Déjate llevar (1)

  04 Febrero 2018

Mens insana in corpore sano

dejate-llevar-1Cinco años después del drama Cosimo y Nicole (película que no gozó de distribución en España) el realizador turinés Francesco Amato nos trae Déjate llevar (Lasciati andare, 2017), una comedia a rato entretenidilla y en ocasiones un tanto ramplona que juega con los opuestos solitarios y que intenta dar una pátina de lustre a la un tanto denostada comedia italiana contemporánea.

Para ello cuenta con la inestimable participación de Toni Servillo, grande entre los grandes desde que nos diera una auténtica lección de actuación en la monumental La gran Belleza, de Paolo Sorrentino, al que acompañan nuestra Verónica Echegui, en un rol que viene a emular a la Penélope Cruz de Vicky Cristina Barcelona (con tacos en español incluidos) y que a los que peinamos canas también nos puede recordar a la mítica Eva Nasarre y sus clases de gimnasia catódica.

Completan el cuarteto protagónico el emergente Luca Marinelli (no hay que perdérselo en la reivindicable Le llamaban Jeeg Robot) y la veterana Valentina Carnelutti, vista hace poco en Locas de aAlegría, de Paolo Virzi.

Servillo da vida a Elías, un psicólogo judío de mediana edad que se hincha a comer pasteles en su consulta mientras atiende de forma holgazana y narcoléptica a sus desequilibrados pacientes. Hierático y severo a partes iguales, pero con un sentido del humor ingenioso e implacable, Elías mantiene a todos a una distancia segura, incluso su ex esposa Joan, que vive en el piso de enfrente, y con la que continúa compartiendo algunas labores domésticas y puntuales salidas nocturnas. Lo que se llama existencia miserable de las emociones, vamos.

Debido a sus excesos con los dulces se ve obligado a seguir una dieta estricta y apuntarse a un gimnasio. Y así, en su vida irrumpe Claudia, una entrenadora personal divertida y excéntrica, para nada sesuda y con una capacidad innata para arrastrar al desorden a cualquiera que se cruce en su camino, caso del héroe de la función.

Todo el desarrollo argumental se cimenta en los caracteres opuestos de los dos protagonistas: uno es viejo y la otra joven, uno es juicioso y la otra descerebrada, uno está fofo y la otra está estupenda (físicamente hablando)… y como no puede ser de otra manera, porque estamos en Italia y la sombra de Anna Magnani, Sofía Loren y Marcello Mastroianni sigue siendo muy alargada, aquí se habla hasta por los codos (los guionistas tienen que haber quemado más de un cartucho de toner de la impresora, porque la catarata de palabras ametralladas por segundo es para agotar al más paciente).

Mientras que en la primera mitad, más teórica y pausada, priman las conversaciones entre dos personajes para irnos poniendo en situación, en la segunda, más despendolada y con una trama cómico-criminal bastante traída por los pelos, el jolgorio verbal pasa a ser colectivo, con multitud de situaciones que rozan el slapstick. Al protagonista ya le viene bien ir cogiendo la forma con su personal trainer, porque le va a tocar sudar la gota gorda entre persecuciones, asaltos y peleas varias…

Desde un punto de vista productivo, el cuerpo de película parece estar destinado a una gangrena progresiva (y de las agresivas), debido a la repetición infinita de los mismos patrones, la elección de las situaciones cada vez es más difícil de identificar, una narrativa estandarizada y en la que se usa (y abusa) demasiado de la voz en off. A pesar de todas las restricciones que estrangulan y sofocan el potencial cómico, el director tiene el mérito de procurar algunos chistes mordaces y puntiagudos que le hacen mucho bien al conjunto.

En definitiva, un divertimento sin pretensiones cuyo simple y efectivo mecanismo gira en torno al encuentro aleatorio entre dos figuras en su antítesis. Un poquito de Woody Allen, otra pizca de commedia all’italiana al uso y algunos paisajes urbanos romanos que siempre son bienvenidos…y ya tenemos cine al dente.

Escribe Francisco Nieto

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