Carmen y Lola (2)

  08 Octubre 2018

Entre el documento y la ficción

carmen-y-lola-1Para realizar una película veraz no basta, por mucho que se crea, trabajar con actrices y actores no profesionales. Se puede, incluso, desde una cierta ficción contar la historia real de los personajes que aparecen, como en el caso de esa historia sobre los últimos vaqueros, descendientes de indios, que se autodenominan (de forma sorprendente) vaqueros, como vemos en The rider.

El problema surge cuando se toma a actores reales, pertenecientes al entorno del que se quiere hablar, y se urde una trama ficticia. O se hace bien o… pasa lo que en este filme en el que la ficción y el documental no logran engarzarse. Y también puede ocurrir, como sucede en Carmen y Lola, que la ficción, por muy denunciadora que sea, resulta endeble.

Arantxa Echevarria (Bilbao, 1968) ha realizado diversos cortometrajes, por los que ha recibido varios premios. También ha pasado por diversos oficios dentro del cine, antes de dirigir su primer largometraje completo. Lo de completo es porque en 2017, junto a otras realizadoras, intervino en el filme de terror 7 from Etheria, compuesto por siete historias, cada una de los cuales orquestada por una de las directoras.

Una película realizada, sí, aunque parece ser que no se ha estrenado. No es raro, es algo que pasa con muchas películas en España. Se hacen y no se ven. Algunas pasan directamente a la televisión. Otras ni se sabe, aunque en los últimos meses se estrenan muchos filmes españoles, aunque muy pocos alcanzan una cierta dignidad. Y otros, aunque sean dirigidos por directores famosos —caso de Todos lo saben del iraní Farhadi—, son auténticos bodrios.

Carmen y Lola no lo es, tampoco una gran película. Sus miras se quedan a medio camino, a base de urdir una historia contada como un cuentecito. No sé si Arantxa tuvo en el recuero La vida de Adele al enfrentarse a este filme, pero ambos títulos están separados por un abismo.

La verdad es que tampoco, parece ser, se tiene claro a qué carta ha jugado la directora, ya que el principio —ese buen y sostenido plano inicial— parece ir por otro lado, o al menos más allá de la simplista historia lésbica. En ese plano vemos a una joven gitana, con su traje de novia, se supone a punto de casarse. Su cara muestra el horror que eso supone porque el casarse la llevará a encerrarse en casa, tener hijos de los que cuidar y estar sometida a la autoridad del marido. Es algo en lo que van a incidir algunas escenas y personajes a lo largo del filme.

Si de ahí se llega a la débil conclusión de que para huir de esa situación lo que tiene que hacer es enamorarse o huir con otra mujer, arreglados estamos. El interesante tema del acercamiento, en este caso, a una historia de amor lésbico se frustraría. No es el camino.

El filme, en todo momento, se está moviendo entre el documental y la ficción, a veces forzada, a veces ridícula e imposible. La parte documental es buena, por momentos excelentes. El trabajo diario de los gitanos, el mercado, la gente comprando, la petición de mano de la boda.

No sé si esa mirada corresponde al momento actual (ha habido quejas de asociaciones gitanas contra la forma de presentar la vida de su etnia), responde al tópico o está superada, sea como sea esa parte tiene fuerza, se palpa el ambiente, los caracteres, la vida del pueblo gitano, la no admisión de la sociedad —salvo en sus oficios— y el calvario que sufren las mujeres, admitido en muchos casos por ellas mismas, a veces incluso más duras y represoras que los propios hombres. Por ahí la película respira.

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Otra cosa es cuando se juega a la historia de amor a través de una lesbiana, Lola, y de su encuentro con la joven a punto de casarse, Carmen. La escena, eso sí del primer beso entre ambas mujeres parece dar paso a una relación amorosa-sexual-adulta que luego se queda en un amor más bien de novela rosa.

Carmen: Si no has besado nunca a un hombre ¿cómo puedes saber que no te gustan?

Lola: ¿Y cómo puedes saber si te gustan las mujeres si nunca has besado a ninguna.

No sé si consciente de ello o no, la directora en una de las últimas escenas de la película, mientras ambas jóvenes liberadas marchan en tren (escapan), una dice a la otra: «parece que estamos en una película». Una frase, casi final, que es un perfecto broche para definir esa historia. Claro, posteriormente, en el edulcorado último plano ambas llegan a… una playa, con el mar delante de ellas, para ellas solas.

Los símbolos cantan, se repiten demasiado en el filme. Dejemos a un lado este final del mar, y veamos el más utilizado: un pájaro volando. Repetido hasta la saciedad. Incluso cuando Lola se fija en Carmen, lo primero que la lleva a ella son los pendientes en forma de pájaro volador que lleva. Lola pinta con su spray pájaros, los reproduce hasta la saciedad.

Carmen y Lola también, entre sus errores narrativos, introduce en el guión un hecho tan increíble como es pintar un corazón en la pared frente a donde vive Carmen. Además, con las iniciales de ambas. No contentas con ello, se pondrán mensajes debajo de esa pintura. ¿Cómo en ese barrio, con esas familias y esas costumbres se puede dar como válida esa pintura con declaración de amor a la vista de todos los vecinos?

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Para definir a Lola, profundizar en ese personaje, se echa mano de unos trazos más que elocuentes. Sus visitas a la tienda donde ve páginas porno entre mujeres o donde chatea con otra lesbiana, sin que esa situación vaya a ningún sitio, son innecesarias y no sirven ni para profundizar en la narración, ni para centrar más al personaje.

Y no digamos de la más libre Carmenen apariencia—, rebelándose de la vida de casada que le espera. Pero ¿por qué? ¿Por la vida que supone continuar, de acuerdo a la tradición con su hombre o porque ha llegado al convencimiento que es lesbiana?

Queda, pues, el envoltorio del filme, sus planteamientos realistas de la realidad gitana —o, al menos, los que se toman como tales—, lo bien filmadas que están las escenas del mercado. En fin todo lo que la película tiene de documento.

Donde no se sostiene más que mínimamente es en el retrato de los personajes y en la historia que se nos narra. Y mejor no hablamos de las interpretaciones de algunos personajes. Intentan actuar con naturalidad y, por el contrario, lo que transmiten es afectación, forzamiento.

De todas maneras debo dejar claro que con todos los errores, y sus virtudes medianas o pequeñas, es una película fácil de consumir, con una regular dignidad, aunque su honestidad termine, por momentos, en ser impostada.

Escribe Mister Arkadin

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