Los casos de Victoria (2)

  08 Septiembre 2017

Los efectos buscados

los-casos-de-victoria-1De entrada suponemos que el título original francés (Victoria) ha sido ligeramente modificado en el español para no confundir al respetable con otra reconocida película alemana de mismo título que supuso la presentación a lo grande de la actriz catalana Laia Costa. Los casos de Victoria tuvo el honor de inaugurar la Semana de la Crítica del Festival de Cine de Cannes 2016, lugar donde su directora, Justine Triet, se dio a conocer con su debut en la gran pantalla, la aplaudida La batalla de Solferino.

Presentada como una comedia hilarante, aunque los derroteros vayan luego por otros lados menos complacientes y más melodramáticos, nos hallamos ante una película de visionado bastante agradable, protagonizada por una abogado hiperactiva enfrentada tanto con una pléyade de amantes como con sus clientes (que también pueden ser los dos al mismo tiempo).

Victoria Spick vive rodeada de hombres, aunque de forma paradójica se encuentre en pleno vacío sentimental. Al inicio de la trama acude a una boda donde se encuentra con su amigo Vicent y con Sam, un ex narcotraficante al que ella ha ayudado. Al día siguiente, a Vincent le acusan de intento de asesinato por su compañera. El único testigo de la escena es el perro de la víctima. Victoria acepta a regañadientes defender a Vicent mientras que contrata a Sam de asistente personal. El lío no ha hecho más que empezar. 

Aunque el desarrollo de la trama camine por vericuetos reconocibles, hay que reconocerle a los hacedores del film bastante pericia a la hora de proponer un entretenido relato que se mueve con soltura entre la comedia familiar y las películas de juicios y abogados.

En lo que se refiere al primer apartado casi toda la acción sucede en el piso de la protagonista, un remedo de camarote de los Hermanos Marx donde intenta ejercer de madre ejemplar de dos niñas angelicales entre un número ilimitado de personajes que transitan por el lugar como Pedro por su casa (marido, contactos, clientes, canguros…). 

En cuanto a la peripecia judicial se refiere, existen muchos altibajos debido a la facilidad con la que se pierde el hilo del caso principal. La insistencia de dejar claro que lo público y lo privado forman parte del mismo ámbito desplazan continuamente las expectativas del espectador. A veces, este vaivén agotador conduce a una especie de abstracción, dilatación emocional, casi hipnótica. Un estado de ánimo que es por cierto aludido varias veces en referencia a las drogas: un adivino le dice a la protagonista en su vida sólo ve las drogas, y tiene razón, a pesar de los intentos de Victoria para negar esta evidencia.

Otro de los aspectos más acertados de la película es que se esfuerza sobremanera en no caer nunca en el cliché: habla mucho sobre la sexualidad sin mostrar nada, y desarrolla una sátira inteligente de la pareja y las relaciones íntimas. Los juicios y los debates, que también ocupan una parte importante de las imágenes, están teñidos de un humor surrealista que le sienta muy bien al conjunto. 

Escribe Francisco Nieto | CineNuevaTribuna

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