Inmersión (1)

  19 Abril 2018

Tintes trágicos

inmersion-1Inmersión es una historia de amor con tintes trágicos que llega de la mano del veterano realizador alemán Wim Wenders (72 años: El cielo sobre Berlín, París-Texas, Lisboa, La sal de la tierra), uno de los cineastas más reconocidos y laureados que sin embargo en esta ocasión no logra convencer al espectador.

En una contraposición de mundos, la pareja formada por Danielle Flinders (Alicia Vikander, Oscar 2015 a la Mejor Actriz de reparto por La chica danesa, Jason Bourne) y James More (James McAvoy, X-Men: Días del futuro pasado, Múltiple), se conoce por casualidad en un remoto hotel de la costa normanda donde ambos se preparan para peligrosas misiones y se enamoran.

Separados después por miles de kilómetros, él, espía británico, está preso de unos yihadistas en Somalia, mientras ella, biomatemática, busca en el fondo de los mares el origen de la vida. «Una historia romántica con forma intelectual», según la protagonista en la presentación de la película en el Festival de San Sebastián 2017.

Basada en la novela Submergence de J. M. Ledgard (editada en España por Planeta de libros, 2017), la relación entre los dos personajes —un melodrama teñido de tristeza— está rodeada de un halo de misterio al tiempo que denuncia la violencia y el fanatismo en una historia que trasciende los problemas terrenales: «Una parte del problema —ha dicho Wim Wenders— lo ha creado nuestra propia civilización (…) y tiene que ver con el desequilibrio entre pobres y ricos. Declarar la guerra al terrorismo en 2001 fue lo mejor que podía pasarles a los grupos terroristas, realmente hemos creado un monstruo».

Intenciones aparte, la película —que habla también de la soledad y el miedo— es grandilocuente, pretenciosa y aburrida. Wim Wenders no tenía su mejor día cuando rodó Inmersión. La historia comienza de manera prometedora, pero hacia la mitad parece como si se atascase, como si no avanzase de la manera en la que nos gustaría ver, o sea, con mucho más brío y dejando un poco atrás el exceso de protagonismo que tiene durante todo el metraje la poco creíble y cursi historia de amor entre el siempre eficaz JAMES Mcavoy y la estupenda Alicia Vikander. 

La intención del cineasta alemán es la de subyugar al espectador, removiéndole las tripas y haciéndole reflexionar sobre aspectos de candente y dura realidad... Y no creo que lo logre en demasía, pese a escenas de grandísima belleza, sobre todo por los espectaculares paisajes que se ven en todo momento. Pero te cuestionas el modo que tiene el director de contar la historia porque resulta muy confusa, algo un poco raro viendo la trayectoria de más de 45 años haciendo películas de Wim Wenders, es como si la hubiese rodado por encargo o simplemente con bastante desgana.

Aunque hay que reconocer que la cinta tiene elementos comercializables, especialmente en lo que se refiere a sus protagonistas, en realidad es demasiado apática y pesimista para que la audiencia se interese por ella.

Wenders, como es Wenders, por supuesto, continuará haciendo sus películas, y tal vez salga del ostracismo creativo una vez más para sorprendernos como lo hizo con el deslumbrante documental de baile Pina. Sin embargo, vale la pena señalar que en los años 70, cuando su estilo evolucionó, surgió del aturdimiento de la época. Era un estilo basado en la vacilación y la duda de búsqueda resultado de la resaca de la década de 1960. Pero es un estilo que ya no conecta con el ritmo de la época en la que está trabajando. Ahora es el cine de Wenders el que parece estar sumergido.

Escribe Mercedes Arancibia | Crítica publicada en Cine Nueva Tribuna

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