Animales sin collar (2)

  13 Octubre 2018

Renuncias y libertades

animales-sin-collar-1Animales sin collar supone el primer largometraje en el cine de Jota Linares tras una reconocida trayectoria en el cortometraje. Algunos de sus multipremiados trabajos han sido ¿A quién te llevarías a una isla desierta? (2012),  3.2 (Lo que hacen las novias) (2010), Ratas (2012) o Rubita (2014). Además, con ¿A quién te llevarías a una isla desierta? dio el salto al teatro y también se ha dedicado a la dirección de spots publicitarios.

Si hay un tema recurrente y que está marcando el devenir de la esfera política española actual es el de la corrupción y la necesidad de cambiar la orientación de esa dinámica. Y no tanto por los numerosos casos que se constatan sino por esa terrible sensación de que nadie se libra de los peajes que hay que pagar para sobrevivir en el entorno político.

De renuncias y libertades habla el primer trabajo de Linares para la pantalla grande, en la que asume también el papel de guionista. La película comienza focalizando la acción en un tiempo y en un lugar concreto, los tres días anteriores a la investidura de Abel (Daniel Grao) a la presidencia de la Junta de Andalucía, un candidato que forma parte de esa nueva clase política que pretende cambiar las cosas.

Los acentos, el calor, la luz y el paisaje andaluz contextualizan la acción. Personajes y discursos que nos suenan, unido a acontecimientos que nos recuerdan las noticias que vemos habitualmente, insinúan que nos encontramos ante un filme que retrata la realidad política a través de un argumento en el que un acontecimiento pasado entre el candidato y un antiguo amigo, unido a la complicidad del personaje de Nora (Natalia de Molina), la mujer del candidato, constituyen el eje central del hilo argumental.

Sin embargo, conforme avanza el filme, y el punto de vista se centra en el personaje femenino principal, la película adquiere un discurso más general, pasando de lo local a lo universal. Ya no es tanto la situación política como el drama que experimenta —y transforma—  a Nora, con esa referencia a Casa de muñecas de Ibsen, en la que Jota Linares busca inspirarse para ir construyendo el personaje femenino protagonista.

A partir de aquí, el relato introduce dos temas: por un lado, el peso del pasado y los vínculos de la amistad; y por otro, la liberación del personaje femenino de las ataduras contraídas.

Para ello, Jota Linares, que mantiene la cuidada factura técnica que ya se podía apreciar en sus cortometrajes, utiliza una serie de recursos para transmitir la angustia de los personajes.

En primer lugar, tenemos el uso de los primeros planos de los personajes, un objetivo que retrata los rostros detalladamente para mostrar los sentimientos. Una cámara que capta más el sentimiento interior que el discurso exterior.

Los planos exteriores que retratan el paisaje andaluz, esas grandes extensiones de terreno siguiendo el modelo del western, sobre todo al inicio y final del filme, contrastan precisamente con el uso de los primeros planos que encierran y acotan a los personajes, radiografiando los sentimientos, captando las miradas y jugando con los silencios.

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Y en segundo lugar, combinado con lo anterior, el uso del fuera de foco en el mismo plano para bascular la importancia de lo que se está contando siendo la parte desenfocada en muchas ocasiones la que sostiene el peso del contenido (la escena del baño de la madre del personaje de Víctor). Una combinación, que aprovechando el uso de la pantalla ancha, potencia también una serie de objetos que adquieren importancia en la narración como los teléfonos o el vestido verde.

Decisiones técnicas que requieren necesariamente de unas actrices y actores capaces de aguantar el tipo con esa cámara introspectiva apuntándoles al rostro. En este sentido la elección del reparto artístico quizá sea una de las mejores decisiones de esta producción en la que sus protagonistas son capaces de comunicar la ambigüedad de sus personajes pues, como ocurre en cualquier ámbito de la vida, nada es totalmente blanco o negro.

Por lo tanto esa gama de matices sí son capaces de hacerlas visibles al espectador, de tal forma que personajes marcados al principio con un determinado rol (Nora, Abel, Víctor) son pueden evolucionar, para bien o para mal, hasta que cae la máscara inicialmente asumida.

Animales sin collar es un filme que funciona mejor cuando nos alejamos de la trama argumental, pues ésta adolece de falta de credibilidad (el hecho de que un candidato permanezca retirado tres días antes de la investidura, la falta de comunicación con sus asesores), para centrarnos en el planteamiento de temas universales como la renuncia a las convicciones propias para conseguir un fin determinado, la asunción del peso del pasado, la culpabilidad por acción u omisión, y sobre todo, el descubrimiento del personaje femenino de su situación real, asumiendo su capacidad de lucha para reafirmarse como mujer independiente (en otra gran actuación de Natalia de Molina).

Escribe Luis Tormo  


Más información:
Entrevista a Jota Linares y Natalia de Molina

 

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