Gorrión rojo (2)

  13 Abril 2018

Los Lawrence y los espías

gorrion rojo-1Jennifer y Francis Lawrence han creado un curioso vínculo matrimonial en lo que al ámbito cinematográfico se refiere, pues no comparten ningún parentesco aunque compartan apellido. Ambos completaron las tres últimas cintas de la tetralogía de Los juegos del hambre con resultados más que aceptables. Entendemos que fue en ese proceso de filmación de años en el que Francis, el director, entendió el carisma y el potencial de Jennifer, la actriz.

Es lógico que para este proyecto el realizador haya visto en la actriz a la perfecta encarnación para darle entidad a la historia que nos brinda y al aspecto de la película en términos generales. Jennifer Lawrence ya ha demostrado que además de tener una cara bonita y una bella percha también tiene sobrado talento para afrontar retos difíciles. Este es uno más en su carrera meteórica.

Gorrión rojo adapta el aclamado best seller de Jason Matthews, que antes de escritor fue agente de la CIA durante 33 años y, suponemos, sabe de lo que habla: lo que plantea se convierte en el celuloide en una tensa y cautivadora trama de dilatado metraje.

Se centra en la odisea de Dominika Egorova, bailarina del Teatro del Bolshoi que a raíz de una traición tiene que abandonar su profesión y reciclarse como espía amenazada por las circunstancias. Para ello, tendrá que pasar un duro programa de entrenamiento en el que bellos y bellas jóvenes que reciben el nombre de gorriones y se convierten en armas de seducción frías y calculadoras para obtener información de personalidades importantes.

Con este planteamiento, Francis Lawrence logra calibrar un filme que conjuga los cánones de una gran producción hollywoodiense con los términos que implican un filme serio sobre espías. En el primer sentido, la cinta cumple con todo lo que se puede esperar de ella: una fotografía impecable, un vestuario de infarto, unas localizaciones atractivas y un reparto de lujo.

Como obra solvente sobre una espía que juega a tres bandos —el ruso, el americano y el suyo propio—, encontramos secuencias admirables, un ritmo narrativo alternativamente perfecto e imperfecto, una intriga absorbente que no deja ver hacia dónde nos lleva su desenlace, y un tono sombrío y paroxístico impropio de este tipo de productos.

El realizador opta por la vía dura. Gorrión rojo es un filme de elevada sexualidad sucia y descarnada, con un erotismo verdaderamente incómodo. También es un filme de una violencia inusitada en el que las secuencias de tortura y/o de ensañamiento son mostradas sin ningún tipo de pudor y ocupan una parte importante del metraje.

Parece que Francis Lawrence haya hecho un sesudo estudio de la filmografía previa de temas símiles y haya volcado en esta obra elementos de la serie The Americans, del filme El topo (Tinker, tailor, soldier, spy, de Tomas Alfredson) o incluso de algunas de las cintas de espías célebres de Hitchcock como podría ser Cortina rasgada, todo ello adaptado a los gustos y maneras de nuestro siglo y al del blockbuster actual.

En el epicentro de todo esto, por supuesto, está Jennifer Lawrence, quien aguanta como pocas los primeros planos y representa la quintaesencia del glamour de una actriz del firmamento hollywoodiense. Amén de estar perfecta en el papel que le toca desempeñar. Y siempre resulta interesante la presencia de Joel Edgerton como réplica masculina, y los secundarios Jeremy Irons o Charlotte Rampling.

Con todos estos elementos, el espectador viaja durante casi dos horas y media por una alambicada trama que saca buenos resultados y consigue exactamente lo que uno espera de un filme de estas características.

Escribe Ferran Ramírez

gorrion rojo-2