El rehén (3)

  11 Agosto 2018

Juego de espías

el-rehen-1Cuando no está en su escritorio puliendo guiones de Hollywood, Tony Gilroy (Michael Clayton, El Legado de Borne) ha intentado establecerse como un neo-John le Carré. El rehén es su emulación más exitosa hasta la fecha, ejerciendo a su vez labores de producción, pero no es precisamente la magnífica El topo, sino más bien un trabajo menor como La chica del tambor (ojo a su adaptación en formato serie de televisión que está preparando el realizador coreano Park Chan Wook).

Su objetivo es el de crear una vista equilibrada de un estado en colapso, donde cada jugador tiene fallos y reclamos legítimos, pero el problema no es su irregular guion; más bien, es la dependencia del director Brad Anderson en el tono sepia trillado y el llamado constante a la oración que es una abreviatura cinematográfica para «en algún lugar de Medio Oriente».

Nunca trata de desentrañar por completo la complicada historia de la región, de los israelíes, Siria y las Milicias de la OLP, de intereses rivales y tensiones entre presuntos aliados (nunca mejor ejecutados que en una trama secundaria febril que involucra a la embajadora de Whigham, la CIA y sus supuestos amigos en el Mossad). Se trata de una pesadilla normalizada: los bombardeos en la distancia como un punto de curiosidad, fuego de ametralladora punteando, pero sin interrumpir una conversación.

Eso sí, el viril John Hamm (¿cuánto le costará a este actor desprenderse de su mítico personaje de Don Draper en Mad Men?) actúa como molde perfecto en la piel de un negociador convertido consultor de negocios que se ve arrastrado de vuelta al pantano de su traumático pasado en Beirut. Su carisma puro y su habilidad casi inigualable de sudar martinis a través de un desaliñado traje de lino y aun así lucir elegante y distinguido, hace girar la brújula moral de la película exactamente como debería.

Ambientada durante lo que resultó ser un cese del fuego temporal en la Guerra Civil Libanesa, este thriller de espionaje tiene la ventaja de ser una historia ficticia y maleable con un auténtico contexto histórico, realista, pero con giros marcadamente hollywoodienses. Los secuestradores, liderados por un joven llamado Karim a quien Mason conoció cuando era un adolescente, exigen la liberación de su hermano, un terrorista que participó en el sangriento ataque acaecido en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972.

El héroe de la función debe negociar con Israel, la OLP, Karim y otros, y cada escena dedicada al toma y daca de la diplomacia brilla electrificada por el encanto áspero de Hamm, quien está acompañado por un elenco de secundarios de solvencia contrastada como Rosemund Pike (Perdida) o Dean Norris (el cuñado policía de Walter White en Breaking Bad).

A riesgo de sonar a cliché o melancólica, El rehén es el tipo de película que no se ve en los cines muy a menudo estos días. Es un thriller político de presupuesto medio escrito de forma inteligente, cuyo público objetivo son los adultos de mediana edad.

Incluso careciendo de subtexto, nos hallamos ante un entretenimiento robusto y adulto sin pretensiones fortalecido por buenas interpretaciones y algunos diálogos convincentes, capaces de cavar profundamente en los personajes.

Presentada en el Festival de cine de Sundance, en algunos países no ha conocido estreno en cines y sí directamente en la plataforma Netflix.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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