Revenge (2)

  13 Agosto 2018

Corre, macho, corre

revenge-1La historia es bien sencilla. Jennifer, una joven bellísima y curvilínea, es la amante de un hombre casado y millonario, que la lleva a su cita anual con otros amigos para ir de caza. Por supuesto, los dos hombres no pueden resistirse a los encantos de Jen y la muchacha terminará siendo víctima de una violación. Los tres amigos intentarán acallarla y, después de un forcejeo en un barranco, la dan por muerta. Pero Jen no ha muerto, y buscará una venganza descarnada contra el grupo de amigos.

Ya desde su primario título, la directora y guionista debutante Coralie Fargeat, pretende que su filme no destaque por la innovación de sus ideas argumentales. Más bien apuesta por la repetición de un enunciado visto una y mil veces, el de una venganza después de una resurrección, para perpetrar un despliegue estético insólito para una opera prima. No en vano ganó el pasado año el premio a la mejor dirección y dirección novel en el Festival de cine de Sitges.

Fargeat no se preocupa por la credibilidad de las situaciones o de los personajes y sabe que para poder apreciar su propuesta uno debe saltar la  barrera de la verosimilitud en un acto de fe propio del cine fantástico. Pero una vez superado el límite de lo (im)posible, desarrollado en la primera parte de la cinta, Fargeat convierte la cinta en todo un festín paroxístico confiadísimo y emocionante en el que no es posible apartar los ojos de la pantalla aunque se nos muestren imágenes de alta repugnancia.

A partir de la anunciada resurrección de la protagonista, se centra en construir un poderosísimo tour de force por capítulos y secuencias que hará las delicias del aficionado al cine de género. De una crudeza descarnada, la obra se va revelando como un ejercicio ultraestilizado, deliberadamente sucio, y hasta grandguignolesco, que se ríe de los estereotipos y de sus caracteres.

Ya desde la bomba sexual supuestamente sin cerebro que representa Jen en los prolegómenos, cosificada hasta el extremo y contemplada como un pedazo de carne jugosa, hasta el simplismo igualmente descerebrado que representan los tres amigos juntos guiados por la testosterona y su entrepierna, la cinta es un ciclón humorístico y sanguinario que destaca por su aluvión de ideas y soluciones visuales.

Es como si Fargeat decidiera haberse estrenado en el mundo del celuloide con una obra que se adhiere al movimiento tan en boga desde hace ya algunos años del #MeToo o del #Niunamenos y tome a su protagonista como una vengadora nata de las violaciones y acosos sexuales perpetrados por el género masculino.

En este sentido, Revenge es toda una pieza cumbre dentro del female empowerment y de todo lo que supone el cine de superheroínas que las nuevas tendencias cinematográficas nos han venido dando en los últimos años. También se enmarca dentro de esa corriente estilística de recrear visualmente los modos de una novela gráfica de arte pop, colorista y efervescente, más propia del terreno del videoclip que de una narrativa fílmica convencional.

Así las cosas, una mujer se enfrenta a tres hombres con ganas de carnicería y de justicia en el medio de un desierto inhóspito. La directora juega con una planificación soberbia: el aprovechamiento de los paisajes, la posmodernidad de sus imágenes o la potencia de su banda sonora y diseño de sonido descubren a Revenge como una de esas propuestas que no se pueden obviar en el panorama del fantástico o el gore internacional. Amén de ser un entretenimiento subversivo y malsano que permanece en la memoria.

La historia es bien sencilla, pero sus imágenes se quedarán grabadas en sus retinas. Avisados quedan.

Escribe Ferran Ramírez

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