Los demás días (3)

  19 Noviembre 2017

El tiempo que vivimos

los-demas-dias-0Uno de los principales problemas de los documentales que tienen la intención de retratar a personas o grupos sociales con problemas es el peligro de caer en el buenismo, el retrato manifiestamente sesgado que hace un flaco favor a su causa.

Los demás días aborda con este riesgo el delicado tema de los profesionales de cuidados paliativos, mostrando su realidad y la de sus pacientes. A pesar de que evita una construcción dirigida a la lágrima fácil, no se libra, sin embargo, de una serie de marcas que configuran un retrato acotado y que no permite ver toda la realidad a la que se acerca.

El documental ha tenido de forma histórica una serie de características que hacen al espectador identificar inmediatamente el género. Esto ha permitido, incluso, aplicar estas características a relatos ficticios, consiguiendo una postiza sensación de verdad (los falsos documentales). Una imagen menos artificial suele ser uno de estos sellos, que lo diferencian de otros estilos cinematográficos que buscan cuidar tanto la forma como el fondo del producto. 

Documental dirigido por Carlos Agulló (Plot for Peace) que reflexiona sobre la vida y la muerte. Su argumento es que la lucha por la vida no debe ser un combate contra la muerte, porque tarde o temprano será una batalla perdida. A través del trabajo del doctor Pablo Iglesias, médico de cuidados paliativos, aprenderemos a ver las cosas de otra manera. No es tanto una cuestión de morir dignamente, sino de vivir bien hasta el último momento. Porque, como la vida vale la pena hasta el último segundo, hay que cuidarla hasta el final.

Los demás días hace notar una preocupación estética constante, con planos cuidadosamente compuestos, iluminados y tratados en postproducción para obtener imágenes que sean reales y bellas. Esto lo aleja de ese otro estilo documental en el que la cámara recoge de forma más orgánica lo que sucede delante de ella, y separa momentáneamente al espectador del relato para fijarse en lo bonito de alguno de sus planos.

Otra peligrosa transgresión es la de algunas escenas dramatizadas de forma clara, aun cuando las personas (o personajes) ahí presentes pretenden realizar actividades de su vida cotidiana. Cualquier parecido con la realidad será, sin embargo, coincidencia, pues en el momento en que existe una cámara todo lo que ocurre delante de ella cambia respecto a su cotidianidad.

La construcción del relato pretende seguir además un estilo narrativo más propio de la ficción. Esto, a pesar de comprimir mucho la realidad y poner el foco donde a su director le ha interesado, dota a la película de un dinamismo excepcional. Las historias de varios pacientes se suceden de forma intercalada y cronológica, y cada escena alberga un sentido propio que hace avanzar el relato. Una escena, una idea, un principio básico de la narrativa cinematográfica.

El otro gran elemento fundamental dentro de un documental es el punto de vista, y es aquí donde una pieza de este género puede ganar o perder el favor de su público (especialmente si es demasiado claro y manifiesto). El director elige contarlo todo desde el punto de vista de los médicos, y en pocos momentos se separa de ellos para unirse únicamente a sus pacientes. De esta forma también hace una clara distinción: de estos médicos sólo muestra el aspecto profesional, y de sus pacientes sólo el personal. Se crea así una simbiosis en la que, sin embargo, acaba echándose en falta enormemente la dimensión personal de los profesionales. De hecho, en las breves pinceladas de la vida fuera del trabajo de su médico protagonista es donde encontramos una mayor empatía con las personas que se dedican a esta difícil tarea.

Con escenas minimalistas pero tremendamente poderosas, especialmente aquellas en la que la música se erige sobre la imagen y la realidad, Los demás días acaba simplemente dejando una sensación de relato constreñido, haciendo que el espectador desee que se le muestre todo lo que rodea a esta profesión en lugar de ahondar y repetir el drama periódico al que sus pacientes se ven sometidos.

Escribe Alberto Pino | Artículo también publicado en Cine Nueva Tribuna

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Los demás días (3)

El tiempo que vivimos

Uno de los principales problemas de los documentales que tienen la intención de retratar a personas o grupos sociales con problemas es el peligro de caer en el buenismo, el retrato manifiestamente sesgado que hace un flaco favor a su causa.

Los demás días aborda con este riesgo el delicado tema de los profesionales de cuidados paliativos, mostrando su realidad y la de sus pacientes. A pesar de que evita una construcción dirigida a la lágrima fácil, no se libra, sin embargo, de una serie de marcas que configuran un retrato acotado y que no permite ver toda la realidad a la que se acerca.

El documental ha tenido de forma histórica una serie de características que hacen al espectador identificar inmediatamente el género. Esto ha permitido, incluso, aplicar estas características a relatos ficticios, consiguiendo una postiza sensación de verdad (los falsos documentales). Una imagen menos artificial suele ser uno de estos sellos, que lo diferencian de otros estilos cinematográficos que buscan cuidar tanto la forma como el fondo del producto. 

Documental dirigido por Carlos Agulló (Plot for Peace) que reflexiona sobre la vida y la muerte. Su argumento es que la lucha por la vida no debe ser un combate contra la muerte, porque tarde o temprano será una batalla perdida. A través del trabajo del doctor Pablo Iglesias, médico de cuidados paliativos, aprenderemos a ver las cosas de otra manera. No es tanto una cuestión de morir dignamente, sino de vivir bien hasta el último momento. Porque, como la vida vale la pena hasta el último segundo, hay que cuidarla hasta el final.

Los demás días hace notar una preocupación estética constante, con planos cuidadosamente compuestos, iluminados y tratados en postproducción para obtener imágenes que sean reales y bellas. Esto lo aleja de ese otro estilo documental en el que la cámara recoge de forma más orgánica lo que sucede delante de ella, y separa momentáneamente al espectador del relato para fijarse en lo bonito de alguno de sus planos.

Otra peligrosa transgresión es la de algunas escenas dramatizadas de forma clara, aun cuando las personas (o personajes) ahí presentes pretenden realizar actividades de su vida cotidiana. Cualquier parecido con la realidad será, sin embargo, coincidencia, pues en el momento en que existe una cámara todo lo que ocurre delante de ella cambia respecto a su cotidianidad.

La construcción del relato pretende seguir además un estilo narrativo más propio de la ficción. Esto, a pesar de comprimir mucho la realidad y poner el foco donde a su director le ha interesado, dota a la película de un dinamismo excepcional. Las historias de varios pacientes se suceden de forma intercalada y cronológica, y cada escena alberga un sentido propio que hace avanzar el relato. Una escena, una idea, un principio básico de la narrativa cinematográfica.

El otro gran elemento fundamental dentro de un documental es el punto de vista, y es aquí donde una pieza de este género puede ganar o perder el favor de su público (especialmente si es demasiado claro y manifiesto). El director elige contarlo todo desde el punto de vista de los médicos, y en pocos momentos se separa de ellos para unirse únicamente a sus pacientes. De esta forma también hace una clara distinción: de estos médicos sólo muestra el aspecto profesional, y de sus pacientes sólo el personal. Se crea así una simbiosis en la que, sin embargo, acaba echándose en falta enormemente la dimensión personal de los profesionales. De hecho, en las breves pinceladas de la vida fuera del trabajo de su médico protagonista es donde encontramos una mayor empatía con las personas que se dedican a esta difícil tarea.

Con escenas minimalistas pero tremendamente poderosas, especialmente aquellas en la que la música se erige sobre la imagen y la realidad, Los demás días acaba simplemente dejando una sensación de relato constreñido, haciendo que el espectador desee que se le muestre todo lo que rodea a esta profesión en lugar de ahondar y repetir el drama periódico al que sus pacientes se ven sometidos.

Escribe Alberto Pino