Purasangre (2)

  27 Agosto 2018

Idea actual y original sin profundidad global

pura-sangre-1La cartelera veraniega permite al espectador urbanita tomar riesgos bajo los efectos de una maquina de aire fresco. Y hablando de aire fresco el riesgo podría ejecutarse con la compra de una entrada para ver una película de un director novel, ver una opera prima.

Una buena alternativa, siempre apelando al nivel actual de la cartelera, podría ser ir a ver Purasangre, si la proyectan en tu ciudad, película que no ha contado con los beneplácitos de la promoción invasora, aunque a veces interesante, procedente de Hollywood y que siempre recogemos en España con los brazos abiertos.

Purasangre, primer largometraje escrito y dirigido por Corey Finley, está dividida en cuatro capítulos que narran la historia de dos chicas adolescentes que supuestamente son amigas de la infancia. Lily y Amanda vuelven a verse en una urbanización de Connecticut. Lily es una chica de clase alta refinada y educada en un internado que odia a su padrastro mientras que Amanda se muestra como una persona marginada socialmente, sin sentimientos. En principio son muy diferentes, pero les une el desprecio que Lily siente por las acciones dictatoriales de su padrastro Mark.

La película cuenta con un nivel técnico medio alto, donde destacan algunos encuadres y los primeros planos de los personajes principales Lily (Anya Taylor-Joy) y Amanda (Olivia Cooke). Otro elemento destacado es la música, obra de Erik Friedlander. En todo momento alerta del peligro, algo va a pasar aunque no pase.

Hay silencios y ruidos sospechosos durante toda la película e incluso se utilizan los ruidos de una máquina de fitness para contribuir a la trama cínica y macabra que se va desarrollando en la mente de los dos personajes principales. El director consigue captar la atención del espectador creando suspense en cada escena que recuerda algunos reflejos, lejanos y pretenciosos, del cine de Hitchcock.

Pero este despliegue tan brillante de imagen y sonido no se corresponde con el desarrollo de los personajes y tampoco con el desarrollo de la historia. La división del metraje en cuatro capítulos funciona muy bien. Se entiende claramente la idea que quiere llevar a cabo Corey Finley. Esta idea pasa por hacer un drama social que desemboca en un asesinato motivado por extractos sociales marginales que están carentes de vida, vacios por dentro, sin ningún tipo de sensibilidad. Estos extractos marginales serian adolescentes que carecen de habilidades sociales. Para ello, Finley utiliza un recurso muy recurrente, el aislamiento de los dos personajes principales, Amanda y Lily, en una urbanización donde viven con sus familias adineradas.

La película de Finley, en la onda de títulos como Escuela de jóvenes asesinos, penaliza cuando analizamos la personalidad de Lily. La transición entre el odio a su padrastro y la decisión de asesinarle es muy rápida y en algunos compases restan credibilidad al personaje, siendo previsible. Y no es un problema de interpretación del personaje que a mi juicio es magnífica y además pienso que la actriz (Anya Taylor-Joy) está bien elegida.

No ocurre lo mismo con Amanda, el personaje está bien definido y el espectador tiene información suficiente para imaginar su estado mental, y al mismo tiempo, está bien interpretado. Con Lily no pasa lo mismo pasa de ser refinada y educada a plantearse un asesinato simplemente por odiar a su padrastro, aunque esta percepción no sea la verdadera intención del director.

Es evidente que el director lanza una reflexión sobre las motivaciones que llevan a las dos adolescentes a plantearse semejante barbaridad. La idea es clara, denuncia el aislamiento de los adolescentes según las circunstancias de cada uno. En este caso es porque viven con familias adineradas en una urbanización lejos del contacto con la gente, sin poder sociabilizarse.

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Corey Finley no profundiza prácticamente nada en este aspecto. Un director no tiene que contarlo todo, pero sí la información necesaria para contar bien una historia y esto no ocurre con el personaje de Lily, que cambia radicalmente de la noche a la mañana.

Quizás debería haber mostrado dicho aislamiento de una forma más global, incluyendo por ejemplo la dependencia de los móviles, un hecho que no permite relacionarse.

Purasangre es un drama social, un thriller psicológico e incluso una comedia negra con tintes de sátira social que parte de una idea muy actual y original pero se queda a medio camino por la falta de desarrollo de los personajes sin profundidad global en la historia.

Si quitamos un punto al nivel exigido, Corey Finley, también dramaturgo, consigue hacer una película digna en su debut como director por ello será un director a tener en cuenta en futuros proyectos cinematográficos. 

Escribe Marcos Sáez

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