Jurassic World: El reino caído (1)

  22 Julio 2018

Parque jurásico 5 - Mundo jurásico 2

jurassic-world-1Resulta sorprendente el jaleo que ha levantado entre la «crítica especializada» en este país un título que no deja de ser un blockbuster sin más, como muchos otros que se estrenan cada verano. Quizá el hecho de venir firmado por J. A. Bayona sea el motivo de tanto revuelo, porque el film en sí mismo no ofrece más ni menos que el quinto episodio de cualquier otra saga veraniega: mejores efectos especiales, más peleas, menos densidad en los personajes, un guión lleno de agujeros…

Es, como casi todas estas sagas veraniegas, similar a subirse en una montaña rusa: puedes dar vueltas y soltar adrenalina durante un par de horas, pero la vas a olvidar en el mismo tiempo. Como pasatiempo puede  tener su gracia. Como cine, sus carencias son escandalosas.

Para empezar, existe un cierto interés en camuflar que esto es el quinto episodio de la saga Parque jurásico. Y el segundo de la secuela Jurassic World. Como si resultara poco elegante incluir en el título un número tan «jugoso» como el cinco. Por aquello de las rimas, suponemos. Así que de entrada esto casi parece un film original, al menos en el título: Jurassic World: El reino caído. El resto es otro cantar.

Dado que las opiniones son como los culos y cada uno tiene el suyo (más bonito, más grande o más fotogénico, al final todos tienen funciones básicas parecidas), mejor centrémonos en lo que ofrece el film de Bayona y las dudas que por momentos generan a este cronista ciertas situaciones vistas en la pantalla.

Tras el análisis, si procede, ya emitiremos nuestra propia opinión. Pero primero algunas dudas y certezas que genera este episodio 5 de la saga jurásica.

Certeza 1ª:

Las ideas robadas comienzan con el prólogo y ese «tiburón prehistórico» (mosasaurio creo que lo llaman) capaz de comerse a un helicóptero y todo, una imagen que en su día fue tachada de increíble en una de las innecesarias secuelas del Tiburón de Spielberg y que ahora se acepta como si tal cosa en otra de las innecesarias secuelas del Parque jurásico de Spielberg.

Duda 1ª:

Lo curioso es que ese «personaje» es protagonista del prólogo y luego desaparece de la película… creo recordar que en un plano perdido hacia el final del film, que plagia una famosa foto, se distingue su silueta en una ola, junto a unos surfistas, pero su presencia en el film brilla por su ausencia. Personajes que aparecen y desaparecen, una de las excelencias del guión.

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Certeza 2ª:

El final huele a homenaje (¿se dice así cuando se copia una idea de un film anterior?), en concreto a El origen del planeta de los simios, cuando los protagonistas escapan de una gran ciudad y se pierden en un bosque dispuestos (si la taquilla funciona) a invadir el resto del mundo y apoderarse de los cines cada dos o tres veranos.

Duda 2ª:

¿Vamos a asistir a unos veranos muy acalorados para la humanidad en los próximos años, cuando se sucedan en las pantallas de todos los cines la Tierra dominada por simios alternándose con la Tierra arrasada por dinosaurios?… Sin duda dos buenos puntos de vista para que Mad Max también regrese con su enésima secuela, quizá en silla de ruedas y con bastón, dada la edad del protagonista. Pero no demos ideas, por si acaso. Otra de las excelencias: la falta de originalidad.

Certeza 3ª:

Jeff Goldblum (el científico Ian Malcolm, habitual de la serie) aparece en dos ocasiones: al principio, advirtiendo al Congreso de los Estados Unido (o algo así) que lo del Parque Jurásico es un problema y trasladar los animalitos a otra isla no haría sino agravarlo; y al final, nuevamente en el Congreso (o algo así) advirtiendo que, como se han escapado los dinosaurios, el mundo entero es el nuevo parque ya que lo van a arrasar todo: «Bienvenidos al mundo jurásico, Jurassic World».

Duda 3ª:

Este cronista se cuestiona: ¿nuevamente en el Congreso con el mismo vestuario y todo o es que en el montaje se han «inventado» una segunda aparición del (casi) único actor con caché para intentar dar un empujón al alicaído final? En cualquier caso, su aparición resulta injustificada porque no tiene nada que ver con el resto de la trama. Tercera excelencia de lo que se nos muestra: muchos cabos si atar, escenas injustificadas por todas partes.

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Certeza 4ª:

Llevar un dinosaurio a la civilización ya lo hizo Spielberg en el segundo episodio de la saga, como un juego y un homenaje a King Kong. Su título fue Jurassic Park 2: El mundo perdido… y si lo comparamos con el actual Jurassic World 2: El reino caído, las similitudes son más que sospechosas.

Tras ver el episodio, hace dos décadas, se dijo que Spielberg apenas había estado en el rodaje del film, que lo había dirigido por mensajería y conexiones de costa a costa (en los 90, Internet no era lo mismo que hoy conocemos). El director estaba en ese momento rodando La lista de Schindler con el objetivo de ganar el Oscar y este episodio jurásico 2 no tenía más interés que forrarse todos en la taquilla. Ambos objetivos los consiguió.

Duda 4ª:

¿Cómo se puede pensar que esta secuela de la secuela, que copia incluso la idea del traslado en barco a la civilización, pero multiplica todo para darle más emoción, pueda ser considerada como algo mínimamente original? No un dinosaurio, sino un barco lleno de ellos. No una fuga, sino muchas. Una feria (aquí una subasta) inspirada en la de King Kong. En fin, un film que sigue al pie de la letra los mandamientos de cualquier secuela: «Creced y multiplicaos, porque sólo así conseguiréis triunfar nuevamente en la taquilla». Un proyecto donde la excelencia brilla por su ausencia.

Certeza 5ª:

Algunos personajes son obligatorios en la saga y hay que buscar su presencia como sea. Tranquilos, no vamos referirnos nuevamente al científico Ian Malcolm. Hablamos de los dinosaurios. Más concretamente de un T-Rex, al parecer hembra. Durante la caza de dinosaurios al por mayor en la isla (sí, igualita que en Jurassic Park 2), muchos ejemplares acaban frente a un acantilado: lanzarse al agua y morir ahogados o quedarse y morir cocidos en la lava. No hay salida. Entre esos ejemplares está nuestro T-Rex… no sabemos muy bien cómo, pero más tarde descubrimos que está en el barco: lo han cazado, no sabemos cómo. Y lo han cazado porque en el final del film el T-Rex reaparece misteriosamente para liquidar al nuevo matón del barrio: un super dinosaurio con muy malas pulgas.

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Duda 5ª:

¿Recordáis la aparición final por sorpresa del T-Rex en plan «llega el héroe en el último segundo» en el anterior episodio, Jurassic World? Pues aquí la escena se copia al pie de la letra. Nueva aparición sin explicación, de la nada, para salvar a nuestros protagonistas que están en apuros ante el nuevo espécimen de la saga: un tipo con muy malas pulgas, el indoraptor. ¿Se puede desarrollar un personaje peor a lo largo de un guión? Sí, se puede… en el siguiente párrafo saldrán de dudas.

Certeza 6ª:

Ya que hablamos del nuevo malo de la función, el indoraptor, resulta difícil entender que sea un dinosaurio asesino implacable alterado genéricamente, capaz de acabar con todos a la primera… hasta que le toca perseguir a los protagonistas y entonces se convierte en el matón más torpe que este cronista recuerda desde las pelis de psycho-killers de serie B de los años 80: ¡así cómo va a ser un terminator dinosaurio de diseño!

Duda 6ª:

No diría que es una duda en sí misma, sino una afirmación: no se puede basar una película en la indudable máquina de matar perfecta y luego convertirla en un bufón que se resbala por techos de cristal, es incapaz de capturar a una niña en unas escaleras, lo engañan en una habitación cerrada y, en fin, para qué seguir. Toda la credibilidad de la película se viene abajo cuando tu malo-implacable resulta ser un torpe-juguete en manos de unos niños.

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Otras dudas y certezas:

Aparece un nuevo científico que es un calco de John Hammond, el del Parque Jurásico original, con bastón y todo: un buenazo que muere (atentos, pequeño spoiler) porque ordena a uno de sus trabajadores (el malo de turno) que llame a la policía para que lo detenga por malo…y el malo, claro, en vez de coger el teléfono para condenarse a así mismo, coge una almohada y… En fin, lo dejamos ahí.

También se monta una subasta de dinosaurios que podría ser una alusión a cualquier evento de Christie’s y otras casas similares… si no fuera porque no hay ninguna ironía en la escena. Lo que no comprendemos es cómo se puede montar en una noche, mientras viene el barco cargado de dinosaurios, así sin más, todos llegan a la vez, desde distintas partes del mundo.

Aunque hablando del barco, uno no se explica cómo el camión en el que viajan los protagonistas en la isla amenazada por el volcán puede volar (literalmente, oigan) para alcanzar un barco que ya ha zarpado (que además el barco deje la puerta trasera abierta para que entre el camión dentro… en fin, sin comentarios).

Ya puestos, una vez en el barco, uno no se explica cómo durante la larga travesía nadie se da cuenta que se han colado unos cuantos individuos con un camión que, casualmente, alguien había dejado abandonado y con las llaves puestas en mitad del puerto… así que todos llegan juntos (pero no revueltos) a la mansión de turno, a tiempo para la famosa subasta de dinosaurios.

Y ya en la mansión, descubrir que incluye un super laboratorio secreto al que se accede con una clave que una niña sabe (cómo la sabe es algo que no podemos desvelar), o que cuando un personaje se introduce en el laboratorio oportunamente vacío se encuentra un ordenador encendido (menudas medidas de control) donde se proyecta un vídeo «necesario» para que la trama dé un giro fundamental. ¿Alguien se dedica a ver vídeos y dejarlos en marcha toda la noche?

Por último, un detalle que no nos resistimos a contar, aunque este párrafo puede contener información indebida (bueno, como el resto del texto): ¿qué harían ustedes si descubren, en mitad de la función, que un personaje no es un ser vivo normal, sino un clon (o un androide, vaya usted a saber)? ¿Adelante con la función sin más? Ah, bueno, entonces no se sorprenderán cuando vean algo de esto a lo largo del film.

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¿Y el toque Bayona?

Debe ser una leyenda, porque en este film la única «novedad» respecto a los anteriores de la saga es la presencia de Geraldine Chaplin, en un papel con aires de misterio del tipo El orfanato. Por lo demás, nada que refleje el genio de su director.

Se podría alegar que el director ha trabajado sobre un guión ya existentes, en este caso obra de Colin Trevorrow (casualmente, director del episodio anterior: Jurassic World), pero todos sabemos que un autor hace suyos los elementos escritos por cualquier guionista, los adapta a su forma de ver el mundo, los encaja en su universo particular. Exactamente lo contrario de lo que aquí sucede: Bayona se amolda a las necesidades de la saga, no en vano el film de Trevorrow recaudó más de 1.600 millones de dólares en todo el mundo y la secuela sólo tiene que cumplir una misión: recaudar por lo menos esa cantidad... ofreciendo más de lo mismo.

El resto son problemas de guión, efectos especiales espectaculares, la música de Michael Giacchino que homenajea un par de veces el tema musical original de John Williams (el resto de la función sigue su línea personal del primer Jurassic World, o sea, el cuarto episodio de la saga), incongruencias narrativas, carreras sin fin, gritos al más puro estilo «niños insoportables» del primer Parque jurásico, apariciones y desapariciones misteriosas de personajes…

En fin, el típico film comercial veraniego, nada nuevo bajo el sol.

Una completa desilusión, oigan.

Escribe Mr. Kaplan

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