El aviso (2)

  04 Abril 2018

Un thriller fuera de tono

el-aviso-1Ya son muchos años en los que hay tres géneros reincidentes en las producciones de nuestro país: terror, comedia y thriller. Cada uno con sus convenciones, que acaban exigiendo reinvenciones para no caer en la copia de lo ya visto. Con todo, hemos tenido historias frescas dentro de cada uno de ellos, como pudo ser hace poco Verónica de Paco Plaza, dándonos esperanzas de que, a pesar de la reiteración, siempre se puede esperar una novedad que desafíe al espectador.

En este contexto Calparsoro vuelve a su nicho favorito, el thriller, para contar la historia basada en el libro de Paul Pen. El aviso queda, así, encuadrada en un tono que trata de hacer de su trama un viaje trepidante, lleno de incógnitas, que cada persona en la sala esté deseando resolver. Y fracasa noblemente en el intento.

Del drama y la emoción

La historia trata temas que la acercan indudablemente al drama: la muerte, el maltrato y la enfermedad.

Sin embargo, la dirección asume la misión de subrayar desde la propia narrativa visual todos estos elementos, y elevarlos a la máxima potencia con directrices que han llevado a los personajes a un tono exageradamente melodramático. El esfuerzo de los actores es encomiable, pero las situaciones acaban rozando en muchos casos la farsa cuando se pretende alcanzar los momentos emotivos más climáticos.

Por otro lado, aquellos lugares de la historia donde esta emoción sí funciona, pasan con cierta rapidez y premura, pareciendo mostrar el miedo al aburrimiento de la audiencia cuando no hay personajes corriendo, disparando o llorando a lágrima viva.

La investigación

El centro de la gran mayoría de thrillers, su hilo conductor, suele ser una investigación. En un elevado porcentaje, además, está relacionada con un hecho violento. Ésta acaba siempre generando una serie de preguntas y posibles respuestas que embarcan al espectador junto a los personajes que la viven, y fundamenta el entretenimiento que caracteriza al género.

Que el espectador intuya demasiado pronto la resolución, o que ésta avance a través de decisiones poco lógicas o generadas por los temidos Deux ex machina son los grandes peligros a los que, por otro lado, se enfrenta cualquiera de estas películas.

En El aviso no falta ese entramado de averiguaciones, llevadas a cabo fundamentalmente por el protagonista, y de forma colindante y con mucho menos peso por un familiar de la víctima, que a veces cuesta entender que sea policía.

Dando el rol de «genio» de las matemáticas al personaje de Raúl Arévalo, se intenta cimentar un recorrido para el que se teoriza fuera necesario un privilegiado cerebro con las operaciones numéricas.

Sin embargo, cuando la sustancia de los enigmas que va desvelando, no puedo sentir mayor frustración al ver que son series de números (de dos cifras como máximo, no se vaya usted a complicar) que cualquier niño de 10 años podría relacionar. El despropósito viene cuando Jon, que así se llama el personaje de Arévalo, trata de explicar al resto dichas relaciones como si de una deducción digna de la mente más privilegiada se tratara.

La forma sin fondo

Queda patente antes del punto medio de la película que no debemos esperar ninguna elucubración fuera de nuestro alcance, ni ningún giro digno de un protagonista que va por delante de nosotros.

La literalidad absoluta de lo que ocurre es contada a través de todos los tópicos del género (he ahí el corcho con cuerdas, papeles y chinchetas) que visten, sin embargo, una historia que bien hubiera podido encajar mejor y ser más atractiva como un interesante drama fantástico.

Escribe Alberto Pino | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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