Barbara (3)

  01 Abril 2018

Retrato de una artista especial

barbara-1Se está preparando el rodaje de una película sobre Barbara, la «dama de negro» de la chanson française. Una actriz llamada Brigitte (Jeanne Balibar, Premio César a la Mejor Actriz 2018) trabaja la voz, las canciones, los gestos y ensaya las escenas que rodará dentro de poco. Consigue, incluso, parecerse increíblemente a la mujer que va a interpretar: un rostro cualquier cosa menos anodino y convencional. Naturalmente, las cosas no salen como preveía el guión y es entonces cuando la película se vuelve apasionante.

Entre ficción y documentos de archivo, el realizador Mathieu Amalric (Mejor realizador en el Festival de Cannes 2010 con Tournée), que hace doblete interpretando al director de la película, ha llevado a cabo un ejercicio de imaginación para alejarse del biopic convencional —con bastante  éxito— y conseguir una hagiografía convincente de aquella mujer tan especial, fallecida hace ya más de veinte años, poseedora de una voz inolvidable y comprometida con los problemas sociales de su tiempo, como atestiguan sus conciertos en las cárceles y su apoyo a las campañas contra el Sida (Mon histoire d’amour, c’est vous).

Con la mejor banda sonora imaginable —muchas de las sobresalientes canciones francesas del siglo XX interpretadas por Barbara, incluidas las controvertidas L’Aigle noir y Les Amours Incestueuses—, la película es un hermoso paseo musical inspirado en el libro Barbara – Ou les parenthèses, de Jacques Tournier, escritor, traductor y gran amigo de la cantante, a la que conoció en 1965 cuando actuaba en el teatro Bobino de París. Libro que en su última edición (Broché, 2017) aparece con un prólogo de Amalric.

Una película tierna, elocuente, un gran fresco sobre una mujer que se inventó a sí misma. Cine dentro del cine, que es una coartada para trazar el retrato de la cantante y compositora Barbara, o de la actriz Balibar (hay algunos instantes de fusión entre ambas), con auténticos logros en la reconstrucción de imágenes de archivo, que también vemos, y esa mezcla de documental y ficción cuyo resultado es «como cuando se practica un trasplante o se realiza un experimento químico entre dos organismos o sustancias que se enriquecen una a otra».

Difuminar, soslayar y desdibujar los géneros, las tramas y la neorrealidad hacen que el film coja un cuerpo chispeante, intenso, áspero pero tenaz. Hay momentos visualmente espléndidos, dramáticamente complejos y sobre todo dualmente apabullantes.

La combinación de metarrealidad, ese trasfondo abierto, esa cuarta pared constante, supeditada a la realidad ficcionada, busca y alcanza la negación de lo vivido. La gestualidad de la protagonista en todos los planos (real, ficcionado y vivido) explota en las retinas de un espectador que ansía conocer los planos y sustantividad de lo expuesto.

Jeanne Balibar, estrella y puntal sobre el que edificar esta magna obra deconstructiva, mimetiza y suaviza lo visible y lo invisible de una figura, atroz y divina, diva y desdibujada. Guion poético, de verso libre que canta a la figura y a sus adláteres sin la menor indulgencia, como faro que desdibuja una oscuridad perenne.

Escribe Mercedes Arancibia | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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