Prevenge (2)

  04 Agosto 2017

La embarazada mala

prevenge-1Hay películas que atrapan desde la mezcla de géneros. Esa habilidad de directores y guionistas de llevar al espectador por distintas emociones antagónicas, como la comedia y el drama. El riesgo de estas historias es quedar a medio camino entre un género y otro. Esto es lo que ocurre en Prevenge.

Dirigida y protagonizada por la comediante británica Alice Eva Lowe, la cinta queda atrapada en un limbo de comedia y terror. Si bien éste último es el que predomina en toda la trama —una embarazada psicópata que cree que su hijo le ordena asesinatos desde el vientre— hay un intento fallido de gracia que no  termina de cerrar.

Los ingleses tienen una  amplia tradición del mejor humor negro fusionado dentro del género de terror, desde la brillante Zombies Party (2004) de Edgar Wright hasta The Cottage (2008) de Paul  Williams. El problema con Prevenge es que la carcajada, producto de la exageración o del ridículo, nunca  llega a concretarse. 

A pesar de tener guión destacado de diálogos bien armados, la película intenta escapar del lugar común —lo cual es muy bueno—, pero para ello utiliza recursos ya vistos. Los famosos cuchillazos de American Psycho (2000) de Mary Harron vuelven a aparecer con una temática calcada: vengarse de los jefes de compañías multinacionales sin alma, los abusadores, los seguidores de clases de aeróbic y todo aquel que deba ser juzgado por  la mano de Ruth (Lowe), la nueva Patrick Bateman, pero con menos encanto.

Sin embargo no todo es tan malo. Prevenge es una buena sátira de los tiempos que corren. Puede entenderse como una crítica a una sociedad hostil, cuyas empresas no contratan mujeres por temor al embarazo y expulsan al diferente por considerarlo monstruoso. “Una persona amable es tan difícil de encontrar como un unicornio”, dice en un momento la voz en off de la niña en gestación que le ordena a la protagonista matar a los flojos, a los ineptos.

La película no naufraga absolutamente porque sus actuaciones son interesantes. Lowe interpreta con vehemencia a una mujer que está perdida porque lo ha perdido todo. Está bien representado ese odio que la carcome por dentro, en primeros planos de arañas, larvas y bichos similares que provocan el efecto de rechazo de cualquiera que los vea.

A lo largo del filme desfilan distintos personajes que parecen tener menos empatía con los demás que la propia asesina. ¿Quiénes son los verdaderos monstruos?, se pregunta la voz interior de Ruth que avanza en una carnicería planificada.

Detrás del dolor está la venganza. Llevarla a cabo es lo único que importa. La justicia no puede venir de nadie que no sea de sí mismo, parafraseando al comediógrafo latino Plauto: como si el hombre fuese el lobo del hombre. La vida, ubicada entre el nacimiento y la muerte, dura lo que la protagonista decide. A su vez, ella no puede decidir sobre su propio cuerpo que la domina para matar, a pesar de estar a punto de dar vida.

Toda una metáfora de lo ridículo que puede ser vivir, nacer y morir.

Escribe Mariano Cervini

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