Dos mujeres (2)

  05 Agosto 2018

Lo que sé de ella

dos mujeres-1Este melodrama salpicado de momentos cómicos  comienza de forma harto convincente cuando Beatrice llega e interrumpe la apacible vida de Claire. Claire tiene una animadversión hacia ella por haber abandonado a su padre, y todavía la culpa por su suicidio. 

Ella y Beatrice claramente tienen personalidades muy diferentes, pero cuanto más tiempo pasan juntas, el rencor que una siente por la otra va disminuyendo. Ambas se ayudan para crecer de muchas maneras. El guión del escritor/director Martin Provost destaca por orgánico, fascinante y genuinamente sincero durante los primeros dos actos de la película. En ese aspecto es bastante refrescante observar la evolución de la dinámica de una amistad femenina en la pantalla.

¡Qué raro es encontrar papeles tan ricos y complejos para las mujeres mayores en el cine en estos días! Frot y Deneuve irradian carisma y calidez, y es un placer verlas darse la réplica incluso cuando no se llevan bien. En el caso de la segunda, ha pasado de ser una belleza misteriosa a ser una guapa y terrenal setentona (aquí dando vida a una libertaria irredenta, carnal y hedonista que siempre ha tenido claro que el dolor no forma parte de la vida).

Bravo para el director Martin Provost (un especialista en retratos femeninos, con títulos como Seráphine o Violette) por no convertir a sus personajes en caricaturas de una sola nota. Beatrice puede fallar y equivocarse como todos los seres humanos, pero también tiene una conciencia y sentimientos complejos propios. Además, el cineasta francés también merece ser elogiado por incluir personajes femeninos que se someten a cambios innatos en el momento en el que se emiten los créditos finales. 

Para ser justos, Dos mujeres toma un ligero descenso en picado cuando trata de hacer malabares con demasiadas subtramas y giros de eventos a la vez. La forma en que Provost envuelve esas subparcelas peca de ser un poco apresurada y artificial a pesar de que no teme ahondar en el territorio oscuro. 

Este drama es, después de todo, una tragedia, aunque no es tan opaca o profunda como Amor de Michael Haneke. Afortunadamente, las actuaciones estelares de Frot y Deneuve compensan las deficiencias del irregular libreto porque logran elevarse con éxito por encima del material. Es un testimonio de sus talentos impecables que ambas musas del cine galo cobren vida con todas sus complejidades y luchas humanas innatas. 

Por otra parte, la atmósfera de la ciudad rural francesa es encantadora pero también sombría, con una banda sonora minimalista y de paleta gris, que sólo cobra vida con colores vibrantes cuando Deneuve está en la pantalla, destacando entre las diversas composiciones la suave voz de Serge Reggiani, engranaje perfecto para mostrar en pantalla la dicotomía entre responsabilidad y amor.

La fotografía, rica en contrastes, viene firmada por Yves Cabo (Holy Motors), quien amplifica el alcance subrayando la persistente brecha entre el campo y la ciudad, sala de hospital y el bosque. 

En cuanto el resto del elenco actoral, hay que indicar la sobresaliente actuación del siempre eficaz Olivier Gourmet, uno de los intérpretes más activos en el panorama cinematográfico francés, que en 2017 estrenó la friolera de cinco películas (en España llegó a las carteleras El joven Karl Marx y en el mes de septiembre hará lo propio Cambio de reinas). También participan en roles menores los emergentes Quentin Dolmaire (Tres recuerdos de mi juventud) y Pauline Etienne (El león duerme esta noche).

Presentada fuera de competición en la 67ª Edición del Festival de Cine de Berlín.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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