Promesa al amanecer (2)

  31 Agosto 2018

Yugo materno

promesa-al-amanecer-1Si hay algo que se le da de maravilla a Francia es la preservación de su cultura. Es una nación que ha sabido crear a lo largo de los siglos una marca ineludible y referencial, gracias a su especial mimo por todo lo que se crea dentro de sus fronteras, situándolo siempre un escalón por encima del resto. Desde varias disciplinas, los franceses respetan a sus creadores.

Por esta razón, cada año producen una suma destacable de biopics de ilustres figuras de su historia y cultura, con mejores o peores resultados, pero casi siempre desde un rigor académico que cumple con unos mínimos. Después de que el año pasado nos llegarán las lecturas vitales de Jean-Luc Godard en Mal genio (Michel Hazanavicius) o la cantante Barbara en el film homónimo de Mathieu Amalric, ambas con una mirada más personal en su protagonista y de vocación más plástica, llega Promesa al amanecer, centrada en la infancia, juventud y periodo militar de Romain Gary, su autor.

Algo más desconocido que las celebridades citadas, Gary fue un hombre polifacético ya desde sus orígenes judeo-rusos que, tras una infancia en Lituania y Polonia, llegó a Francia, su trampolín cultural. Escritor desde un exhaustivo trabajo, no desde lo innato, hizo incursiones en el mundo del cine, sirvió a las Fuerzas Armadas y trabajó como diplomático.

Promesa al amanecer focaliza en los 30 primeros años de vida de Gary y hace especial hincapié en su relación con su madre, una mujer que impulsó, a veces rozando los límites del exceso y del control, la creatividad y el potencial de su hijo. El encargado de dar forma a las palabras de Gary es Eric Barbier, quien abandona por completo el género de la acción y el thriller para sumergirse en los cánones más académicos del biopic y del melodrama con apunte histórico.

La historia de Gary despierta interés por la singularidad de su personaje y el repunte épico que tiene siempre toda historia con trasfondo épico o con momentos de crecimiento personal, vistos esta vez a través del ejercicio de su escritura. Pero, aún así, Barbier no consigue mantener la tensión y le queda una película que peca de longitud —para lo que cuenta, de la vida de Gary se podría mostrar horas y horas—, y también de un ritmo irregular, lastrado por una aburrida linealidad temporal que la convierte en rutinaria a más no poder.

Su mayor defecto es, precisamente, hacer de una vida extraordinaria y bohemia una película normal y corriente, anclada en una pulcritud académica que no molesta, pero tampoco destaca.

Únicamente son Pierre Niney y Charlotte Gainsbourg —esta en algún momento algo cargante— los que le insuflan algo de carisma a una cinta sumamente respetuosa con la figura de Gary.

Una oda a una figura ilustre con la habitual corrección del buen savoir-faire francés. Lástima, pero, que la oda sea a su vida, y no a su obra, la cual resulta tan invisibilizada en el film como el nombre de Gary cuando ganó su segundo Premio Goncourt —hecho insólito— bajo el pseudónimo de Émile Ajar.

Escribe Aleix Sales | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna