MIL AÑOS DE ORACIÓN (4)

  05 Mayo 2008
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Título original: A Thousand Years of Good Prayers
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Wayne Wang
Producción: North by Northwest Ent. & Entertainment Farm
Guión: Yiyun Li, basado en su relato "Mil años de buenos deseos"
Fotografía: Patrick Lindenmaier
Música: Lesley Barber
Montaje: Deirdre Slevin
Intérpretes:

Henry O, Feihong Yu, Vida Ghahremani, Pavel Lychnikoff, Angela Dierdorff Petro

Duración: 83 minutos
Distribuidora: Karma Films
Estreno: 18 abril 2008

Las dificultades para ser feliz
Escribe José Luis Barrera

Wayne Wang es un cineasta de origen chino, pero afincado en Estados Unidos, que comenzó muy bien su carrera cinematográfica (a él le debemos la adaptación y codirección de dos obras de Paul Auster: Smoke y Blue in the face), luego realizó varias películas baladíes y descaradamente comerciales, y ahora parece haber vuelto a la sensatez y ponderación del buen cine.

milaosdeoracion1.jpgMil años de oración es casi una obra maestra que nos ayuda, otra vez, como hace siempre el buen cine, a ahondar y sentir esta condición, llena de contradicciones pero siempre digna, que es la vida del ser humano. Wang se atreve a mirar a sus personajes directamente a los ojos y mostrarnos el paisaje de tristeza, de sed de felicidad y amor que todos tenemos.

El filme está basado en un relato corto de una escritora china también aclimatada a la vida americana, y nos presenta la herida psicológica y cultural que la emigración produce en las personas. El señor Shi llega a Estados Unidos a visitar y acompañar durante un tiempo a su hija que ha visto su matrimonio zozobrar, al abandonarla su marido e irse de nuevo a Pekín. Él es un viejo comunista que, además de estar orgulloso de serlo, ni envidia ni se arredra, pese a su admiración, ante la sorprendente vida de bienestar y modernidad de los Estados Unidos.

milaosdeoracion2.jpgMil años de oración es un filme lleno de melancolía que nos habla de la distancia y dificultad para entablar una feliz relación con los demás, de los muros que nos cierran el diálogo con las personas e incluso con los seres queridos, y que las biografías personales (con nuestros posos culturales, políticos, religiosos, étnicos, etc) a veces nos cargan de lastre.

Lleno de intimismo, parece una pieza de cámara, con un cuarteto protagonista: el padre y la hija, una señora iraní que el primero conoce en un parque y el amante ruso de la hija. La pieza desarrolla entre unos diálogos imposibles por causa del idioma y, en muchos momentos, no exentos de un delicado sentido del humor (véase, por ejemplo, la conversación con los mormones).

A lo largo del filme se desarrolla el leve acercamiento de padre e hija, cuyas vidas andan recubiertas de mentiras o, lo que es peor, de medias verdades. Por eso sus miradas nunca convergen. Sólo al final, cuando ambos son capaces de sincerarse, después de las dolorosas confesiones que en primeros planos sostenidos nos ofrece el filme, pueden mirarse a los ojos y empezar encontrarse como padre e hija.

milaosdeoracion3.jpgLa soledad en la que viven ambos, el desolado sentimiento de infelicidad, se nos muestra a través del contraste que se expresa en el modo de vivir americano (esos vecinos que viven alrededor de la piscina, el anonimato del supermercado, los encuentros en el parque, las comidas suculentas que prepara el padre y que la hija recibe fríamente) y el modo de vivir tradicional que encarna el señor Li, que no quiere renunciar a sus principios.

Esta terrible soledad, esta sensación de aislamiento se expresa muchas veces a través de planos de detalle de los distintos objetos que se ven en la casa. Al inicio del filme, después que su hija lo recibe en el aeropuerto (no hay abrazos ni besos: su hija no lo llega ni a tocar en su primer encuentro); él utiliza su pañoleta roja de la Vieja Guardia de Mao para identificar su maleta. Después le afirma a su amiga iraní del parque que el comunismo es bueno, “lo que pasa es que no está en buenas manos”.

Tradición e historia personal que es muy difícil de cambiar: en otro momento, cuando la hija despide a su amante, con el que ya no desea casarse, argumenta de estas dificultades de cambiar la vida, con un refrán que da título a la película: ni siquiera mil años de oración conseguirán cambiar el rumbo de la historia de las personas.

 

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