Ant Man y la Avispa (1)

  23 Agosto 2018

Una película pequeña

antman-avispa-0Llega esta segunda entrega de Ant Man, el Hombre Hormiga, con muchas expectativas sobre sus hombros. En primer lugar, debe mantener bien alto el pabellón de la primera entrega, una película menor, que no pequeña, inserta en la tradición de Marvel de desintoxicar de seriedad al público adicto a sus películas mayores, es decir, aquéllas en las que los protagonistas son principalmente los Vengadores.

La película seminal lograba el objetivo, con un superhéroe torpe pero resolutivo, más preocupado por sus problemas familiares y con la justicia, que de salvar un mundo siempre condenado al apocalipsis. En esta faena le ayudaban Hank Pym, un recuperado Michael Douglas en un papel agradecido y no exento de trazos de humor, y Hope Van Dyne (Evangeline Lilly), en la figura femenina empoderada que, como siempre, se esfuerza en demostrar que es tanto o mejor en todos los aspectos que el protagonista, pero sin acabar de arrebatar el primer puesto en el ranking de los títulos de crédito.

De aquella película conserva la secuela las líneas maestras, algunas corregidas y —no siempre para bien— aumentadas, como el comic relief protagonizado por los compañeros delincuentes de Scott Lang (Paul Rudd), el Hombre Hormiga, con Luis (Michael Peña) a la cabeza. Luis se ganó las simpatías del público con su capacidad para contar historias hasta tal nivel de detalle que podía sacar de quicio al más paciente de sus interlocutores. La habilidad de Peyton Reed, el director, fue la de hacerlo de manera que Peña doblase las voces de todos los personajes que aparecían en pantalla, con falsetes e inflexiones, como si estuviese narrando en tiempo real lo que sucedió.

En esta entrega se repite el truco, y hay que decir que aunque suena a déjà vu, aún funciona: es precisamente ese tipo de cosas que el público espera en una franquicia con protagonistas fuertemente estereotipados. Del mismo modo, el resto de «delincuentes» amigos de Scott roban algunas risas en una película que sin embargo parece haber perdido parte de su esencia.

Porque Ant Man y la Avispa, a pesar de ser más espectacular, es también mucho más pequeña: el plan maestro de los villanos de la primera entrega ha sido sustituido como argumento principal por una historia mucho más ñoña, basada en el rescate de la madre de Hope, esposa de Hank Pym del mundo cuántico y al que se añade una extraña villana (Fantasma) presa de una maldición en forma de superpoderes que busca lo mismo que ellos con fines diferentes.

La verdad es que da la sensación de que a la historia del rescate se le ha querido añadir un poco de acción con tintes de corrección política. Fantasma era en los cómics un chico y se desconocía su etnia. Parece que aquí se ha aprovechado el personaje para dar visibilidad a «otros colectivos», tal y como cada vez es más común en EEUU, donde hasta en las películas de la edad media aparecen afroamericanos y orientales con rango de caballero de la corte.

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Pero en realidad Ant Man y la Avispa es más pequeña porque apenas muestra ambición: lo que en Black Panther —y la comparación es justa, por tratarse de otro filme de clase media— rozaba el atrevimiento, con desafíos éticos sobre lo que se debía o no hacer con la tecnología potencialmente militar en la arena geopolítica, aquí se reduce a un cúmulo de buenas intenciones donde prima lo lacrimógeno frente a lo reflexivo.

Sobran muchos minutos de la historia paterno filial entre Scott y su hija, pero además falta desarrollo en la principal línea argumental del rescate de Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer) en el mundo cuántico. Esta parte de la película abandona toda pretensión de explicación científica, abunda en paradojas y contradicciones y se resuelve de un modo edulcorado hasta la náusea, provocando poco menos que indignación en parte del respetable.

Lo que durante toda la saga ha sido tecnología de ciencia ficción pasa poco menos que a magia mística en un abrir y cerrar de ojos. Antes que conjeturar que nos hallamos frente a una fusión de Dr. Strange con Ant Man, a uno le da por pensar que ha sido la molicie de los guionistas la que ha resuelto por la vía rápida los principales conflictos del filme. Recuerden por favor, señores y señoras de Marvel, que a pesar de ser una peli de superhéroes, esto no justifica los deus ex machina.

Así pues, aún nos quedaría la posibilidad de entender qué demonios puede pasar en la segunda entrega de Infinity Wars merced a los datos que proporcione Ant Man. Sin embargo hay que esperar a las escenas post créditos para saber si hay alguna novedad. La verdad es que novedad y relación con Infinity Wars hay, aunque no sé si puede decirse que satisfará a los anhelantes. Lo cierto es que los guiños de estas dos escenas reconcilian un poco, por su mala leche, al espectador con sobredosis de azúcar argumental que haya podido llegar hasta ellas.

Ojalá Ant Man y la Avispa hubiera seguido más esta jocosa y ambigua senda. El rastro de azúcar está bien para pastorear hormigas, no para conducir a superhéroes sometidos a un destino trágico.    

Escribe Ángel Vallejo


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