Columbus (3)

  05 Enero 2018

Arquitectura emocional

columbus-1A quien esté viendo Columbus seguro que enseguida le viene a la cabeza Antes del amanecer, de Richard Linklater, en virtud de recurrir a una mujer joven, Casey (inconmensurable y guapísima Haley Lu Richardson), y el hombre, Jin (John Cho, aquí muy alejado de piruetas hollywoodienses tipo Star Trek), que se encuentran por casualidad y entablan una conversación filosófica mientras exploran una ciudad pintoresca, que además de dar título al film se resuelve como lugar idóneo para un singular paseo arquitectónico entre varias maravillas del siglo XX.

Sin embargo, existe otra película de 2012 (que no se estrenó, como suele pasar, en nuestro país) titulada Museum Hours, que coincidía con esta que nos ocupa en que se estructuraba en una parte dedicada al estudio de personajes y otra parte documental en la que el director Jem Cohen nos pedía que observáramos la vida real de forma similar a como vemos una pintura colgada en una galería.

El director surcoreano Kogonada (en el que supone su debut en el terreno del largometraje), sin embargo, va más allá con Columbus, ambientada en la meca de la arquitectura  del medio oeste de Indiana, Columbus, fusionando de forma harto original y estimulante esa misma arquitectura con sus personajes. Esta unión metafísica se observa de manera aguda en una secuencia donde los personajes principales se paran de noche frente al edificio del banco idiosincráticamente iluminado de la ciudad.

Casey dice algo acerca de venir aquí en busca de inspiración cuando la vida se lo puso difícil, un diálogo que algunos pueden encontrar algo endulzado y artificioso, pero que Kogonada autentifica al permitir que el edificio pase el plano, justo encima de ellos, como una especie de deidad. Casey tiene edad para ir a la universidad, pero en estos momentos se encuentra trabajando en la biblioteca local y cuidando a su madre (Michelle Forbes), una adicta a la recuperación de la metanfetamina.

La película, siempre paciente, lleva su tiempo introduciéndonos en su rutina diaria, justo antes de encontrarse con el otro personaje crucial, Jin, que está de visita en Corea porque su padre, un teórico de la arquitectura en la que es una auténtica eminencia, se halla en su lecho de muerte. Su introducción, una conversación sobre un cigarrillo, es indicativa de cómo piensa cada personaje, con una valla entre ellos. Mientras caminan y hablan, Jin, un personaje que se siente menos abierto y por lo tanto queda un poco más fuera de plano, desaparece por un instante detrás de un poste de la cerca cada pocos pasos, como si se saliera y volviera a enfocar, antes de que la cerca se acabe y estén simplemente... juntos.

Apenas ve a su padre a pesar del precario estado del anciano. No han hablado desde hace un año. El verdadero amor de su padre, explica a regañadientes Jin, fueron los edificios, tanto los de Columbus como los de todos lados. La ironía emergente, incluso cuando un destello de atracción se desarrolla entre los dos a pesar de su diferencia de edad, es que el verdadero amor de Casey son también los edificios, tanto que tiene una lista de sus favoritos, un afecto tan práctico como lirico.

A lo largo de un metraje exquisitamente ajustado, Kogonada sitúa al dúo en planos largos cuando discuten la arquitectura para que podamos ver los edificios por los que discuten, como la aguja de una iglesia que se eleva ante ellos, dando la impresión de ser un acompañante inanimado. 

Sin embargo, cuando las cosas se vuelven más personales, y de vez en cuando lo hacen, Kogonada corta las caras de los personajes en planos mucho más tradicionales de tiro invertido. Incluso allí, sin embargo, su atención al detalle permanece distinta, como una conversación en un puente cubierto donde Jin menciona cómo su gente cree que no estar presente en la muerte de un miembro de la familia significa que su propio espíritu vagabundea sin rumbo y se convierte en un fantasma. Mientras dice esto, el humo de su cigarrillo se desplaza hacia arriba, enmarcando su rostro, transformándolo en algo parecido a un espectro humeante.

La casa Miller (con su maravilloso parque incluido), North Christian Church, Irwin Union Bank… edificios que se nos muestran con pasmosa serenidad de espíritu mientras dos personas afines dialogan sobre sus emociones más íntimas. Muy recomendable.

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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