Amante por un día (4)

  10 Junio 2018

Del amor y del deseo

amante-por-un-dia-1«Hago películas por el placer de hacerlas no por el impacto que puedan tener en los espectadores; dejo de interesarme por ellas después de verlas por primera vez en proyección. A partir de ese momento sólo me importa el siguiente proyecto. De las casi 300 películas francesas que se realizan al año, en este momento, cómo máximo sólo unas diez merecen la pena, pero su existencia es necesaria ya que de esa manera puede también existir el cine de autor» (Philippe Garrel)

Muchas de las cuestiones que he explicitado en la crítica de Un sol brillante sobre Claire Denis serían válidas para este filme, tanto por el desconocimiento que se tiene de Garrel en España, como por el tema tratado, por la generación a la que ambos pertenecen,  incluso por el número de películas que ambos han realizado (alrededor de las treinta).

Si de Denis se había estrenado comercialmente una película en nuestras salas comerciales, de Garrel ninguna, salvo un ciclo en un festival y varias filmotecas, incluida la de Valencia. Ahora llega su último filme, pero restringido a salas en versión original subtitulada, Amante por un día, de tan solo 76 minutos, rodado en 35 mm como todos los títulos que ha realizado (aunque, cómo ha dicho en alguna entrevista, no existe ninguna copia en celuloide ya que, para su exhibición, se pasó a digital) y en blanco y negro (de los aproximadamente treinta títulos que ha realizado solo en seis ha utilizado el color).

Según el director, Amante por un día forma parte de una trilogía sobre el amor y el psicoanálisis. Para Garrel, en este caso se trataría el tema del inconsciente. Lo cual, como otras afirmaciones suyas o de otros realizadores (a veces con ansia de despistar) es discutible. Hable o no hable de ello, como en todo su cine está presente el amor, su búsqueda y el deseo como centro o diferenciación del amor romántico (?).

Garrel vivió el mundo del cine desde muy pequeño. Su padre Maurice Garrel (1923-2011) intervino como actor en unas ciento cincuenta películas, algunas ligadas a directores de la nouvelle vague, entre ellos Truffaut (en La piel suave y La novia vestida de negro). No es raro que el hijo se sienta heredero de tal movimiento («el cine que me interesa es de la nouvelle vague y el posterior, no el anterior», ha declarado) hasta el punto de referirse muchas veces a directores y a filmes de la nouvelle vague como sus preferidos: Godard (Vivir su vida, Alphaville), Truffaut (Los 400 golpes, La piel suave, La mujer de al lado), Eustache (La maman et la putain), Leos Carax… al tiempo que, sorprendentemente, muestra su antipatía por realizadores encumbrados por la nouvelle vague como por ejemplo Hitchcock.

De Alphaville dice Garrel: «Tenía 13 años cuando la vi y su visión cambió por completo la idea que tenía sobre el trabajo de un director. Para mí, ser director era dirigir actores, indicarles cómo interpretar las escenas, pero al ver el filme de Godard me dije que dirigir una película no era sólo ese trabajo interesante, sino que también era fantástico que uno pudiera decir lo que quisiera, sentirse completamente libre, dando lo máximo posible».

En el documental Les ministères de l’art (1988), rodado para televisión, procede a entrevistar a varios cineastas de su generación, con los que se siente unidos, para que hablen sobre sus preferencias, los problemas que encuentran en el cine que realizan.  Se trata de Chantal Akerman, Juliet Berto, Jacques Doillon, Benoît Jacquot, Werner Schroeter, Briggite Sy, André Techine y Leos Carax, quizá de todos ellos el más distante y original, como ejemplo de ello se presenta a la entrevista (dentro del filme) llevando un voluminoso guión que… no es más que la guía telefónica. El documental está dedicado a Jean Eustache que se había suicidado en noviembre de 1981, el cineasta y amigo al que admiraba («Cuando murió comprendí definitivamente que no había ninguna posibilidad para un artista de ver reconocido su trabajo en vida, por lo que la sociedad le conduce a abandonarla»).

Philippe Garrel dirigió su primera película con sólo 15 años, el cortometraje Les enfants déssarccordés. El mayo francés, al igual que a gran parte de los directores más comprometidos de la nouvelle vague, le apasiona y se une al movimiento revolucionario («así como siempre habrá guerra en el mundo también siempre habrá movimientos revolucionarios. Si hay algo que no se puede eliminar de la sociedad moderna capitalista es el hecho de que existan llamas revolucionarias. La revolución es parte de la moral de un país») e incluso participa en algunos documentales rodados en vivo durante el movimiento. Conoce entonces a Godard, quien apadrina sus comienzos, llegando a afirmar que los mejores trabajos cinematográficos sobre el mayo revolucionario son de Garrel.

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Por aquellos años conoce a la cantante alemana Christa Päffgen (1938-1988), Nico, una de las cantante del grupo The Velvet Underground, además de modelo y actriz con la que vive durante diez años una apasionada historia de amor y actúa en alguna de sus películas (Nico ya había intervenido en La dolce vita de Fellini). A Nico le dedica J’entends plus la guitare (1991). La amante, cantante y actriz falleció en 1988 en Ibiza por un error médico: paseando en bici con su hijo, cayó y se golpeó la cabeza debido a un desvanecimiento. En el hospital diagnosticaron insolación cuando, en realidad había sufrido un ataque al corazón, originando un derrame cerebral. El gran éxito y el valor de la cantante habían sido sorprendentes, pues era sorda de un oído.

En los años setenta Garret —abocado a las drogas y al sexo— vivió experiencias traumáticas que le condujeron a la locura, recibiendo varias terapias entre ellas  tratamientos de electro-shock. En ese tiempo inicia sus películas biográficas, nunca abandonadas, aunque trata de ocultarlas tras (aparentes) tramas sencillas. Trabajos que acomete incluso dando papeles relevantes a sus familiares. Se casa con Brigitte Sy, con la que tiene dos hijos, Louis y Esther.

Brigitte Sy (1956) comienza a trabajar como actriz en las películas de su marido. La primera de ellas es Liberté,la nuit (1984). Ha intervenido en más de cuarenta filmes. En 2008 escribe y dirige el cortometraje L’endroit ideal, al que siguen los largometrajes Les mains libres y L’Astalago, ambos de 2015.

Uno de los ejemplos más fehacientes del cine de Garret aparece en el que quizás sea su título más emblemático, Les amants réguliers (2005), donde el protagonista, François es interpretado por su hijo, mientras que su mujer interpreta a la madre y el padre de Garrel hace de abuelo. Un filme donde, además, aparece la que será su siguiente mujer, Caroline Deruas-Garrel, guionista junto a Garrel de Un été brûlant  (2011), La jalouise (2013), L’ombre des femmes (2015) y Amante por un día (2017), las cuatro últimas películas que por el momento ha realizado Garrel, formando las tres últimas una trilogía sobre el amor.

En Un été brûlant y en La jalouise interviene su hijo, mientras que Amante por un día está protagonizada por su hija. En la segunda parte de la trilogía no interviene nadie de su familia, incorporando por primera vez como guionista a Jean Claude Carrière, quien repite en Amante por un día junto, en ambos casos, con Caroline Deruas, Arlette Langman y el propio Garrel.

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Y no solamente en Los amantes regulares se muestra de forma clara el asentamiento del cine de Garrel en elementos biográficos (al igual que ocurre en la primera época de Godard o en algunos títulos de Truffaut), sino en varias más. Otro claro ejemplo es Les baisiers de secours (Los besos del consuelo, 1988), donde aparece toda su familia (excepto uno de sus hermanos, Thierry) interpretando diferentes papeles: un cineasta Mathieu (interpretado por el propio Garrel) piensa en escribir un guión para su esposa (interpretado por la que era entonces su mujer, Brigitte Sy), pero decide que sea otra actriz quien lo interprete, lo que provoca el enfrentamiento entre la pareja. El hijo en la película es el propio hijo de ambos y el padre de Mathieu es el padre de Garrel.

El hijo de Garrel, Louis (1983) ha actuado en más de treinta películas, dirigiendo, después de varios cortos, su primer largometraje en 2015, Les deux amis, mientras que su hija Esther (1991) también ha intervenido en alrededor de treinta títulos siendo el más conocido Call me by your name (2017). Es probable que al padre no le hiciese demasiada gracia el protagonismo de Louis en la mediocre Mal genio interpretando a un paródico Godard.

Philippe Garrel, a pesar de ser un desconocido en España y de haber estrenado tan sólo en salas comerciales Amante por un día, es una presencia habitual en los festivales, habiendo recibido varios premios. En 1980 ganó el premio Jean Vigo por L’enfant secret, siendo su siguiente película Liberté, la nuit (1984), premiada en Cannes. En 2005 recibió el premio de la crítica Europa por Les amant réguliers, uno de sus mejores filmes, en el que analiza, desde un punto de vista político, el papel de la juventud francesa en el Mayo del 68. Garrel no sólo dirige, también escribe, produce y monta sus películas. Actualmente además de su labor cinéfila ejerce de profesor en La Fémis, la escuela superior de imagen y sonido de Francia.

Si se exceptúa Les amant réguliers, de cerca de tres horas, la casi totalidad de sus películas posee una duración normal o menor, incluso. Así, entre sus últimos títulos, Amante por un día dura 76 minutos y L’ombre des femmes se queda en los 73.

Como ya hemos indicado, de toda su filmografía sólo seis títulos se rodaron el color. La preferencia por el blanco y negro parece deberse a un consejo recibido de Henri Langlois, el que fuera el gran director de la filmoteca parisina, uno de los pocos amigos que tuvo en el cine (y al que debe haberse convertido en realizador): le aconsejó que si le gustaba el blanco y negro y filmar en 35 mm no dejase de hacerlo pues nunca iban a dejar de rodarse filmes de esa forma, ya que en ello está el origen del cine y nunca se podrá negar el origen de algo. Se define como heredero de la nouvelle vague, y realiza una analogía entre este movimiento y el impresionismo para pasar a definirse como posimpresionista. Para él, el verdadero cine comienza con la nouvelle vague.

Garrel también ha realizado películas totalmente mudas. Una rara avis del cine actual, que sería importante conocer y valorar en su justa medida. Para los interesados en su obra hay, al menos, un libro publicado en España con motivo de un ciclo que preparó el festival de San Sebastián y que luego se pudo ver en varias filmotecas. El libro bilingüe (español e inglés) fue editado por el festival donostiarra en colaboración con  otras entidades, entre las que se encuentra la Filmoteca Valenciana, coordinado por Quim Casas, analiza la obra del director hasta el año 2005, o sea acaba con Los amantes regulares, con lo que quedan fuera los cinco títulos realizados desde entonces. Su título, Philippe Garrel, el cine revelado (2007).

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La película

Con Amante por un día, Garrel concluye su trilogía sobre el amor. Tres películas que comparten un mismo tema desde variaciones diferentes, rodadas con un coste pequeño y en tiempo record: en 21 días filma y monta cada una. En las tres, según el director, desea hablar del psicoanálisis aunque, como dice Garrel, puede ser que los espectadores no las entiendan así.

Cuando rueda la primera, La jalouise (Los celos, 2013) su padre ha muerto, y en ella quiere, con la presencia como actor de su hijo, rememorar historias de la juventud del padre fallecido. En la segunda, L’ombres des femmes (La sombra de las mujeres, 2015), no trabaja, cosa rara, nadie de la familia de Garrel. Esa ausencia se debe, en palabras del director, a que cree que no se puede trabajar con parientes, al tratar ciertos temas (?) que tengan que ver con la sexualidad y la líbido. En Amante por un día actúa su hija Esther (por cierto también presente en La jalouise), que no es una recién llegada al cine. Su primer papel fue Sauvage innocence (2001) dirigida también por su padre. En total ha actuado en cerca de 30 películas.

El protagonista de la película, el padre de Esther (Jeanne en el filme), es interpretado por un veterano actor, Éric Caravaca, con más de setenta títulos en su haber. La sorpresa, como actriz, se encuentra en el tercer personaje, la joven actriz (hace su debut con este título) Louise Chevillotte (Ariane), con un cierto toque a la Bardot, a la que Garrel filma en primorosos primeros planos. Pocas veces el último cine ha sacado tal partido del primer plano de un rostro, tal es el primor procurado por Garrel que nos lleva a pensar en (desde planteamientos diferentes y salvando las insalvables distancias) la fuerza expresiva conseguida por Dreyer del rostro de Maria Falconetti en La pasión de Juana de Arco (1928).

Garrel, en sus curiosos planteamientos sobre películas y psicoanálisis, dice centrar su último filme en el inconsciente, e incluso, va más allá, al afirmar que se centra en el complejo de Electra, o sea, la contrapartida del complejo de Edipo: la niña/mujer enamorada del padre.

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Pienso que es difícil ubicar la historia en la afirmación de Garrel, y que, ni mucho menos, los celos entre ambas mujeres (amante e hija de la misma edad) generen problema alguno en el filme, aunque en algún momento la amante se siente despechada (cuando Gilles llega a casa y el primer beso es para la hija). Sea como sea entre ambas no existe competitividad alguna por el amor del amante-padre.

He planteado el título, general, de este artículo, como amor y deseo y por ahí es por donde más bien camina la película y sus personajes. Dos mujeres que, por momentos, podrían ser vistas como las dos caras del mismo personaje: la amante sensual, en busca del placer por encima de cualquier otra cosa, frente a la hija buscando un amor (estable) de pareja, de unión, más en una línea romántica, centrada en el joven que al comienzo del filme la ha abandonado.  

Dos mujeres, dos formas de enfrentarse al acto amoroso o a su pensamiento sobre el sentido del amor, que quedan clarificadas en las dos primeras escenas: la mujer en busca del placer (y cuya cara lo expresa de forma fehaciente) sin importarle donde hacerlo posible (en dos momentos tiene lugar en los servicios) y que busca a su amante. Es ella quien decide, encuentra y conduce las breves relaciones. Excelente ese momento en que después de acostarse con el hombre que acaba de conocer, deja, al despedirse, y mientras él duerme, un mensaje sobre el espejo de la habitación indicando que nunca jamás volverá a repetirse esa relación.

Después vuelve a lo que considera lo contrario de lo acontecido, el hogar en el que quiere mantenerse… aunque sea imposible: la difícil cohabitación desde la infidelidad incapaz de ser entendida por un profesor progre pero asentado en la burguesía. Mientras que la hija de Giles se siente prisionera de su sentido amoroso, Ariane, desde su inclinación al placer, se siente libre, incapaz de ser dominada o violentada en sus decisiones. Aunque ambas mujeres, en sus conductas, oculten algunas de sus vivencias.

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Después del inicio, con el encuentro sexual entre Ariane y Gilles (el profesor), que va más allá de ese acto al intentar vivir ambos juntos, la película se centra en la joven, Jeanne, que llora desconsolada en la puerta de una casa. Abandona la casa de su novio al haber roto con él y llora porque para ella la vida sin su pareja no tiene sentido. La vemos, en la noche, arrastrar su maleta hasta llegar a la casa de su padre en busca, eso sí, del hogar perdido y que ya no es el suyo. La niña convertida en mujer busca otro horizonte.

La realidad es clara. En lo que fue su hogar (y quizá por ahí son las palabras de Garrel sobre el complejo de Electra) hay otra mujer, la amante de su padre, una chica joven, de su misma edad… que es, hasta cierto punto, su doble. El padre que se levanta a abrir a la hija, a prepararle una infusión, la hija llorando, la visión de un bolso abierto sobre la mesa, confirma a la hija la presencia de una mujer en la casa (no sabemos, ni sabremos, si los padres se encuentran divorciados o la madre ha muerto) a la que Jeanne en el primer encuentro comparará con su madre: “eres menos guapa”.

Queda dicho que más que una rivalidad entre ambas mujeres se produce un encuentro, en el que se muestra su distinto carácter y sus diversas posiciones frente a la vida. Ante la negación del amor, Jeanne quiere quitarse la vida, Ariane goza de la vida y toma de ella, como sea, lo que quiere. Un ardor frente a una pasividad, un disfrute frente a una angustia.

Películas las de Garrel de despedidas y de bienvenidas, de puertas que se abren y cierran constantemente, de paseos por una ciudad solitaria (París), donde se reflexiona o, simplemente, se va de un sitio a otro. Cotidianidad total avalada por unos encuentros, alguien que riega las plantas existentes en un balcón y el agua cae sobre los protagonistas, el caminar en la noche donde no pasa nada extraordinario, quizá el encuentro con una alumna con ganas de marcha, igual que Ariane, y a la que Gilles no sigue en ese ansia de ligue, quizá el creer que se ha visto a lo lejos al novio que la ha dejado, salidas para cenar o para reunirse con unos compañeros. Simples hechos, pequeñas vivencias.

Si la película se abre sobre dos mujeres, una esperando al ser del que obtener placer y otra llorosa al haber sido expulsada de la casa por su amante, el cierre será simplemente con un beso, en la noche que señala el reencuentro de la pareja que rompiera en el comienzo. Jeanne, a lo largo del filme, ha sido incapaz de seguir a la amante de su padre en tomar el placer, en asentir en sus consejos. Jeanne no se ha suicidado, ha acudido a una fiesta, ha bailado, pero ha seguido pensando en su pareja. Ese cierre, esa escena final, muestra a Gilles marchando sólo a su casa, de la que ya ha desaparecido Ariane. Soledad y encuentro, en ese cierre que no es más que un parón, producido además en un día señalado: el del cumpleaños de su hija. La vida sigue. El final de la película, pues, no es tal. Es un punto y seguido como lo es en su totalidad, repleta de efectivas elipsis, de saltos en el tiempo, de forma que sólo se señalan, se escogen aquellos instantes significativos, nimiamente significativos.

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No hay tragedias, sólo el discurrir de unas vidas, de unos personajes que no discursean, sólo hablan, reaccionan, cotidianamente, frente a lo vivido: Ariane llegando a la casa y evitando que Jeanne se arroje por la ventana; Ariane haciendo el amor con el que acaba de conocer pero intentando ser, sin poder, fiel a una vida normalizada; la bofetada, prevista, de Gilles a Ariane después de que él ha descubierto casualmente (quizá el momento más forzado del filme) el encuentro sexual de ella; un baile, simple y feliz, para Jeanne; una discusión entre estudiantes con el profesor en un bar donde se cuela, en una reminiscencia de las películas de la nouvelle vague de los años sesenta, el tema de Argelia. Y un carrusel de momentos resolviendo de manera brillante la vulgaridad, o brutal cotidianidad, de unas vidas.

El destino, la casualidad, los silencios y también los secretos, las mentiras queridas y que ocultan lo que se quisiera pero no ocurre (las llamadas inexistentes, o al revés, de Jeanne al novio que la ha dejado) y una voz en tercera persona, simple, recordando al Godard de Vivir su vida, que certifica, antecede, explica o prolonga lo acontecido: simple narradora de unos hechos como forma de reforzar las imágenes. Todo eso está en el filme. Pero sobre todo están los rostros que Garrel, en un primoroso celuloide en blanco y negro, muestra, escruta.

Amante por un día, una carta de presentación demasiado tardía de Garrel, no es un filme enigmático, ni moralista, ni con mensaje, es simple y llanamente una película sobre el discurrir de unas vidas, sobre tres personajes que se debaten entre el amor y el deseo, la libertad y la contradicción desde su soledad. Esa soledad con la que al final Gilles se queda. A partir de ahí el filme podría mostrar otra historia u otras historias sobre el devenir de Jeanne, Ariane y Gilles, ya separados los tres, dejando atrás la historia de sus vidas conjuntas que han marcado el desarrollo de la película.

Para finalizar, quiero destacar un punto importante: la música que, en diversas partes, va acompañando la película convirtiéndola en la sinfonía de la vida. Como dato curioso, el filme está dedicado a François Garrel, alguien más de la familia del director al que intenta rendir homenaje. Se trata de uno de sus hermanos que aparece acreditado como compositor de algunas bandas sonoras y en concreto de la de Marie pour mémorie (1967), que costa como primer largometraje del realizador. Una unión más con la propia biografía que es todo el cine de Philippe Garrel.

Amante por un día es, en definitiva, un hermoso espejo en el que se reflejan unos personajes y sus vivencias en un determinado espacio y tiempo. Que puede ser el de ayer, hoy o mañana.

Escribe Adolfo Bellido López

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