Liga de la Justicia (1)

  20 Noviembre 2017

Los tiempos cambian

liga-justicia-1Se dijo de ella que era demasiado oscura. Se la vapuleó por su mareaje narrativo. Se la condenó por su ambición desmedida. Ya cuando la vimos y comentamos, acabamos diciendo que era de esa clase de cine que es casi imposible de apreciar en un primer visionado, algo inusual para una cinta de superhéroes. Por lo que ahora nos llega su secuela, que a su vez resulta la antítesis de todo lo planteado por aquella. Estamos hablando de Batman vs Superman y de su nueva entrega, Liga de la Justicia.

Tal y como prometimos, hemos revisitado aquel Batman vs Superman, de casi dos horas y media de metraje y hemos comprobado que aquella precisa de un reconocimiento urgente para entender cómo está evolucionando el universo DC y todo lo que éste nos está proponiendo.

Para situarnos, aquella cinta que contenía más de un agujero argumental sólo entendible para fanáticos y connoisseurs profesionales de este mundo de héroes contenía múltiples capas. Tramas y subtramas argumentales por doquier, un estudio más o menos completo de personajes, un elenco impresionante de actores, un hiperrealismo exacerbado y una densidad y un tono decididamente tenebrista que logró no pocos reproches.

Zack Snyder, artífice y mente pensante detrás de este universo desde su primera entrega, El hombre de acero, se guardó un as en la manga para la edición en DVD y Blu-Ray de la película. En efecto, su versión de más de 3 horas compensaba los vacíos narrativos y ofrecía una progresión más nítida de los acontecimientos aún con sus licencias espacio-temporales plenamente introducidas con conocimiento de causa.

No es habitual que la edición “casera” de una obra merezca tanta observación y alabanza, aunque en este caso Snyder logró compensar su visión total de tan ingente universo, logrando una piedra angular que engarzaba a la perfección a Superman como héroe en solitario (en el primer filme del universo) con el nacimiento de la alianza de superhéroes actual. A la vez, ofrecía una lección de cine megalómano, duro y difícil. Pero todo esto no funcionó en su día. Por ello llegamos a una Liga de la Justicia completamente diferente.

Los opuestos no se atraen

No sabremos nunca hasta qué punto Zack Snyder ha sido esta vez pleno responsable del resultado de la cinta. En primer lugar, Warner no estaba dispuesta a volver a oír los apelativos que se le imputaron a su antecesora, por lo que puso las miras en otro universo mucho más colorista y divertido, el de Los Vengadores de Marvel. No en vano esta vez vemos a Joss Whedon, máximo encargado de este mundo de héroes paralelo, en los títulos de crédito.

En segundo lugar, Snyder, aunque aparece como único director de la obra que hoy nos ocupa, sufrió una hecatombe familiar durante el rodaje de esta cinta. Su hija post-adolescente se suicidó y el realizador decidió abandonar sus obligaciones dejando la dirección en manos precisamente de Whedon, quien terminó todo el rodaje y posterior montaje de la película.

Liga de la Justicia se podría definir casi por oposición a su(s) antecesora(s). Ya no hay rastro de esa oscuridad que lo inundaba todo, tanto a resonancia emocional como física. Tampoco hay rastro del dramatismo trágico y desaforado que azotaba a los personajes. Por supuesto, la consecución argumental ha cambiado y tampoco vemos esas dislocaciones temporales que hacían que la obra fuera un rompecabezas aún con piezas que faltaban y que estaban por venir.

La continuación de las andanzas de Batman, Wonder Woman y compañía se basa única y exclusivamente en hacerlo todo fácil, quizás demasiado fácil. Como si la propia productora entonara el mea culpa por haber hecho un blockbuster tan existencial y grandilocuente. Así las cosas, Liga de la Justicia se ha ido al otro extremo de la balanza y ha roto las cadenas que arrastraba consigo la saga de Snyder.

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La liga de azúcar

Estamos delante de una película facilona, como si estuviera narrada para que niños pequeños la pudieran entender sin problemas. Todo está muy explicado, sin saltos ni concesiones. Este guión totalmente plano también opta por la camaradería más chistosa: frases graciosillas de los personajes, conversaciones de filosofía barata y moralista de libro de bolsillo y una ausencia total de líneas argumentales que despisten del objetivo primordial. Amén de que el metraje ha sido considerablemente reducido y no hay noticias de que haya habido esta vez corte de secuencias enteras.

En dos horas escasas asistimos al nacimiento de esta Liga de la Justicia: durante la primera hora conocemos a los personajes, que, no nos olvidemos, son cinco. Si bien ya conocíamos a Batman y Wonder Woman —con un leve recordatorio de quienes son los dos ya nos basta— ahora toca conocer a The Flash, Aquaman y Cyborg. Su presentación y unión nos ocupa la primera hora de metraje, a la vez que conocemos al villano de turno, Steppenwolf. Y como sabemos si miramos los actores acreditados, Superman también aparecerá de una forma u otra en el desarrollo de esta mancomunidad de súpers.

Con una hora ya llena, el resto de personajes dan un poco lo mismo: Lois Lane aquí ejerce de lo que nunca había hecho antes, de mujer florero. La madre de Superman tampoco resulta aprovechada en ningún pasaje, y Alfred, el fiel sirviente de Batman, pasa más bien a caricatura de sí mismo. Incluso Batman resulta mucho más dulcificado si tenemos en cuenta el personaje descarnado y virulento que conocimos en la anterior entrega.

Hasta que la Liga ya está conformada oficialmente, no ocurre esencialmente “nada” y luego sólo queda idear el plan de ataque y enfrentarse y vencer al villano de turno, en la media hora final, la mejor y más digna de ser mencionada dentro de todo este entuerto mal llevado.

Incluso a nivel estético todo ha cambiado. Aquí todo parece más propio de un videojuego de Final Fantasy que de lo que Snyder nos había ofrecido en los dos primeros jalones de la saga. Colores pastel, escenarios irreales, un exceso de digitalización y efectos CGI que hacen que todo tenga un regusto a falso inundan las secuencias. Estamos ante el reverso de lo que habíamos presenciado hasta ahora de la saga y, desde luego, todo es cuestión de gustos. Pero la esencia de ese cine seco, metafísico y cáustico que se había erigido hasta el momento en esta saga se ha convertido ahora en un carnaval almidonado y acaramelado que no termina de encontrarse.

Escribe Ferran Ramírez


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