LA BANDA NOS VISITA (4)

  20 Abril 2008
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Título original: Bikur Ha-Tizmoret
País, año: Israel - Francia - USA, 2007
Dirección: Eran Kolirin
Producción: Elion Ratzkovsky, Ehud Bleiberg, Yossi Uzrad, Koby Gal-Raday y Guy Jacoel
Guión: Eran Kolirin
Fotografía: Shai Goldman
Música: Habib Shadah
Montaje: Arik Leibovitch
Intérpretes:

Shlomi Avraham,  Saleh Bakri,  Ronit Elkabetz,  Sasson Gabai,  Uri Gavriel,  Imad Jabarin

Duración: 87 minutos
Distribuidora: Manga Films
Estreno: 11 abril 2008

Y en el silencio, se escuchó la nota
Escribe Anaïs Pérez Figueras

“Son deberes del director de una banda llevar el tiempo,
indicar la entrada de los distintos grupos instrumentales,
marcar los acentos dinámicos y llevar a cabo
 cualquier otra instrucción relevante de la partitura.
También son deberes del director coordinar los ensayos
y resolver disputas y desacuerdos entre los músicos”.

labandanosvisita1.jpgCuando la Orquesta Ceremonial de Alejandría (Egipto) llega a su destino, el espectador puede adivinar sin dificultades que no es el que esperaban. Uniformados, impecables, con el brillante sol cayendo sobre sus gorras y arrastrando las maletas e instrumentos con sosiego, comienzan un viaje hacia el delicado silencio de las palabras de la mano de Eran Kolirin.

Un error al elegir el autobús que les debería haber trasladado hasta el lugar donde dar su concierto, les aparca, sin embargo, en medio de un árido desierto de Israel. Desubicados, sin poder ver nada en la lejanía salvo una larga carretera, encuentran por casualidad un pequeño bar-restaurante donde deciden pedir ayuda. Dina, la regente, una de esas mujeres que de un solo vistazo sabes que marcarán un punto y aparte en la película, les informa de las malas noticias: se han confundido de lugar; no podrán coger ningún autobús hasta la mañana siguiente y la única solución que les queda es hacer noche allí y partir al alba.

labandanosvisita2.jpgA partir de ese instante y con un inglés básico donde la dura pronunciación dificulta, en más de un momento, la comunicación entre los ocho músicos egipcios y los tres personajes israelíes,  se construye una trama donde la soledad, la incomprensión y la dulzura tejerán con hilo de seda los más pequeños entresijos de cada personaje.

No hace falta ser un experto en cine para comprobar, pasadas pocas escenas de La banda nos visita, que estamos ante una película social, donde la música es un mero vehículo conductor para exponer cada “drama” personal en escenas impecablemente tratadas. La sutileza y la armonía se observan en momentos que van desde la foto en grupo que se hacen los protagonistas nada más llegar a la estación hasta la canción de amor que el joven músico egipcio le canta a la taquillera a través de un cristal.

La banda nos visita, es, también, al margen de toques de agradable comicidad, una película de tristeza liviana acompañada de ásperas fotografías de Shai Goldman, quien muestra con sus paisajes una realidad tan dura que implica inevitablemente al espectador. Una situación social compleja expuesta con tacto y maestría por Eran Kolirin donde la incomunicación, derivada de la creencia, la indiferencia o la timidez de los actores, genera parte del desconocimiento entre los protagonistas, quienes terminan compartiendo sus secretos con los desconocidos, en vez de con aquellos con los que por cultura, nacionalidad o religión tienen más afinidad.

labandanosvisita3.jpgHablamos, en todo momento, de una  prima que ha sido la triunfadora en el Festival de Tokio y que fue rechazada para optar al Oscar como mejor película de habla no inglesa porque gran parte del filme se desarrolla en este idioma. Sin embargo, no hace falta que los galardones apostillen la inmensidad que la envuelve, porque cualquier espectador con tacto y delicadeza podrá corroborar la belleza de esta película.

He de decir que uno de los grandes secretos de cualquier director de una banda es poder vivir y sentir lo que sus orejas están escuchando, coordinar con las manos las notas convertidas en viento y entregar a su público el mejor de los platos musicales. 

Eran Kolirin no solo alcanza este sueño sino que va más allá: exprime del silencio opaco, bajo el sol abrasador o la más fría noche, la mejor de las melodías, esa que viene de dentro.

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