La revolución silenciosa (3)

  06 Septiembre 2018

Y ellos dijeron no al comunismo…

la-revolucion-silenciosa-0La película tapada del verano es sin lugar a dudas La revolución silenciosa, último trabajo de Lars Kraumer, un drama basado en el libro The Silent Classroom escrito por Dietrich Garstka.

Lars Kraumer, después de películas aceptables como El caso de Fritz Bauer y The coming days, dirige una historia ambientada en Berlín, año 1956. Alemania se encuentra dividida, oriental y occidental, antes de la construcción del muro (1961). Dos estudiantes seducidos por la revolución húngara contra la ocupación soviética inician un pequeño movimiento revolucionario contra las prácticas, poco libertarias, de Alemania oriental.

Los jóvenes abren los ojos ante un sistema caduco que no permite la libertad de expresión y deciden hacer un minuto de silencio en clase para reivindicar la revolución húngara. El minuto de silencio se convertirá en un problema que pone en movimiento la maquinaria del poder comunista para el control de la población, en este caso un grupo de jóvenes.

En todo momento los jóvenes esconden el motivo que les había llevado a hacer un minuto de silencio. El motivo que alegan, fuera de toda realidad, es un homenaje a la estrella del futbol húngaro Ferenc Puskás, al que más tarde daban por muerto en las noticias propagandísticas procedentes de Hungría.

La película pone de manifiesto cómo se las gastaban en lado oriental, y eso que aún no habían construido el muro. Hay que recordar que la construcción del muro fue motivada por el éxodo de ciudadanos hacia la parte occidental en busca de libertades, la ocupación soviética en la parte oriental quería frenar la migración de gente hacia el otro lado.

Se exponen perfectamente los hechos reales, sin incidir demasiado en ellos, para que el espectador tenga una idea clara sobre la represión comunista antes de la construcción del muro.

Los hechos históricos evidencian lo que está viviendo Alemania después de la segunda guerra mundial, dividida en dos partes, donde las libertades eran totalmente diferentes. Alemania había vivido una revolución de la clase trabajadora del sector siderúrgico en 1953 y en 1956 se acercaban a la construcción del muro, eran años muy difíciles para Alemania sobre todo en la parte oriental.

La revolución silenciosa es una película que busca promover el instinto revolucionario de los jóvenes desde un punto de vista inocente. A menudo se hace hincapié, leyendo entre líneas, en la esencia de la revolución, donde la mayoría debe decidir sobre la minoría sin que esta última sea reforzada a base de mentiras y también con represiones que atentan a la libertad de expresión con un claro objetivo político.

El film se desmarca claramente de lo simbólico y también de la política más embaucadora, penetrando en la esencia real de toda revolución, la que hace el pueblo llano, antes de la gestión política profesional del movimiento.

En todo momento se expone la represión comunista como crítica a la falta de libertad de expresión y en la libertad para manifestarse. Por ello la película no hace una crítica caduca, todo lo contrario, es una crítica actual, aunque estos hechos sean concretos en relación a los acontecimientos reales que se sucedieron en Berlín en 1956.

Es muy intencionado y necesario, sin ser pretenciosa, exponer en este momento unos hechos ocurridos en 1956 donde los jóvenes son protagonistas. Es bienvenido para levantarnos del letargo actual y defender con criterio aquellas libertades que son justas.

Kraumer consigue hacer una película que está más de actualidad que nunca, si comparamos el momento político actual con el de antaño observamos que hay similitudes, con matices. Hay una semejanza política muy clara con respecto al momento actual, que no ha cambiado, la propaganda política, en términos generales, que se debe a unos intereses económicos que se alejan de intereses ideológicos.

La ambientación, los actores, la estructura narrativa y la capacidad de exponer una historia real y sencilla, pocas veces contada en el cine, dota a La revolución silenciosa de una complicidad silenciosa pero revolucionaria entre el cine y el espectador.

Escribe Marcos Sáez

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