Desenterrando Sad Hill (3)

  26 Octubre 2018

Cargados de ilusión y piedras

desenterrando-sad-hill-0Somos el cine que hemos visto. Aunque pueda parecer una afirmación muy drástica, que tire la primera piedra el que no haya salido pegando patadas después de una peli de kung fu o pegando tiros con los dedos después de haber visionado un western.

¿Y qué pasa cuando una película de este tipo trasciende y afecta a toda una generación de incipientes cinéfilos? Pues es lo que ocurrió con la trilogía del dólar de Sergio Leone tras su pase televisivo en aquellas míticas tardes de sábados, en las que nuestros padres sesteaban, nosotros disfrutábamos con los ojos como platos.

Pues resulta que el mítico film que cerraba dicha trilogía, El bueno, el feo y el malo, se rodó en parte en España, concretamente en los áridos paisajes de Almería y en Santo Domingo de Silos, provincia de Burgos. En este último lugar se rodó la espectacular escena final que transcurría en un vasto cementerio construido para la ocasión.

Los habitantes del pueblo fueron reclutados para labores varias en dicho decorado natural y allí trabajaron codo con codo, bien como técnicos o bien como artistas. Todos los recuerdos de aquellas inusuales fechas fueron transmitiéndose de generación en generación hasta la creación de la Asociación Cultural Sad Hill, centrada en la búsqueda de la recuperación de los paisajes burgaleses usados en el rodaje del film.

Lo que empezó siendo una actividad y pasatiempo puntual de unos cuantos amigos que querían dar luz a un sueño cinéfilo y que quedaban de vez en cuando para picar piedra (tragaron más polvo que los pistoleros a los que homenajeaban) fue cobrando fuerza a medida que la gente se iba interesando cada vez más por el singular proyecto. El apoyo y entusiasmo colectivo se fue multiplicando y a base de pequeñas aportaciones económicas y, sobre todo, mucho empeño, la hazaña fue cogiendo bríos, lo que despertó la curiosidad entre otros de Guillermo de Oliveira, director de este valioso documental.  

Y lo cierto es que para ser su debut en el terreno del largometraje le ha salido un trabajo estimable que agradará a todos los seguidores del cine en general y del spaghetti western en particular. La pasión con la que hablan los diferentes entrevistados, el conocimiento de causa del equipo técnico de los que trabajaron al lado de Sergio Leone y la multitud de anécdotas e historietas que van desgranando los lugareños (España es el único lugar del mundo donde se puede llegar a volar el mismo puente en dos ocasiones) forman un mosaico inigualable y sorprendente.

También vale la pena destacar las acotaciones de una serie de estudiosos en la materia que revelan aspectos desconocidos del proceso de producción del film, además de jugosas entrevistas de archivo como la realizada al mismísimo director italiano mientras se zampa un plato de pasta en un restaurante.

Por supuesto, y como ocurría en los films de referencia, el final nos tiene guardado un clímax de esos que no se olvidan, un momento estelar en forma de recompensa en el que a los implicados en el asunto se les aparece la virgen en la montaña y parecen levitar de puro éxtasis.

Desde luego se lo merecieron, porque el curro que se pegaron para que todo llegara a buen fin se merece eso y mucho más. 

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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