A estación violenta (3)

  28 Junio 2018

Almas perdidas en el mar del tiempo

a-aestacion-violenta-0Ojalá se hiciera más cine así en España. Ojalá encontrar más mujeres directoras. Ojalá tuvieran los cineastas noveles más oportunidades para poder realizar su opera prima. Ojalá se educara para consumir más cine así en España.

La primera película de la realizadora gallega Anxos Fazáns manifiesta una mente sensible, curiosa y reflexiva. El filme también es la prueba de una búsqueda de un estilo personal y particular. La historia brilla precisamente por su sencillez y su capacidad para atrapar con la poesía de lo pequeño y de lo cotidiano.

Es inevitable encontrar ciertos parecidos entre aquello que nos quiere contar Anxos (y cómo lo cuenta) y los grandes temas de grandes cineastas como lo son Eric Rohmer o Hong Sang-Soo. También encajan aquí algunas películas de Jim Jarmusch, como por ejemplo Extraños en el paraíso o Flores rotas.

Dicho parecido se hace patente a través de un retrato nostálgico, íntimo y contenido de las relaciones amorosas y amistosas en conexión con el paso del tiempo. En este sentido también se podría encontrar cierta semejanza con el cine de Jonás Trueba o con la reciente Verano 1993 de Carla Simón.

El verano es precisamente el motivo que engloba a la obra, y ello ayuda tanto al contenido como a la forma de la misma. Con respecto al fondo, ayuda a darle ese tono desenfadado, tranquilo y poético que la directora busca. Si nos centramos en lo formal, veremos cómo esta estación aporta a la imagen y al sonido una quietud y un preciosismo elevados.

El uso del formato analógico refuerza todavía más lo anterior. Y es que tanto el grano de la película de 16mm como los colores que ésta retrata dotan a los planos de un gran esplendor fotográfico. A ello cabe sumarle el hecho de que tanto las localizaciones como las composiciones internas de los encuadres gozan a su vez de una enorme belleza.

Sin embargo, la calma se rompe en ciertas ocasiones transformando A estación violenta en una película de contrastes. Y ello encaja perfectamente con lo que se está tratando: el desgaste de las relaciones, el paso del tiempo, la juventud perdida, la muerte.

Esas rupturas se ven realzadas con el uso del sonido y particularmente de la música. Encontramos numerosas escenas que transcurren en bares o conciertos donde suena un provocador punk underground gallego que no deja indiferente. Uno de dichos grupos —Contenedor de mierda— está además liderado por la propia Anxos Fazáns.

A estación violenta es también una obra honesta, que no engaña al espectador tachándole de estúpido. Es una película que propone una reflexión a través de un punto de vista personal pero que no nos dice cómo tenemos que pensar sobre ello. Todo lo contrario. Sin caer en lo críptico, la cineasta gallega nos invita a realizar los dos mejores ejercicios que puede despertar el cine: sentir y pensar.

Con respecto al trío protagonista cabe destacar la interpretación de Nerea Barros, aunque sus dos compañeros —Xosé Barato y Alberto Rolán— no se quedan atrás. Los tres intérpretes son la viva encarnación de la esperanza desesperada, de la juventud marchita, del presente sin futuro. Gracias a ellos los personajes viven inmersos en una burbuja muy verosímil de recuerdos, ironías y angustias.

La opera prima de Anxos Fazáns es un filme de miradas, silencios, espaldas, desnudos, drogas, alcohol, punk, amores, desamores, encuentros y desencuentros. Pero sobre todo es un filme que lucha por rehuir de lo comercial y que ahonda en la faceta artística y autoral del cine, y es por ello por lo que repito:

Ojalá se hiciera más cine así en España. Ojalá encontrar más mujeres directoras. Ojalá tuvieran los cineastas noveles más oportunidades para poder realizar su opera prima. Ojalá se educara para consumir más cine así en España.

Escribe Pepe Sapena

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