Whitney (3)

  09 Agosto 2018

 Juguete roto

whitney-1-cartelDentro del entorno musical no hay nada que contribuya a la deificación de un artista más que la desaparición prematura de éste. Desde la extensión mediática del rock y el pop a partir de los años 60 del pasado siglo son innumerables las figuras que por diversas razones (accidente, enfermedad, alcohol, drogas, etc.) dejaron este mundo cuando todavía tenían algo que decir.

La ascensión y caída de una estrella, de la que algunos sobreviven y otros no, es un relato dramático que cuenta con un ápice de romanticismo trágico que se ha ido construyendo a lo largo de estos años. Un relato que todo el mundo parece entender como un elemento casi inherente a la profesión y que salpica la actualidad de vez en cuando. Últimamente hemos asistido a la desaparición de figuras como Michael Jackson, Amy Winehouse, Prince, George Michael, Lil Peep o Whitney Houston.

Kevin Macdonald, a quien conocemos por sus filmes de ficción como El último rey de Escocia o La sombra del poder, es un reputado documentalista que a lo largo de su carrera se ha acercado al análisis de artistas como Mick Jagger (Being Mick, 2001) o Bob Marley (Marley, 2012). Por lo tanto no es extraño que, tras la muerte de la cantante y actriz americana, se decidiera por abordar su  figura musical, pues la vida y la trayectoria de Whitney Houston, a pesar de la existencia de un trabajo documental (Whitney: Can I Be Me, 2017) y un biopic protagonizado por Angela Bassett (Whitney, 2015), todavía ofrecía los suficientes enigmas y zonas oscuras para justificar una revisión.

El enfoque de Macdonald queda patente desde el inicio. Los títulos de crédito nos muestran imágenes de la sociedad que ve triunfar a Whitney, mediados de los 80 y principios de los 90; son imágenes en color, triunfalistas, flashes que reflejan un momento. Sin embargo, estas imágenes terminan deteriorándose y fundiéndose con otras de los disturbios raciales en Newark (Nueva Jersey), unos sucesos que ocurrieron en el barrio de la futura cantante durante su niñez.

Dos retratos sociales distintos. Una imagen de triunfo pero que apenas se distancia de un pasado oscuro, de lucha, de diferencias. Un binomio que se arrastra simbólicamente a la vida de la artista: por un lado, una imagen pública triunfal, y por otro lado, una cara oculta, menos amigable, que de puertas hacia dentro traslada un foco de conflictos.

Un discurso que se enmarca formalmente en el esquema tradicional de ascenso y caída. La infancia, los orígenes, la inclinación por la música fruto del vínculo familiar (su madre, su tía), los primeros pasos y el triunfo absoluto que la convierte en un estándar de princesa de pop luchando con la necesidad de dulcificar sus raíces negras para llegar a todo el público.

Una adaptación al mainstream que le supuso el enfrentamiento con su propia raza o la necesidad de lidiar con los rumores sobre su supuesto lesbianismo en una época en que no era fácil para una artista afrontar su sexualidad (tanto ante la familia como ante la sociedad).

Cada documental apuesta por un elemento que unifica o estructura el contenido. En este caso, al ser un filme que cuenta con el visto bueno de la familia de Whitney Houston, Macdonald cuenta con el acceso a los testimonios de todo el entorno de la cantante (la madre, los hermanos, los amigos, los profesionales que trabajaron con ella, etc.).

De esta forma el formato es muy tradicional: entrevistas rodadas ad hoc que se intercalan con el material documental (apariciones televisivas, fragmentos de giras, imágenes de escenas familiares) en las que se va recomponiendo la trayectoria profesional y familiar.

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El documental muestra cómo el triunfo de El guardaespaldas (The bodyguard, 1992), que la convirtió en una megaestrella, supuso paradójicamente el cénit de su carrera y el comienzo de un declive provocado por su relación con las drogas y la tormentosa relación con su marido.

A partir de ahí un relato conocido que certifica el descenso a los abismos: adicciones a las drogas, empeoramiento del estado físico, problemas personales, declive profesional, dilapidación de la fortuna económica, entorno familiar egoísta, etc.

Quizá sabedor de que la estructura del documental no apuesta por la originalidad, Macdonald se guarda una carta que únicamente muestra treinta minutos antes de acabar el film, en el momento en que la caída vertiginosa de la artista afronta un camino sin retorno.

Este golpe de guión viene de la revelación efectuada por su tía Mary Jones que relata cómo la propia Whitney le confesó que sufrió abusos sexuales por parte de su prima Dee Dee Warwick, hermana de la cantante Dionne Warwick; un acoso apuntado por uno de los hermanos de Whitney que también revela que los padeció.

Dee Dee, que el realizador había mostrado en un flash en la parte inicial del documental, reaparece en la parte final como protagonista de un hecho que podría explicar el terrible peso de un pasado que indudablemente marcó el destino de Whitney Houston.

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Frente a los insustanciales comentarios del resto de familiares (siempre esquivos y ajenos a su propia responsabilidad), esta revelación guía el tramo final en el que se escenifica la caída del mito.

Para certificar la importancia de la infancia en el posterior desarrollo de la vida, el documental termina con la muerte de la hija de Whitney, Bobbi Kristina, tras ser testigo a lo largo de su infancia y adolescencia del tumultuoso matrimonio de sus padres y enganchada a las drogas desde la muerte de su madre.

Se cierra el círculo iniciado al principio. El documental muestra la diferencia entre el mito y la persona, la megaestrella y la cantante portentosa, la imagen de felicidad ante el mundo y la insatisfacción interior.

En El guardaespaldas, que contaba con un inteligente guión de Lawrence Kasdan, la cantante, tras superar tragedias personales y adicciones, aparece en la escena final en un aeropuerto. Tras un intenso beso interracial entre los protagonistas, que suena a despedida, entendemos que coge emprende su camino. Aeropuerto, viaje, avión. Representación de la intención de dejar atrás el pasado y afrontar un futuro esperanzador.

Pero eso es el cine. En la vida real, justo a los 20 años del exitoso filme, Whitney Houston no cogió ningún avión que le permitiera reconducir su vida. El documental de Kevin Macdonald explica el porqué de esa metafórica pérdida.

Escribe Luis Tormo  

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