Pero que todos sepan que no he muerto (3)

  03 Marzo 2018

Lorca somos todos (y todas)

pero que todos sepan que no 1No deja de resultar paradójico que dos de los mejores documentales que se han estrenado recientemente sobre el tema de las fosas comunes franquistas hayan sido dirigidos por dos directores de fuera de España.

Hace tan solo unos meses llegaba a las pantallas (es un decir, porque sólo se pudo ver en un puñado de cines y en sesiones limitadas) Lesa Humanidad, dirigido por el argentino Héctor Faver (Invocación), un documental sin ánimo de lucro sobre memoria histórica y justicia universal; y ahora, hace lo propio Pero que todos sepan que no he muerto, de la norteamericana Andrea Weiss, un trabajo que utiliza la figura de Federico García Lorca como excusa para hablarnos de la época más negra de la historia hispana.

Este documento claro y conciso, narrado por el actor Miguel Ángel Muñoz, explora la memoria histórica de España utilizando los restos humanos (los huesos a los que se refiere el título original Bones of Contention) de las víctimas de la Guerra Civil Española (1936-39) y la dictadura posterior de Franco (1939-75) como símbolo de opresión y posible acercamiento con la historia.

El escritor abiertamente homosexual Federico García Lorca es el más prominente de las 500.000 víctimas del dictador, y su cuerpo aún se encuentra en una fosa común no identificada junto con otros 120.000, dato revelado por la película. Los escritos de Lorca acentúan la narración, que es un tributo a todos aquellos que murieron bajo la opresión del Caudillo.

Los homosexuales y travestis fueron golpeados y arrestados rutinariamente durante el régimen de Franco, que también sometió a las mujeres y castigó violentamente a opositores políticos y desertores de cualquier tipo. Todo con el entusiasta apoyo de unos Estados Unidos «amantes de la libertad», según se comenta durante el documental. Resulta aterrador observar cómo estos hombres y travestis gays jamás lograron reintegrarse en una sociedad que los repudiaba, y la mayoría acabó suicidándose o recurrieron a la prostitución.

Las lesbianas, aunque pueda resultar bastante irónico, sufrieron menos opresión simplemente porque el Régimen ni siquiera podía concebir que dos mujeres pudieran tener relaciones sexuales. Simplemente fueron ignoradas y olvidadas, una situación muy diferente pero también dolorosa.

En menos de tres décadas, España se transformó de una dictadura profundamente reaccionaria que persiguió violentamente a la comunidad LBGT a la vanguardia de los derechos de igualdad. Los españoles más que cualquier otro país en el mundo ahora creen que la homosexualidad es moralmente aceptable, según muestra una investigación reciente. Pero todavía queda mucho trabajo por hacer, ya que el país intenta reconciliar su presente socialmente progresivo con su pasado brutal y disociar la amnistía de la amnesia.

Para el que no esté muy avezado en el meollo de la cuestión se va a sorprender con datos tan escalofriantes como reveladores. Para muestra un botón: el denominado Pacto de Silencio, por el cual después del asesinato de Carrero Blanco los mandamases de la izquierda y la derecha llegaron a un acuerdo tácito por el que por un lado se liberaría a todos los presos políticos que permanecían todavía encarcelados y por el otro se callarían y no se investigarían ni juzgarían todas las tropelías realizadas por el bando nacionalista durante los años del conflicto bélico y la postguerra. Y más de cuarenta años después ahí seguimos…

La película termina con un punto de discordia. Mientras un entrevistado piensa que reclamar huesos es un paso crucial para enmendar el pasado (ha localizado el de su abuelo y lo ha vuelto a enterrar junto a su abuela), Laura, sobrina sobreviviente de García Lorca, piensa que esto es irrespetuoso para otras personas y para el recuerdo del sitio de ejecución. Ella cree que estos huesos, incluido el de su tío, deben dejarse descansar donde están.

Es una pena que este valioso documento seguramente pasará injustamente desapercibido, bien por la dificultad existente hoy en día para encontrar acomodo en unas salas fagocitadas por blockbusters y demás entelequias estruendosas o bien por un Ministerio de Cultura que, seguramente, tampoco se pondrá manos a la obra para darle visibilidad en institutos y universidades, tal y como debería ser.

Escribe Francisco Nieto

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