automatizada.

¿Y qué es lo que busca este recién llegado? Pues solo quiere pertenecer a una familia. Pero resulta que sus descubridores no están por la labor y harán lo posible por exterminarlo. Lógicamente, a él no le quedará más remedio que buscarse otra suerte de amistades y las hallará tanto en un supermercado cercano, repleto de artículos para celebrar la noche de Halloween, como un jardín decorado para la ocasión por un vecino asiático militante de tan señalada fecha (y a quien da vida el cómico Ken Jeong).

Dejando de lado la relectura que se pueda hacer de una situación en la que un extraño debe ser repelido ante la amenaza latente de estorbar la paz del hogar (cada uno que saque las conclusiones que quiera, pero igual a los votantes republicanos les hace gracia y todo), el film va derivando con prisa y sin pausa en un tramo final de parque temático.

Aunque no le amos a negar que entretiene e incluso en algunas escenas llega a acongojar un poco (esas brujas que parecen recién salidas de un concierto de Chimo Bayo o la madre reconvertida en autómata desprovista de sentimiento alguno), todo queda a merced de la pirotecnia de efectos especiales que acaban por desterrar cualquier atisbo de originalidad guionizada. Se trata de dar la cucharada correspondiente a un público que paga su entrada para pasarlo bien sin que le sorprendan mientras engullen palomitas y chuches como si no hubiera un mañana.

Hace unos días se pudo ver en el transcurso del Festival de Cine Fantástico de Sitges el documental  Wolfman’s got nards, donde se homenajeaba la olvidada cinta ochentera Una Pandilla Alucinante. La irreverencia de aquella obra ahora de culto se echa un poco a faltar en estas academicistas adaptaciones más actuales. Ahora ni los monstruos dan miedo ni a los niños se les puede asustar.

Pero si al menos sirve para que a los mozalbetes se les ocurra aparecer por la biblioteca para hacerse con algún libro ya se dará por bueno el pago de la entrada.  

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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