Alibi.com (3)

  18 Septiembre 2017

Una agencia muy cafre

alibi com-1Atrás quedaron los días en que Philippe Lacheau tenía que convencer a los productores para que trasladaran en imágenes su primer guión de largometraje, Se nos fue de las manos (Babysitting, 2013).

Más de 2 millones de espectadores más tarde, acompañados de una posterior continuación que como no volvió a arrasar en taquilla, la denominada La Bande á Fifi es ahora un valor seguro de la comedia familiar francesa. Este grupo de cómicos que debutaron en televisión y teatro en 2005 está formada por el propio Lacheau (quien ejerce labores de realizador, guionista y actor principal), Tarek Boudali (quien ya prepara su debut en la dirección junto a sus compadres en Épouse moi mon pote) y Julien Arruti.

¿Y cómo han llegado a alcanzar tal grado de reconocimiento y fama? Pues con un tipo de humor de trazo grueso muy pasado de vueltas. En ocasiones recuerdan a los primeros y añorados films de los hermanos Farrelly, sobre todo en lo que concierne a lo irreverente de algunos gags no aptos para todos los públicos, que podría firmar el propio Borat.

Pero así como muchas comedias actuales fracasan por intentar mezclar situaciones jocosas con romanticismo almibarado, aquí lo cafre se impone por goleada, lo que revierte directamente en el sano disfrute de la platea. El mínimo planteamiento argumental, una empresa de servicios engañosos en la que te cubren los vicios sirviéndote las más impensables coartadas, salta por los aires gracias a un alud de situaciones acumulativas que rayan el slapstick en las que el absurdo campa a sus anchas y la carcajada está garantizada.

La película con total seguridad no se va a llevar precisamente un César al mejor guion original, pero tiene los elementos suficientes de diversión y entretenimiento (ojo a las tronchantes referencias cinematográficas, con Star Wars y Jean Claude Van Damme a la cabeza), para que los menos escandalizables se pasen un buen rato en el cine.

Los hacedores de tan descacharrante propuesta han entendido que la clave del asunto estriba en salirse de madre y no dar tregua en cuanto a momentos hilarantes se refiere. Temas tan políticamente correctos como la familia, el maltrato animal o la homosexualidad se tratan de forma descarada y grotesca. Algunos podrán sentenciar que estamos ante una oda al mal gusto, e incluso muchos se santiguarán al ver morreos con ancianas o a un gato mordiendo los testículos de un vengativo gitano, pero para otros supondrá un soplo de aire fresco ante tanto convencionalismo disfrazado de comedia de género.

Sería injusto no destacar la importancia del buen hacer del elenco actoral secundario: una pléyade de buenos intérpretes de dilatada carrera que aquí se desvisten de prejuicios y se lanzan a la aventura del desparrame filmado. El guion tiene el mérito de no abandonarlos a la intemperie y cada personaje tiene su momento de gloria. Tanto unos magníficos Natahlie Baye (nunca estuvo tan divertida) y Didier Bourdon, como la explosiva humorista y presentadora belga Nawell Madani (con un ocurrente y jovial videoclip incluido) muestran su vis más cómica y desvergonzada ante una cámara que no está quieta en ningún instante.

Y por si fuera poco, la cinta viene sazonada con una persecución automovilística digna del mejor Fast and Furious y algunos gags visuales que son del o mejorcito que uno ha podido ver en los últimos años. Lástima que en ocasiones se abuse de lo pueril y algunos pasajes se puedan hacer algo largos y repetitivos, aparte de lo insulso de la actriz protagonista, una Élodie Fontan a la que le cuesta mantener el ritmo alocado de sus compañeros de reparto.

En definitiva, estamos ante un feliz y original descubrimiento blindado en sus múltiples referencias que tan sólo busca y consigue ser un mero entretenimiento sin pretensiones ni ínfulas. Una sucesión de chistes sólidos e inesperados, diálogos eficaces y divertidos, a un ritmo constante pero equilibrado. 

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado inicialmente en Cine Nueva Tribuna

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