El mundo es suyo (1)

  29 Junio 2018

El dinero no es lo importante

el-mundo-es-suyo-0La comedia siempre ha sido uno de los géneros predilectos de nuestro cine por varias razones: es barata, funciona en taquilla y, en general, nos gusta reírnos de todo. Y más de nosotros mismos.

Así lo demostró el fenómeno de apellidos vascos que sacudió cada cine hace ya cuatro años. Sin embargo, dos años antes hubo otra película, de menor repercusión, pero encuadrada perfectamente en este mismo género y protagonizada por dos actores que, precisamente, tendrían también un papel en el éxito capitaneado por Dani Rovira.

El mundo es nuestro se constituyó como un descubrimiento, una pequeña joya que cada espectador que tuvo la suerte de ver asumió como una película distinta, original y con unos objetivos claros. La comedia de Alfonso Sánchez (también director) y Alberto López sabía hacia dónde apuntaba, y con los pocos recursos que contaban concretaron al máximo la historia que querían contar y la forma de hacerlo.

El mundo es suyo, y no supieron qué hacer con él

Aunque la película les aseguró algún premio y un reconocimiento más amplio a los dos actores, fue tras la bomba de Ocho apellidos vascos cuando culminaron su ascenso y, finalmente, pudieron plantear una secuela para su primera obra.

El mundo es suyo es una continuación improvisada, como tantas secuelas, poco necesaria y nada acertada. Con un presupuesto notablemente mayor, sustituye el nada molesto estilo chusco de la primera por un envoltorio de corrección formal, afeado por una planificación poco imaginativa que no ayuda a la historia.

Los actores no parecen, además, encontrar un tono interpretativo adecuado, quedándose a medio gas alrededor de los protagonistas, que de forma mecánica despliegan la retahíla de acciones que caracterizan a sus personajes. Así, ambos quedan reducidos a un estereotipo monótono y con pocos momentos de auténtico humor fresco entre ellos, y el resto del reparto navega a la deriva en una total falta de convencimiento y de dirección, incapaces de defender a ningún personaje.

La producción de mayor escala parece haberles dado carta blanca para conseguir una serie de elementos con los que seguro fantaseaban desde la concepción del guion, como persecuciones de coches o multitud de localizaciones. Todos desaprovechados. Las persecuciones, pobremente presentadas, acaban resultando repetitivas para dejar apenas un par de gags que merezcan ser recordados. Y los distintos espacios son un batiburrillo de lugares por los que los protagonistas deben ir pasando para conseguir su objetivo.

La ilógica de la comedia

Dentro del género cómico se permiten una serie de licencias casi siempre relacionadas con personajes de tono exagerado, rayando lo irreal o lo decididamente extravagante. Sin embargo, como toda ficción, debe seguir una lógica interna que le dé sentido al conjunto.

En El mundo es suyo, ninguno de los personajes parece atender a esta lógica interna, tomando decisiones poco o nada argumentables con el trasfondo de cada uno, y embarcándose en líos que pierden toda la comicidad al preguntarse el espectador por el sentido real que ha llevado a esa situación.

Todo ocurre de forma manifiestamente premeditada (desde el guion), y el culmen de este sinsentido llega, de hecho, en un final en el que una de las tramas principales se cierra con una revelación que priva de sentido a todo lo ocurrido en dicha trama. Incluyendo las famosas persecuciones.

En definitiva, la película viene a emborronar el trabajo realizado en la anterior entrega, perdiendo la hábil crítica social que fue tan destacada, y que aquí queda pegada de forma artificial con un par de personajes secundarios a los que el guion coloca en la mayoría de escenas.

Escribe Alberto Pino | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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