Tanna (3)

  09 Agosto 2017

Reflejos volcánicos

tanna 0Y no lo decimos, precisamente, por las actividades del interior de la tierra en esta isla del Océano Pacífico, remota y cautivadora, que esconde la raíz milenaria, como no podía ser menos, de ensamblar el paisaje con sus habitantes. Si bien éstos están sujetos, como en todas las sociedades primitivas, a los designios de sus jefes, que intentan mantener, a su manera y siguiendo a sus antecesores, el equilibrio entre las diversas tribus que la habitan.

Teniendo en cuenta que sus directores, Bentley Dean y Martin Butler, provienen del campo documentalista, es suficiente para saber que los reflejos volcánicos, en casi todos los sentidos y similitudes, son de una eficacia y naturalidad que conmueven. Sí, las vicisitudes del amor, de quienes están enamorados, y no pueden manifestarlo ante los demás, crea una angustia que suele liberarse huyendo de quienes no se lo permiten, aún a costa de sus propias vidas.

Como hemos anticipado, y por fortuna se nota, y para bien, Dean y Butler han rodado esta singular película como si de un documental se tratase. Lo que a veces proporciona más emoción de lo que pudiera creerse, que se acrecienta cuando los amantes tienen que recurrir a las proximidades de los volcanes para sentirse seguros, y casi, casi, como amparados.

Esto nos lleva, y perdón por la cita, a una de esas películas que en su estreno casi pasó medio desapercibida, pero que contenía secuencias inolvidables. Una es cuando Dolores del Río se precipita a un volcán en erupción para acabar con sus sufrimientos. Sí, hablamos de Ave del paraíso (King Vidor, 1932) y que en pasión, y hasta en consecuencias humanas, supera a la que nos ocupa.

Y no se trata de comparaciones. Es consignar hechos, lo cual siempre es un beneficio, sobre todo para los espectadores. Tanna rezuma conocimiento del tema que afrontan sus directores; y que en muchas secuencias, lástima no fuesen todas, tienen la osadía de dejar, en nuestra retina imaginativa, la perspectiva de un idílico paraíso que alguna vez pudo existir sobre este planeta que lleva siglos sustentándonos.

Debemos recomendar el visionado de Tanna a todos los públicos; muy especialmente a los incrédulos ante una relación humana que no sigue las reglas establecidas… por quienes sean. La espontaneidad es otra de las cualidades que debemos ir recuperando, sobre todo en arte y sus derivados. No tenemos dudas que de esa manera saldremos beneficiados en todos y cada uno de nuestros sentidos y sentimientos.

Lo dicho, el hecho de que Tanna no sea una obra maestra, no debe restar ningún interés para que disfrutemos de sus propuestas, casi siempre envueltas con reflejos volcánicos y sabias imágenes del mejor cine documental.

Escribe Carlos Losada

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