Un sol interior (3)

  23 Mayo 2018

Reflexiones sobre el amor

un-sol-interior-1Claire Denis (1946) es una de las directoras francesas actuales más importantes, y como por desgracia es normal, poco o nada conocida en España. Y eso que actualmente llegan a las salas comerciales bastantes películas francesas. Es sin duda el país europeo que posee mayor calidad media en su producción, por el contrario el cine que llega es, en gran mayoría, el más comercial; el otro, el mejor, nos llega con cuentagotas y ni siquiera a todas las ciudades.

Valencia de la que se dice, leyenda urbana, sin duda que reconoce y valora el buen cine, no estrena algunas películas minoritarias, y no sólo francesas. Por ejemplo, y referido al caso francés, no se ha estrenado el ultimo (y curioso) filme realizado por Bruno Dumont, Jeannette, la infancia de Juana de Arco (nada menos que un musical); tampoco, por el momento, la última película dirigida en Francia por el realizador japonés Nobuhiro Suwa, cuya obra se desconoce por estos lares, El león duerme esta noche.

No se sabe muy bien por qué Claire Denis ha conseguido estrenar entre nosotros, en salas comerciales, una película tan poco narrativa como Un sol interior. Quizá se deba a que la protagonista es Juliette Binoche y por introducir en la publicidad del mismo el nombre de Depardieu, que sólo sale unos breves momentos, en la escena final.

Es de suponer, como leí en un comentario sobre este filme, que la exhibidora (pícaramente) para vender mejor el filme haya señalado que Binoche y Denis se volvían a unir después del éxito que ambas mujeres en sus respectivos oficios (protagonista y directora) cosecharon por Chocolat (2000), pues si bien es verdad que ambas, pero por separado,  estuvieron en un filme de ese título, la realidad es que el exitoso y discutible Chocolat del año 2000 interpretado por Binoche fue dirigido por Lasse Hallströn, mientras que la película del mismo título dirigida por Claire Denis fue su primera obra como directora. La dirigió en 1988 y en ella ni trabaja Juliette ni el tema tiene nada que ver con la edulcorada película de Hallströn: Denis, como en algunos de sus otros títulos, trataba en su primer filme cuestiones raciales.

Con anterioridad a Un sol brillante, de los casi treinta títulos realizados por Claire sólo se había estrenado comercialmente Una mujer en África (2009) y eso porque su protagonista es otra de las grandes y conocidas actrices del cine francés actual, Isabelle Huppert. Otro film de Denis, Los canallas (2013), sólo pudo verse en el festival de cine europeo de Sevilla. Antes de dirigir su primer filme, había sido ayudante en varias películas de calidad, como Cielo sobre sobre Berlín; Paris, Texas; Bajo el peso de la ley; Hanna K…

Guionista de prácticamente todos los filmes que ha dirigido, trata de hacer un cine a contracorriente de las imposiciones comerciales, trasgresor, rompedor, zigzagueando en busca de nuevas propuestas y caminos, puede ser que, en ciertos momentos, se perciban ligeros acercamientos a Godard, pero eso, en quien quiere seguir nuevos caminos dentro del cine, no es nada raro.

Un claro ejemplo estaría en el final, que no es tal ya que estamos ante un nuevo comienzo o, mejor dicho, sería un ir más allá porque el final de una película, como el de una novela, no es más que un tener que acabar. Un falso final que nos obliga a pensar en lo que será el devenir posterior de los personajes.

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En Un sol interior, Denis lo deja, si es posible, de una forma clara y precisa, tan clara que deja sorprendidos (y en varios casos enfadados) a los espectadores, al pensar que aquello debe seguir. El fin es un principio. Sobre la conversación entre Depardieu, la única vez que aparece en pantalla, y Juliette, en realidad una especie de consulta que la mujer hace a una especie de mago adivinador del futuro, comienzan a aparecer los créditos sobreimpresionados sobre la imagen, mientras la conversación continúa. Cuando los letreros concluyen con la conversación ininterrumpida el filme bruscamente termina, dejando claro que ese término no es tal.

Un cierre magnífico pues además de mostrar esa continuación de la vida de la mujer en busca del amor sirve para introducir a un personaje más fracasado, solitario, que vende consejos y un futuro desde la mayor de las falsedades. Pero para la protagonista es una ventana más que se le abre en la búsqueda continua de ese sol que la ilumine aunque no sea más que hacia dentro, hacia su interior, en un círculo sin prácticamente salida, llevándola al menos a sentirse viva. A intentar una vez más encontrar el amor. Algo que ni siquiera sabe realmente lo que es.

Lo curioso es que el filme nazca no de una novela sino de un ensayo filosófico sobre el amor, un libro escrito por el filósofo, semiólogo y crítico francés Roland Barthes, nacido en 1915 y fallecido en accidente de tráfico en 1980. En 1977 escribió Fragmentos de un discurso amoroso sobre el que Denis realiza esta película.

Como tales fragmentos y fragmentaciones indagadores sobre el amor, la directora propone unas escenas, que podrían estar en este orden o en otro, sobre una mujer en busca del amor a través de las relaciones con distintos personajes. De ahí surgen también una serie de reflexiones sobre la sociedad, el arte, las verdades y las mentiras en un juego donde casi nunca se sabe las cartas que maneja el oponente.

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Una apertura con el rostro de la protagonista no sintiendo nada en el encuentro amoroso con su amante, un hombre posesivo, dominante, poderoso que se cree un ser único ante el cual los otros deben aceptar siempre sus deseos y órdenes. Un claro camino hacia una ruptura de una situación insostenible pero no es más que el comienzo de otra, con alguien distinto, pero cuya conclusión será la misma. Profesiones, clases sociales, seres distintos  desde una soledad, o una falsa compañía, se mueven alrededor de la existencia o inexistencia del amor en una especie de centro y guía que permita vivir o salir de una soledad.

Sin sentido temporal, señalada por escenas a dos, en lugares y espacios interiores asistimos a las reflexiones amorosas, dolorosas. Acciones sin acción, reducidas a unos planteamientos distanciados de lo que podemos entender como un cine narrativo y de otras obras de directores que han roto con el cine tradicional. 

Es interesante que este filme, como lo fue en su día, por citar un ejemplo, El eclipse de Antonioni, haya accedido a unas salas comerciales para sorpresa de unos espectadores que se encuentran con un producto difícil, rompedor, sorpresivo. Todo ello adornado con la magnífica interpretación de esa gran actriz, Juliette Binoche, dueña y señora de una película necesaria en sí misma y como conocimiento del cine de una de las más interesantes realizadores del cine francés actual, Claire Denis.

Escribe Adolfo Bellido López

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