Searching (3)

  05 Octubre 2018

Milenialismo genérico

searching-1Una de las grandes filias del séptimo arte ha sido siempre explorar sus dimensiones como medio expresivo. Entre sus dimensiones, lo físico ha tenido un papel fundamental en uno de los grandes metatemas que siempre lleva de cabeza a todo creador o analista.

La pantalla como perímetro que enmarca el área donde se suceden imágenes, en las que el espectador puede creer o no creer. La pantalla como mirador de escenas que pueden ser deliberadamente seleccionadas por alguien. La pantalla como escenificación de una realidad fidedigna o deformada. Tanto es el atractivo despertado en todo ser humano que, inevitablemente, desde que el cine transgredió el clasicismo y empezó a hablar otros lenguajes más manieristas, conscientes de la imagen como representación, se ha jugado con el filtro de la pantalla para construir historias, muchas veces en las que se debía hacer un especial hincapié en la ambigüedad.

En concordancia con la deriva hacia la sociedad multipantalla de hoy en día, los diferentes dispositivos de comunicación implantados en la comunidad están siendo adoptados en las narrativas de ficción. Searching, llegada tras su exitoso paso por la sección Next! del Festival de Sundance de este año, supone uno de los resultados más satisfactorios entre estos juegos estructurales.

La película del debutante Aneesh Chaganty, tiene puntos en común con Open Windows (Nacho Vigalondo, 2014), al entregarse por completo a la narración de un thriller a través de pantallas. No obstante, Searching se antoja una película mucho más fluida, ya que sabe aprovechar mejor sus herramientas que Vigalondo. Chaganty, además, confía en una trama algo menos ambiciosa que la de Vigalondo, más arraigada en la cotidianidad de una crónica de sucesos habitual, como es la desaparición de una chica.

El engranaje funciona y adecúa su trama al dispositivo estructural, cuya única finalidad es narrar, sin llegar a sobrecargar el artefacto, ya de por sí vistoso. Así pues, la historia se desarrolla confortablemente entre las pantallas, sin muchos chirridos, conjurando un storytelling multipantalla contemporáneo con la premisa clásica de no desviarse de contar una historia.

Chaganty, pues, aprueba sobradamente el propósito de su montaje. Pero, la historia peca de convencional y con algún que otro tic de telefilm de sobremesa, como pueden ser algunos giros de guión que rozan la exageración.

Perdonadas estas convenciones genéricas, queda un dinámico entretenimiento consciente de las capacidades cinematográficas de su tiempo, hábil en el mantenimiento del suspense y, también, reivindicativo en las diversidad social de los Estados Unidos al poner como protagonistas a una familia de ascendencia asiática al frente de una trama sin ningún ápice folclórico, que perfectamente habría protagonizado una familia blanca hace diez años. O incluso cinco.

Una opera prima apreciable y bien construida a la que, por desgracia, le auguramos una cierta obsolescencia dentro de unos años, al no sustentarse sobre un contenido de más calado. Esperemos, eso sí, que su vigencia sea superior a la de los estándares milennials.

Escribe Aleix Sales

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